El arte nace tal vez de manera natural como una descripción o simple representación (Altamira) o recordatorio de escenas y hechos (Homero), pero con un plus añadido, el plus de la belleza: formas y colores, el misterio, la serenidad (Altamira) o la musicalidad del lenguaje y su capacidad dramática, la elocuencia, la rima -tal vez ésta con la intención expresa de ser mejor recordado-, la tensión en la descripción de hechos históricos (Homero)… De este modo, ese plus de la belleza jamás ha abandonado a estas manifestaciones humanas, y así hemos llamado Arte a todo aquello que contenía esa belleza capaz de despertar una emoción ―a lo que por lo mismo se ha llamado emoción estética-, aunque fuera trágica. Ahora al arte se le ha quitado, o se le quiere quitar, ese plus de la emoción estética, con lo cual ya no es un arte y se convierte en pura descripción o pura interpretación de la realidad, sobre todo humana. Y así ya no estamos hablando de arte, sino de otra cosa: antropología, filosofía, sociología, física o teología, pero no Arte.

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 El arte de la escritura, es una combinación que, antes que sobre el espíritu, ha de bordar previamente sobre el logos.

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El estilo es una suerte de evocación que uno hace de su moral/estética y, como en las asíntotas, la práctica tiende a aproximarse a esa moral/estética todo lo posible sin llegar a alcanzarla.

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Prefiero un párrafo de Homero antes que ―pongamos― doce o catorce novelas modernas de buenos y malos, de adulterios, drogadictos, putas y chaperos (es decir, de entretenimiento vacío, que son las novelas que ahora se demandan). Me parece que fue Cioran quien dijo que más sabemos de un desconocido que tiene la pasión por la Música, que de alguien insensible a ella que frecuentamos a diario. Yo llevaría la observación al campo de la Literatura y diría que más sabríamos de un hombre por el tipo de literatura que le gusta…Y, aún más, podría decir que el tipo de lector que se sea depende del tipo de hombre que se sea.

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Arte de la palabra– “Hay individuos que, para hablar bien, necesitan a alguien que sea superior a ellos de un modo claro y patente; otros, en cambio, no son capaces de hacer uso de una entera libertad de palabra y de elocuencia de hermosos giros lingüísticos más que en presencia de personas a quienes dominan” (Nietzsche). Curiosamente, a mí me ocurre que cuando más elocuente me siento es ante un igual…, quizás porque percibo que es el que mejor puede entenderme.

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Hay quienes tienen más ideas que palabras, de manera que las palabras se convierten en un estrechamiento, en una especie de tapón, que bloquea sus ideas… A otros les ocurre lo contrario.

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A veces pienso que mi cabeza está hecha por el lenguaje español ─en particular, por el lenguaje popular español, por el lenguaje de mi pueblo, de mi madre─. Creo que si mi lenguaje hubiera sido otro, por ejemplo el inglés, mi cabeza habría sido otra.

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Creo también a veces que el arte de la escritura no podrá ir más allá de un sucedáneo, un remedo, del mundo de la palabra hablada –eso lo sabían muy bien los Griegos-. Y digo un remedo porque jamás podría imitar el tono, el timbre, el aire, la musicalidad, el dramatismo, el gracejo de las personas…

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“Quien siembra ilusión cosecha sufrimiento” (Elie Ben Gal). Yo diría, sin embargo, que quien siembra ilusión recorta el sufrimiento… Literatura hermosa.