PILAR M. MANZANARES.

Cuando Dan Lyons, exhablador compulsivo, se dio cuenta de que más que hablar daba la brasa su mujer le respondió: «Llevo años diciéndotelo».

Saber escuchar es fisiológicamente difícil. Nuestras cabezas trabajan demasiado deprisa, así que nos concentramos durante un rato, pero luego el inquieto cerebro empieza a divagar. Solo un diez por ciento de la población escucha con eficacia. Lo curioso es que la mayoría también cree que es mejor oyente que la media y que son los demás los que necesitan ayuda.

Cállate nos da pautas acerca de lo que todos necesitamos entrenar: cómo escuchar, respirar y hacer una pausa. ¿Parece sencillo? No lo es, pero aprender a hablar menos, escuchar más y hablar con intención puede hacerte una persona más sana y feliz, afirma Lyons.

Tras tomar conciencia de ser un bocazas, el autor describe su propio viaje para superar su forma compulsiva de hablar. Esto le llevó a escarbar en montañas de investigación y a entrevistar a innumerables expertos, incluidos científicos, historiadores, un exoficial de la CIA y un investigador que ha encontrado conexiones asombrosas que muestran cómo el habla está conectada con nuestro bienestar físico y emocional.

Basándose en esa investigación, el periodista define seis categorías de habladores compulsivos y desarrolla una serie de prácticas para cerrar el pico; ejercicios que mejoraron su vida y sus relaciones y que podrían ayudarnos también a ser grandes oyentes en un tiempo ruidoso.

Se nos ha enseñado a pensar que quienes dicen la última palabra son los que ganan, cuando en realidad son los que saben guardar silencio los que realmente tienen el poder.