Marta Díaz.
Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo, de Maruja Torres, supone una celebrada vuelta a las librerías de una de las voces más reconocibles y personales del periodismo y la literatura española. Tras más de seis décadas observando el mundo, la autora regresa con un libro feroz, divertido y profundamente humano en el que memoria, viajes, actualidad y humor se entrelazan para ofrecer una mirada lúcida sobre un presente lleno de incertidumbres.

Torres recorre buena parte del mundo mientras contempla cómo se tambalean certezas, amistades, ciudades e incluso las palabras con las que intentamos explicar lo que sucede. Por sus páginas desfilan guerras, hoteles, periodistas, antiguos amores, camareros, médicos, taxistas, recuerdos y personajes de todo tipo, además de las inevitables discusiones con su editor y hasta un psicoanalista lacaniano. El resultado es un mosaico vital en el que lo cotidiano adquiere una dimensión literaria gracias a la mirada inconfundible de la autora.
Uno de los grandes aciertos del libro es su equilibrio entre la rabia y la ternura. Maruja Torres no oculta su indignación ante los canallas de siempre ni su desconcierto ante un mundo que parece empeñado en deteriorarse, pero tampoco permite que el desencanto tenga la última palabra. Frente a la oscuridad, reivindica los pequeños placeres, los encuentros, los viajes y esos instantes aparentemente insignificantes que pueden convertirse en refugios imprescindibles.
El humor funciona como una poderosa herramienta para sobrevivir y también como una forma de libertad. La ironía de Torres no busca únicamente provocar la sonrisa: sirve para cuestionar, señalar contradicciones y mantener intacta una mirada crítica que nunca pierde la curiosidad. Incluso cuando aborda el duelo, las decepciones o el paso del tiempo, encuentra un espacio para la belleza y para la celebración de estar vivos.
Hay también en estas páginas una reflexión sobre el propio oficio de mirar y contar. La periodista que durante décadas viajó para narrar el mundo parece viajar ahora para medir sus propios límites y descubrir qué permanece cuando muchas cosas cambian. Y lo que permanece es precisamente esa capacidad de encontrar buenos momentos incluso en circunstancias adversas.
Cuanta más gente me jode, más buenos momentos tengo es, así, un libro vitalista sin ingenuidad, combativo sin perder la ternura y divertido sin dejar de ser profundo. Una obra muy libre en la que Maruja Torres demuestra que conservar el humor, la curiosidad y el deseo de vivir puede ser, en sí mismo, una forma de resistencia.

