JOSÉ LUIS MUÑOZ
Miniserie alemana de dos capítulos, en total algo más de dos horas y media, que muy bien podría ser una película larga la dirigida por Florian Gallenberger (Múnich, 1972), sobre la novela homónima de Siegfried Lenz que es, en esencia, la historia de amor entre un soldado alemán y una partisana que, en vez de matarse se aman, en los campos de Polonia en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial.
Si la primera parte de la serie se centra en los encuentros furtivos entre Walter Proska (Janis Niewöhner), un campesino alemán reclutado como soldado cuando ya se desmorona el III Reich que se integra en un reducido y zarrapastroso destacamento capitaneado por el tiránico y cruel sargento Willi Stehauf (Rainer Bock), y la bella partisana polaca Wanda Zielinski (Malgorzata Mikolajczak), la segunda, con un Walter traidor a su país, que se enrola en las filas del ejercito soviético, narra la búsqueda desesperada de su amante cuyo rastro se ha perdido tras el caos bélico.
Dos partes, las de esta serie, bien diferenciadas pero que encajan a la perfección. La primera, que sigue las convenciones del cine bélico y de aventuras, narra muy bien el día a día de ese grupo militar salvaje e indisciplinado y con los uniformes sucios y destrozados que resisten entre un bosque y un pantano, desconectados de sus unidades, y la segunda se centra en esa posguerra en la que media Alemania cayó bajo la órbita soviética y el protagonista, a pesar de casarse con su compañera de oficina y prófuga del telón de acero Hildegard Roth (Leoni Benesch), no olvida a su querida Wanda.
La película funciona en esa doble vertiente de cine bélico y romántico gracias a actuaciones potentes, como la del siempre eficaz Rainer Bock, un secundario de lujo que hace creíble su papel como sargento tiránico y cruel, y al feeling que hay entre sus dos muy bellos protagonistas: el alemán Janis Niewöhner y la polaca Malgorzata Mikolajczak. Si hay que poner algún reparo a esta serie, es que la partisana siempre destila elegancia extrema, hasta en su vestimenta de batalla, y más parece una modelo que otra cosa.

