Ricardo Martínez.
En un lenguaje tan sencillo como claro y efectivo la autora propone aquí un acercamiento a la filosofía para alumnos de secundaria que constituye por sí un ejemplo de propuesta inteligente para mentalidades que se han de formar (en filosofía) desde un acercamiento al conocimiento sin equívocos innecesarios, con una argumentación tan llana como eficaz: “Cada vez que abandonamos la idea de objeto, abandonamos todas las sensaciones. Proust solo llega a expresar las sensaciones que le proporciona un cuadro haciendo intervenir otras sensaciones: sed, frescor, etc. Las pinturas bellas nos devuelven el estado en el que están mezclados todos los sentimientos” Y concluye, con precisión didáctica: “Las sensaciones se explican por la idea de objeto. No podemos crear la necesidad con el espacio. La idea de necesidad no puede estar contenida en las sensaciones”.

Tal como había de exponer Kant: “No hay idea sin intención” Y así, partiendo de premisas fácilmente expresables, casi táctiles aunque se trate de un contenido abstracto, la profesora –tan diligente, con tal grado de sensibilidad y conocimiento- va poniendo delante de la atención de los alumnos una especie de diálogo constructivo que no solo contribuye a desarrollar una lógica apropiada sino que agranda la invitación al diálogo, a la comprensión, al entendimiento. Esto es, a discernir, a poder vivir críticamente en el entorno de la realidad en que nos ha tocado vivir.
Ella misma, en su vida –política, social- no ha hecho sino seguir el paradigma de la dialéctica racional para fundar, al final, no solo unos magníficos ejemplos de filosofía, sino para poner de manifiesto con carácter personal una actitud vital, comprometida en el sentido más amplio de la palabra.
Y en esa especie de invitación griega en favor de la curiosidad, del conocimiento y la implicación en la realidad –aquello que nos convoca, que nos conforma- va desgranando cada poco nuevos recursos especulativos: De Descartes, Spinoza y Kant -de extracción filosófica tan varia- dice que tuvieron razón por no introducir la comparación con la realidad, una postura tan arriesgada como prometedora. En suma, propone la profesora Weil: “Descartes, Spinoza: criterio intuitivo. Kant: criterio no intuitivo. Por lo tanto, para hacer lógica, hay que partir de Kant”.
En fin, a modo de un excurso necesario, manifiesta: “Es cierto que creemos haber refutado a alguien diciéndole que se contradice” Es cierto, pero formúlese convenientemente, arguméntese lógicamente. Un contenido así propuesto a unos alumnos ávidos de conocimiento activo en una sociedad que atravesaba momentos trágicamente críticos no menores, supone no solo una invitación a discernir, a conocer, sino a conocerse, fundamento necesario para toda sociedad saludable.

