Entrevista a Juan Eslava Galán: “La década que nos dejó sin aliento”

 

Por Benito Garrido.

 

A propósito de su último libro, La década que nos dejó sin aliento (Editorial Planeta, 2011), hemos entrevistado al escritor Juan Eslava Galán.

 

Juan Eslava Galán nació en Arjona (Jaén) en 1948, se licenció en Filología Inglesa por la Universidad de Granada y posteriormente estudió en el Reino Unido.  En 1983 se doctoró en Filosofía y Letras con una tesis sobre historia medieval.  Historiador, ensayista y traductor, ha publicado más de treinta libros, entre los que destacan los ensayos Los templarios y otros enigmas medievales, El fraude de la Sábana Santa y las reliquias de Cristo, Amor y sexo en la antigua Grecia o De la alpargata al seiscientos.  Entre sus novelas destacan: En busca del unicornio (Premio Planeta 1987), Guadalquivir, Catedral, El comedido hidalgo (Premio Ateneo de Sevilla 1991), Señorita (Premio de novela Fernando Lara 1998), La mula (2003) o Rey Lobo (2009).

 

La década que nos dejó sin aliento.  Juan Eslava Galán.  Editorial Planeta, Barcelona 2011.  Ensayo.  528 páginas.  21,50 €

 

Nueva entrega de la más conocida serie histórica de la España del siglo XX, que viene de la mano de uno de los mejores divulgadores de la historia que hay en nuestro país.  Supone la continuación natural de la colección formada por Una historia de la guerra civil que no va a gustar a nadie (2005), Los años del miedo (2008) y De la alpargata al seiscientos (2010).  En esta nueva entrega, el autor recrea la vida cotidiana de los ciudadanos durante los años de la transición democrática.  Un retrato humano de la década más decisiva de la historia contemporánea española.

 

En La década que nos dejó sin aliento el tema son los años comprendidos entre 1973 y 1982: comienza con el asesinato de Carrero Blanco y termina con la primera victoria socialista en unas elecciones generales.  En ese decenio escaso, el pueblo español transita de la dictadura a la democracia tras navegar por los turbios años de la Transición.  Es probablemente la etapa más interesante de nuestra historia reciente, llena de torpes improvisaciones y de pactos contra natura.  Nuevamente, los familiares personajes de la serie (Chato Puertas, don Próculo, la Uruguaya, etc.) nos llevarán de la mano a través de esos años en los que España experimenta una revolución social y política sin precedentes.

 

El autor nos adentra en la historia con amenidad y con abundante y rigurosa documentación que, como quizá es su principal virtud, ni siquiera se nota.  Todos los hitos, todos los hechos, todas las claves de aquella época, que transformó nuestro país para siempre de una forma tan radical como vertiginosa, se desvelan en un torrente de información contrastada, a través de una narración aliñada con un penetrante sentido del humor.  Algo que solo quien lleva tantos años utilizándolo como un maestro es capaz de derrochar.

 

Entrevista:

 

P.- ¿En que momento decide Juan Eslava lanzarse al mundo literario y comenzar a escribir libros?
A escribir ya empecé a hacerlo con trece años.  Pero pensar que yo podía editar, eso se me ocurrió ya como a los treinta.  Tenía escritas quince novelas, y pensé, si los demás publican por qué no yo.  Me presenté primero al Premio Andalucía de Novela, donde quedé finalista; eso me supuso una inyección tremenda de optimismo.  Entonces escribí otra novela para presentarla de nuevo a ese premio, a ver si ahora lo ganaba.  Pero como quedaba mucho tiempo, decidí enviarla al Premio Planeta.  Y a partir de ahí ya, el viento comenzó a venir de popa.  Fue conseguir ese premio, y ya he podido publicar todo lo que he hecho desde entonces.  En busca del unicornio tuvo muy buenas críticas y fue muy bien recibida por todo el mundo.  Este hijo nació con muchísima suerte.

 

P.- ¿Cómo surge la idea de la serie histórica que ahora nos ocupa? ¿Qué es lo que le atrajo?
Mis hijas tuvieron a dos abuelos, uno en cada bando de la contienda civil: uno hizo la guerra con los nacionales y otro con los republicanos.  Las niñas no comprendían muy bien como dos ancianos tan apacibles habían estado pegándose tiros, enfrentados.  Entonces yo les dije, voy a escribir un libro para que lo leáis y os enteréis de lo que pasaba en aquellos momentos.  Según estaba escribiendo y metiendo personajes de ficción, pensé, ¿y por qué no continuar con la trama?  La guerra no acaba con el fin de los tiros, sino que hay también una posguerra, y después…  Y así se ha ido enredando la historia, como cuando sacas cerezas de un cestillo.  Decidí entonces una serie sobre todo el siglo XX, y hasta ahora ya han salido cuatro, y quizás haga tres más.  Hasta la actualidad más una precuela desde la pérdida de las colonias.

