Pilar M. Manzanares.

Eurídice Cabañes publica Sembrar futuros. Una guía de resistencia para la era del algoritmo, un libro lúcido, necesario y especialmente oportuno que invita a mirar de frente la transformación tecnológica de nuestro mundo. Lejos de caer en el rechazo simplista de la tecnología o en un entusiasmo ingenuo ante sus posibilidades, la autora propone algo mucho más interesante: pensar qué futuro queremos construir y qué herramientas necesitamos para hacerlo posible.

El punto de partida resulta tan cotidiano como revelador. Consumimos fruta estéril, confiamos nuestra memoria a la nube, dejamos que los navegadores decidan nuestros recorridos y permitimos que los algoritmos seleccionen buena parte de aquello que vemos, compramos o incluso deseamos. Son gestos aparentemente inocentes que, observados en conjunto, plantean una pregunta inquietante: ¿hasta qué punto la comodidad tecnológica está modificando nuestra capacidad para decidir por nosotros mismos?

Cabañes desarrolla esta cuestión recorriendo las diferentes capas del capitalismo digital. Desde la extracción de materias primas y el enorme consumo de recursos de los centros de datos hasta la economía de la atención, la explotación de nuestros datos y la creciente capacidad de las grandes compañías tecnológicas para intervenir sobre nuestros hábitos, cuerpos e intimidad. Uno de los grandes méritos del libro es precisamente conectar fenómenos que a menudo contemplamos por separado y mostrar que forman parte de una misma estructura.

Sin embargo, Sembrar futuros no es un libro construido únicamente desde la denuncia. Su propuesta más estimulante aparece cuando la autora busca las grietas por las que pueden surgir alternativas. La tecnología, plantea, no tiene por qué estar necesariamente al servicio de la acumulación, el control o la explotación: también puede orientarse hacia el cuidado, la reparación, la cooperación y la defensa de lo común.

En ese sentido, la obra adquiere una dimensión profundamente política, pero también esperanzadora. Recuperar la memoria, descolonizar el tiempo y cuestionar determinadas formas de dependencia tecnológica aparecen como pasos necesarios para recuperar nuestra capacidad de imaginar otros caminos.

El resultado es una lectura que incomoda, hace pensar y, sobre todo, devuelve margen para la esperanza. Eurídice Cabañes nos recuerda que el futuro tecnológico no está completamente escrito y que todavía podemos intervenir en su diseño.

Sembrar futuros funciona así como una invitación a pasar de la resignación a la acción: no preguntarnos únicamente qué tecnología tendremos mañana, sino qué sociedad queremos sembrar con ella.