La escurridiza verdad

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La puta y el gigante de Marco Canale

Por Jose Carlos Beas

Foto: Juan Mejía

Foto: Juan Mejía

Teatro Lagrada– Madrid

1, 2, 3 de febrero

A diario nos enfrentamos con qué es verdad y qué no lo es. A diario nos encontramos con noticias o hechos con distintos enfoques, a menudo contradictorios. Por cada estudio que se realiza, de seguro que existen media docena que sotienen la tesis contraria. A nosotros nos corresponde decidir. Encontrar la verdad es un proceso de aprendizaje, un método de ensayo-error donde la confianza juega un papel determinante.

“La puta y el gigante” es un “one man show” del dramaturgo licenciado en la RESAD, Marco Canale. El gigante del título es el poderoso presidente de Colombia Álvaro Uribe, y la puta es el periódico El País que, según Canale, se pone al servicio del mandatario para ocultar y manipular la realidad del país sudamericano.

El autor, armado únicamente de un foco, una botella de agua y la palabra, denuncia desde el escenario vacío lo que el gigante Uribe le está haciendo al país. Pone de manifiesto su mala gestión, las masacres que tanto él como las FARC están cometiendo, y se pone de parte del pueblo, principales víctimas de esta tragedia.

“La palabra está vacía”, afirma Canale en uno de los momentos del espectáculo. Pero en su boca es un arma potente. Con ella consigue momentos de gran lirismo, y algunos verdaderamente estremecedores.

“¡Esta es la verdad! ¡No lo que cuenta El País y sus colaboradores! ¡Creedme!” Grita Canale en su espectáculo. Pero todos sabemos que esto no es más que una de las caras de la moneda. Queda en manos del público la decisión de creerla o no.

Hasta aquí el espectáculo podría haberse convertido en algo meramente panfletario. Lo interesante de esta creación escénica de Marco Canale es su mecanismo, como intenta ganarse nuestra confianza y su reflexión acerca de qué es la verdad.

Además de espectáculo denuncia, se encuadra dentro de las dramaturgias del yo (no en vano Canale estudió con Angélica Liddell) El autor se desnuda en la escena vacía. No hay lugar donde esconder ninguna carta marcada, salvo quizá esa botella de agua siempre presente en la escena. Canale nos habla de su vida, de sus problemas, de sus miedos. Y a la vez, no deja de recordarnos que esto no es más que ficción. Teatro.

Canale nos muestra su mecanismo sin tapujos. Nos muestra el mecanismo por el que las verdades se convierten en mentiras, y viceversa. Nos muestra lo que no nos enseñan nunca los periódicos ni los informativos: nos habla de sus intereses, del proceso de creación, de la necesidad de sacar adelante esta obra. De la necesidad de luchar. De la necesidad de denunciar lo que ocurre.

“¡No les engaño!” Parece decirnos. “Esto es teatro. Ficción. Este que ven aquí no es Marco Canale, sino Marco Canale interpretándose a sí mismo. Ésta es mi ficción y esta es mi verdad. Confíen en mí.” Y el espectador acaba confiando.

Éste es un espectáculo fronterizo que se mueve en la fina línea que separa realidad y ficción. Como el propio Canale afirma “el único lugar donde habita el ser humano es ese abismo que se abre entre lo que desearíamos ser y lo que somos”. No nos queda más remedio que vivir en ese espacio que nos queda entre la verdad y la mentira. La incertidumbre.

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