 

P.- Su libro es a veces ensayo y a veces novela costumbrista… ¿Cómo lo define usted?
Es como un híbrido, podríamos decir que es un ensayo novelado, o bien que es una novela ensayada (risas).  Cuando yo tenía claros los géneros, si estaba haciendo un ensayo histórico, entonces me apetecía escribir novela, y si estaba haciendo una novela, me apetecía escribir ensayo.  Hasta que un día me salieron las dos cosas al mismo tiempo.  Resultó un producto atractivo para los lectores y me di cuenta que ya podía moverme en ese terreno.  Si es un género nuevo no lo sé, pero sí que es ahí donde me siento cómodo escribiendo, y como también gusta, pues entonces adelante.

 

P.- ¿Ha tenido que romper con muchos tópicos a la hora de escribir este libro?
Según vas investigando y buceando en hemerotecas, vas comparando y vas pensando.  Está claro que entonces algunos tópicos se rompen.  Creo que tenemos idealizada la transición, que realmente fue una transacción, y creo que hay graves vicios en el modo en que se hicieron las cosas en esta transacción, que están determinando nuestro presente.  
Por ponerte un par de ejemplos:
– 1) La ley de reforma política que se ajustó siguiendo la estela del último gobierno libre republicano.  Los vascos y los catalanes ya casi tenían su propio estatuto, y las peticiones seguían ahí vigentes.  Había que darles lo que tuvieran entonces.  Pero como somos una democracia los demás también tienen derecho.  Y de pronto, café para todos: nos vemos con diecisiete gobiernos, diecisiete autonomías, diecisiete cohortes de ministrillos,  que el país no puede económicamente soportar.  Es una cosa mal hecha que viene de entonces, que habría que poner pie en pared y decir a ver por donde salimos.  Habría que imponer el buen juicio, y quizás dar un paso atrás, porque esto a quien perjudica realmente es a los currantes de a pie a la hora de moverse por el territorio nacional.  
– 2) La ley electoral vigente que acabamos de padecer: hicieron un enjuague de la típica ley D’Hondt que en todos los países democráticos había funcionado, pero adaptada a nuestro país.  Resulta que los dos primeros partidos siempre van a estar muy beneficiados, y a partir del tercero todos los partidos de ámbito nacional están muy perjudicados (cómo es que un voto no vale igual que otro).  Y ahora, hay que añadir otra tema: por el modo en que se articuló esa ley, ésta beneficiará a los partidos separatistas.  Si el grupo ganador no tiene mayoría, tendrá que recurrir a esos partidos, los cuales determinarán finalmente lo que se hace a nivel nacional.  Esto es absurdo.  
Hubo cosas como estas dos que se hicieron mal, y que habría que arreglar aunque fuese a costa de reformar la Constitución.

   

P.- Repaso exhaustivo de cada acontecimiento… Pero sobre todo político, ¿no?
En ese momento histórico la política es determinante, es una cuestión vibrante.  Hay navajeo político, compadreo.  Eso hay que reflejarlo, sobre todo porque el español en esos trances está comenzando a interesarse mucho por la política.  Luego ya se desencantó, pero por entonces leía muchísimo sobre el tema y quería estar informado.

 

P.- Siempre he pensado que es difícil provocar la risa, pero usted lo consigue cada dos por tres ¿cómo lo hace?
El libro tiene una carga histórica importante, pero si lo puedes hacer con agrado y con humor, ¿por qué no?  Y eso no desdice que este libro tiene detrás una bibliografía y un trabajo de documentación exhaustivos.  Cuando escribo me gusta pasarlo bien, y eso intento plasmarlo en la escritura.  Aunque estés escribiendo sobre algo que te desagrada profundamente, se puede hacer con cierta socarronería.  Si lo consigo pues miel sobre hojuelas.

 

P.- ¿No teme que el tono utilizado aleje a los lectores que buscan una seriedad histórica?
El lector serio tiene que ver que aquí todo está bien refrendado con notas a pie de página, bibliografía.  Aquí no hay fuegos de artificio, discurre sobre un estudio histórico serio, donde el rigor se mantiene en todo momento.  Así por ejemplo, las fotos que aparecen están totalmente justificadas y dicen mucho.  Y los chistes sobre Franco, o sobre el rey, eran una forma de liberación, lo que se contaba por los mercados, en las barberías, y que no deberíamos dejar que se perdiese.  No todo está en las hemerotecas.

