JOSÉ LUIS MUÑOZ

Arriesgado film el de la directora sueca Ninja Thyberg (Gotemburgo, 1984) que aborda el mundo de la industria pornográfica sin tapujos ni moralismos y lo despoja de la oscuridad con el que se le relaciona habitualmente. La joven sueca Jessica (Sofia Kappel), una casi adolescente que acaba de cumplir los dieciocho años, llega a Los Ángeles, la capital del cine para adultos, con el sueño de convertirse en una estrella del porno y para ello no duda en asumir todas sus imposiciones, algunas de ellas poco agradables y hasta dolorosas. Una temática, la del cine porno, que Paul Thomas Anderson abordaba con menos explicitud en su primera película Boogie Nigths que terminaba como drama y tenía un sesgo moralista que no encontramos en el film de la directora sueca.

Ninja Thyberg, que no elude las secuencias sexuales explícitas, se vuelca en el día a día de esa chica, las amistades que encuentra dentro de esa modalidad de cine y con las que comparte piso, sus sucesivos partenaires de rodaje (algunos más agradables que otros), las relaciones con los productores y agentes no siempre satisfactorias. Abundan rodajes frustrados, porque los actores no dan la talla, o improvisados, porque alguno de los actores falla, fiestas glamurosas en mansiones, presencia en festivales de género. Pleasure desmitifica ese mundo que gira en torno a la excitación masculina, sobre todo, y mueve millones de dólares desde que la industria del porno invadió Internet.

Los dos actores que tienen una escena dura con la joven Jessica (la abofetean y la escupen, previamente a penetrarla) se detienen cuando ven que ella no soporta la situación y pide que pare. Están actuando, le dicen, abrazándola, para a continuación seguir con esa sesión de sado y sumisión. Cuesta aplicar el concepto de actuar cuando todo es tan sumamente físico e invasivo, podrá argüir el espectador de este film.

Ninja Thyberg consigue romper en su película, que parece un documental más que una obra de ficción (el guion es nimio),  los tabúes que giran en torno al porno, presenta a sus actores, que son todos profesionales del género menos la protagonista, como trabajadores que se sirven de sus cuerpos como herramientas laborales, esquiva dilemas morales y hasta feministas e incide en los mecanismos de explotación laboral que se producen en ese sector como en cualquier otro. De manera muy gráfica la directora sueca enseña cómo es el rodaje de estos cortometrajes nada sutiles y de guion tan escaso como la ropa y los desmitifica. No hay placer, el del título Pleasure, sino rutina, en toda esa serie inacabable de actos sexuales en donde hombres y mujeres copulan en directo para que otros se exciten.  Y es un trabajo duro que no todos aguantan.