Elogio de la calvicie

Elogio de la calvicie. Sinesio de Cirene. Errata Naturae (2008). 64pp. 9,50 euros.

Por Gonzalo M. Barallobre.

No hace falta ser especialmente intuitivo para deducir que Sinesio (370-413 d.C.) debía de ser calvo. Efectivamente, lo era, y vivía con ello de una manera pacífica. Una paz preciosa que vería su fin con la publicación, por parte de un coetáneo suyo llamado Dión, de Elogio a la cabellera. En esta obra, que, por cierto, se conserva gracias a la réplica escrita por Sinesio (cómo son las cosas…), se exaltan los innumerables dones con los que una buena cabellera premia a su portador. No hace falta tener una empatía especial para darse cuenta del enfado del pobre Sinesio. No sólo los dioses le castigan con la calvicie, sino que ahora, además, tiene que convivir con una obra que, al ir de mano en mano, provocará la risa a su paso. La respuesta parece clara: había que escribir una contraobra, un elogio de la calvicie, una defensa implacable para que  todos aquellos que se han tenido que despedir de su pelo, o lo van a tener que hacer en un futuro no muy lejano, no se sientan abandonados e indefensos.

Cuenta Galeno, en su Libro de los abrazos, que ante su calvicie prematura sólo había una frase que le proporcionara cierto consuelo: “si el pelo fuera importante, estaría dentro de la cabeza y no fuera”. Podríamos decir, sin equivocarnos demasiado, que esta frase bien podría ser el hilo argumentativo que atraviesa esta pequeña obra. ¿Pero un libro que tiene como objeto un tema tan poco filosófico puede ser reseñado en la sección de Pensamiento de una revista cultural? La respuesta, para mí, es un sí rotundo y unívoco. Y es que esta obra tiene la virtud de ser una ejercicio intelectual que está al servicio de lo cotidiano, del cuerpo, de la estética (en el sentido más común de la palabra), y que, al mismo tiempo, devuelve una reflexión que llega mucho más lejos, que se clava en el corazón mismo de los estereotipos, defendiendo-y exaltando- la singularidad de cada uno y el abrazo a esa singularidad personal e irrepetible. Contra el canon de belleza establecido por su sociedad, Sinesio, dispara un dardo certero. Y es que, en el fondo, aquí puede estar la apuesta ontológica, Elogio de la calvicie pretende ser una defensa, sincera y lúcida, de la diferencia y, por lo tanto, un manifiesto contra todo intento de reducirla bajo la violencia de lo igual. Una apuesta pre-deleuziana que, por su apariencia de “juguete” intelectual, puede colarse en el corazón mismo de nuestra tradición filosófica y provocar en ella una nueva fisura.

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