 

P.- ¿Fue la aplastante (en número) clase media española la que posiblemente evitó un nuevo enfrentamiento entre los extremos políticos tras la muerte de Franco?
Sin duda.  Una extensa clase media que sobre todo se ha forjado en los sesenta, y que en cierto modo, está esperando que se muera Franco para ser europeos.  Esa clase media no tiene ninguna educación política, lo único que tienen claro es que quieren ser como el resto de los europeos, y para eso se esfuerzan.  Así les dan una formación a los hijos que posibilite su evolución y mejora.  Si no hubiera sido por ella, muchos hoy empresarios, quizás estarían llevando un tractor.

 

P.- Teníamos tantas ganas de democracia que quizás las primeras elecciones fueron resultado de una indigestión precipitada.
No teníamos experiencia ni los votantes ni los políticos.  La falta de vergüenza que vemos ahora, ya empieza a apuntarse en esta época, y encuentras algún diputado que ve la posibilidad de vivir bien de la política.  Pero es que somos unos pipiolos en el tema, no tenemos un pasado democrático concreto y hay que improvisar muchas cosas.  Al final, creo que todo se improvisó bastante.

 

P.- Conforme voy leyendo, hay momentos que me viene a la cabeza la serie de televisión “Cuéntame como pasó” ¿No ha pensado en escribir guiones?
Escribí el guión de la película “La mula” y ya ves que todo se quedó parado.  Si me vuelven a proponer escribir algo, seguramente lo acepte porque es una cosa que me gusta.  Y además los diálogos se me dan más o menos bien.  Pero bueno, como sigo teniendo muchas ideas de libros, pues con ellos sigo.

 

P.- Los personajes de ficción (Medio Peo, Chato, Paquito, el cura) son cercanos y totalmente reconocibles, nos hacen sentir bien.  ¿Cómo consigue esa empatía?
Pues mira, incluso el más sinvergüenza de los personajes responde a una tradición española, a un tipo que nos lo estamos encontrando todos los días en la escalera o en la calle, que sigue existiendo y ha existido siempre.  De algún modo, el españolito que ha leído y que se fija cuando va por la calle, se encuentra a esos personajes.  O sea, que no es mérito especial.  Esos roles están ahí, en la calle, para que los plagiemos y los llevemos como en este caso, a un libro.

 

P.- ¿Qué es lo que te ha resultado más difícil en la escritura de este libro?
Me tuve que plantear con detenimiento como abordaba la cuestión del 23-F.  De ese hecho tenemos suficientes datos, como para saber que nada es lo que parece.  Me costó trabajo, y me tiré varias semanas viendo como podía hincarle el diente al asunto para poder decir las cosas sin pillarme los dedos.  Hasta que al final decidí que fuesen los dos leones de la puerta del Congreso los que hablaran entre ellos y se lo contasen todo.  En Madrid se les conoce como Malospelos y Benavides, y son ellos los que, de manera sorprendente, se cuentan lo que pasa con el golpe de estado.

 

P.- Eres un prolífico escritor.  Pero ¿cómo lo haces? ¿cuánto tiempo cuesta escribir un libro como este?
No estoy en contra de nada, pero no me gustan el fútbol ni los toros, veo alguna película, veo los telediarios…  El resto del tiempo me dedico a escribir, y además me desvelo muy  temprano.  Soy un escritor full time.
Tardo unos siete u ocho meses en escribir un libro, aunque ya parto de mucha anotaciones y documentación que previamente he estudiado, analizado y guardado en carpetas.  Ten en cuenta que si escribo tres folios diarios (que no es romperse la columna vertebral) serían, haciendo cuentas rápidas, como dos libros al año.  Soy una persona realmente embebida y enviciada en la lectura y en la escritura.

 

P.- ¿Cuál de estos dos mundos le resulta más difícil y complejo: el de la enseñanza o el literario editorial?
En el mundo editorial yo entré por la puerta grande, y afortunadamente no he tenido ningún problema, no me puedo quejar.  Y en cuanto a la enseñanza, es una pena.  Yo he vivido el comienzo del deterioro, y ahora me consta por compañeros que siguen en la brecha, que está deterioradísima.

 

P.- ¿Cuáles han sido tus influencias literarias?
Para hacer este libro he leído lo que está anotado en la bibliografía, aunque eso no lo considero influencias.  Como novelista, me han influido mucho los clásicos.  Sigo leyendo a Cervantes, a Quevedo, a Homero.  Si hablamos de escritores más actuales (no vivos pues eso son simas contra las que no me quiero estrellar), leo mucho a Cunqueiro, a Sender o a Borges, que quizás no son escritores que estén de moda pero que a mí me gustan y leo bastante.

 

P.- ¿Estás ya trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Para cuando Nicholas Wilcox?
Tengo en mente una nueva novela, pero no de Wilcox pues ya sabe todo el mundo que soy yo.  Se trata de una novela histórica que ya está terminada ambientada en el siglo XIII.

 

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