El invento de las generaciones

Por Enrique Tillman.

Ahora que casi todo el mundo conoce el nombre y algunos de los excesos de cama de Jaime Gil de Biedma (pregunta retórica: ¿ocurrirá lo mismo con su poesía?), he recordado una expresión suya, “operación de política literaria”, que viene al pelo con todo este asunto de los mejores escritores jóvenes en lengua castellana. No se trata de que el listado de Granta incluya o no a autores con empaque, que es algo posible pero en todo caso irrelevante. Dice por ahí Ignacio Echevarría que “produce bochorno el sólo hecho de dar cuenta de la mecánica tan rudimentaria con que se ha procedido”. Hombre, digo yo que tampoco se trata de arrancarse el cabello. ¿O queda alguien a estas alturas de la película que no entienda cómo funciona el compadreo literario-mercantil? Se me ocurre que es posible que el aludido, en sus críticas a la composición del jurado, esconda un malsano rencor por no haber sido consultado, aunque tan sólo es una especulación. Como me dijo una vez un poeta malhumorado y alcohólico: “Jamás me he presentado a un premio que no supiese con antelación que iba a ganar”. Pues lo mismo con esto.

Donde sí acierta Echevarría es en señalar que “la joven narrativa (…) está a punto de ser vieja” y también en sus críticas al periodismo literario que, como ocurre en los demás sectores, acude a las invenciones de marketing como abejas a la miel, no vaya a ser que se quede un espacio mediático sin rellenar, Dios nos libre.

Pero vayamos a la lista y empecemos por la pregunta más acuciante: ¿quién falta? Porque así, a bote pronto, no parece que la gente de Granta se haya arriesgado mucho con los nombres, la mayoría de los cuales tienen varias obras publicadas y el suficiente apoyo en los círculos de habituales como para no necesitar otro empujoncito más. O preguntémonos también si este grupo siente alguna afinidad, más allá de compartir guïsquis y prestarse el sacapuntas entre ellos. Ya decía el bueno de Jaime (Gil, ¿recuerdan?) que “el sentimiento de grupo uno lo tiene hasta los 30 años” y que después es absurdo. Esta idea de pandilla, de banda, de grupo de jóvenes que simplemente por serlo tiene algo que decir como colectivo es seguramente una tontería. ¿No estamos, acaso, en un mundo fragmentario, en el mundo de lo post? Pues parece que no. Sólo nos falta ya recuperar la idea de Castellet y apurar otra antología de jóvenes poetas antes de Navidad, para que el libro se reparta proporcionalmente ente Santa y el bueno de Baltasar.

Pero se me olvidaba contestar a la pregunta. ¿Que quién falta? Falto yo, claro, y todos mis amigos escritores, que son legión aunque no sepan hacer la “o” con un canuto. ¿Y qué más da? Somos jóvenes y guapos, o lo suficientemente feos como para adoptar la pose del escritor. ¡Ah! Y tenemos un portátil. ¿No basta con eso para ser un joven prometedor?

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