Pilar Martínez Manzanares.

Si las hermanas Mitford hubieran vivido en nuestros días, habrían monopolizado las tertulias, incendiado las redes sociales y protagonizado más de una serie de éxito. Había de todo en aquella familia aristocrática inglesa: escritoras, fascistas, comunistas, admiradoras de Hitler, duquesas y espíritus indomables. Un cóctel explosivo servido en bandeja de plata, con modales impecables y consecuencias imprevisibles. Pero Carmen Posadas tiene la inteligencia de no contarnos esta historia desde el lugar más evidente. Su protagonista es Pamela, la hermana que, en principio, menos titulares habría acaparado. Y ahí está la gracia.

Mientras sus hermanas parecían competir por convertirse en protagonistas de la Historia, Pamela prefería el campo, los animales y una existencia alejada de los focos. No necesitaba una ideología que sacudiera Europa ni un matrimonio escandaloso para dar sentido a su vida. Al menos, eso parecía. Porque detrás de aquella discreción había una mujer con sentimientos, deseos y secretos propios. Posadas se agarra a esa aparente insignificancia para ofrecernos una mirada privilegiada sobre una familia que tuvo el extraño talento de convertir sus diferencias en acontecimientos históricos.

Lo extraordinario de las Mitford no es solamente que cada hermana tomara un camino político o vital distinto, sino que esos caminos terminaran enfrentándose en uno de los periodos más terribles del siglo XX. Fascismo, nazismo, comunismo y antifascismo dejaron de ser palabras abstractas cuando se instalaron en la mesa familiar. ¿Cómo se comparte una infancia, se recuerdan las mismas vacaciones y se conserva el cariño cuando las convicciones de unos resultan insoportables para otros? Esa es una de las preguntas que hacen de esta historia mucho más que una galería de aristócratas excéntricos.

También está Tom, el único hermano varón, adorado por sus hermanas y víctima de una guerra que no respetó ni los privilegios ni los apellidos ilustres. Su destino aporta una dimensión trágica a un relato en el que la extravagancia convive con el dolor y la historia colectiva irrumpe brutalmente en la intimidad.

Carmen Posadas demuestra, además, que sabe dónde colocar la cámara. En lugar de competir con el brillo de Nancy, Diana o Unity, imagina las memorias de Pamela y deja que sea esa voz discreta la que ordene el desconcertante rompecabezas familiar. Una elección narrativa tan sugerente como eficaz, porque no siempre hace falta ocupar el centro del escenario para entender la función completa.

Las Mitford tiene el atractivo de las grandes historias reales y el placer añadido de descubrirlas a través de una mirada literaria. Una novela para disfrutar del ingenio de Posadas y recordar que, incluso en las familias más ruidosas, la persona que menos habla puede tener la historia más interesante.