The Jayhawks, el regreso de la alegre América

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Por Javier Franco.

Siempre es bonito contar como dos amigos vuelven a la patria común después de tantos años separados. En el caso de Gary Louris y Mark Olson, las dos almas detrás de The Jayhawks, el reencuentro tuvo su primer capítulo hace ahora tres años, cuando grabaron Ready For The Flood, un disco a la limón en el que la pareja de guitarristas recuperan el tiempo perdido después de más de una década de caminos paralelos. Y aunque el disco no terminó de cuajar, supuso el primer paso para terminar de convencer a Marc Pelman y Karet Grotberg, los dos músicos que formaron parte de la banda durante su época de mayor esplendor, a que se unieran a esta nueva aventura.

Pero empecemos por el principio. Para quien no tenga el placer de conocerlos, The Jayhawks son una de las bandas que formaron parte de ese movimiento de comienzos de los noventa que los críticos bautizaron como alternative-country, y que, además del combo Louris-Olson, incluía otras formaciones convertidas con los años en referentes del género como Whiskeytown (de la que saldría más tarde Ryan Adams) o Uncle Tupelo (primera formación de Jeff Tweedy, a la postre líder de Wilco, uno de los grupos imprescindibles para entender la música americana de la última década). Dentro de esa amalgama de propuestas que emergían desde el otro lado del Atlántico, The Jayhawks representaban la versión más amable y accesible de Norteamérica con su música de raíces, pero que no renunciaba a la búsqueda de la canción redonda, o lo que es lo mismo, al pop. Empapados como estaban de las armonías de los Beatles, Gary Louris y Mark Olson formarían un dúo compositivo al estilo Lennon/McCartney que daría como fruto clásicos como “Blue” o “Waiting For The Sun”.

Convertidos en grupo de culto con los años, pasaron a engrosar esa lista de clásicos en vida de la que pocos artistas tienen el honor de formar parte. Hasta que hace unos meses deciden dar por concluido su largo paréntesis de quince años y recuperar en directo ese espíritu de la alegre América que tantos buenos momentos les había dado. De esta experiencia en la carretera nace Mockingbird Time, el intento de The Jayhawks por recuperar el tiempo perdido.

 

 

Desde esos violines iniciales de “Hide Your Colors”, la banda pone en marcha la máquina de la memoria para traernos de vuelta los aromas campestres y la orfebrería vocal ‘marca de la casa’. Sin duda, la fórmula del dúo Olson/Louris sigue casi intacta, por lo menos lo suficiente como para provocar dos chispazos en forma de canciones tradicionales, listas para ser radiadas, como “She Walks In So Many Ways” y “Closer To Your Side”.

Sin embargo, hay que admitir que los años no han pasado en balde para la pareja de compositores. Bregados en mil batallas como están, The Jayhawks han sabido salir airosos de los juicios de los más puristas con este Mockingbird Time. Sin ser su mejor disco logran recuperar gran parte del sonido que les hizo ganarse el respeto en el terreno del country-rock hace más de una década, y sin perder por ello la oportunidad de encajar nuevas piezas en su paleta sonora. Si “Tiny Arrows” nos conduce por los territorios pantanosos de la improvisación, “High Water Blues” recupera el sonido más psicodélico de los discos de Gary Louris, “Cinnamon Love” apunta directamente a Neil Young y “Back-Eyed Susan” tiene el sello country-folk inconfundible de Mark Olson. Para redondear el disco, “Guilder Annie” se convierte en el himno por excelencia que trae de vuelta el sonido clásico de The Jayhawks. Como “Hey Mr. Man”, que nos transporta de un plumazo hasta la América de mediados de los sesenta en la que The Byrds coronaban las listas de éxitos.

Si en sus comienzos Roger McGuinn y compañía fueron considerados como “los Beatles americanos”, gracias a su pop bañado de sol y a sus preciosas armonías vocales que recordaban a los de Liverpool, ahora, varias décadas después, cuando nadie en sus sano juicio podría discutir el legado ni de unos ni de otros, nos volvemos a encontrar ante una banda como The Jayhawks, que no renuncia a tomar prestado su sonido de ambos lados del Atlántico con su propuesta de guitarras acústicas y voces a dúo. Bendita nostalgia, que diría aquel.

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