El libro de las transformaciones

Categoría: Críticas,Poesía |

 

DE TI HARÉ UNA RESEÑA SIN VOCALES

 

El libro de las transformaciones

Luis Gámez

 

Aristas Martínez Ediciones

 

Por  Jorge Díaz Martínez

 

Lo primero que llama la atención en este libro es el título. Si uno decide titular su primer poemario de la misma manera que uno de los libros más antiguos e influyentes en la historia de la humanidad, es decir, el I Ching, es de suponer que debe haber una buena razón para ello. Lo segundo son las ilustraciones de Miguel Gómez Losada, auténticas pinturas al óleo reproducidas en papel.  Y lo tercero es el libro mismo, un libro que la mayoría calificaría como metapoesía, inclusive, tal vez –lo ignoro– el propio autor.

 

El poemario resulta, si no otra cosa, al menos sí interesante. Se compone, a grosso modo, digamos, de tres partes –o escenas, como los clásicos-. En la primera de ellas (introducción) encontramos una serie de textos (“poemas”) seguidos de otros textos más largos, de manera que no se sepa si los primeros son resultado de la fragmentación de los segundos o los segundos resultado de la aglutinación de los primeros, y tal vez tampoco importe, pero lo cierto es que se obtiene un efecto de “collage-trailer” muy conseguido, a mi entender. La siguiente parte (nudo) consiste en la disposición gráfica de algunos ¿textos? idénticos a los anteriores, salvo por la ausencia de las vocales o las consonantes, dependiendo del caso, cuyos lugares permanecen en blanco, como butacas vacías. Hasta aquí, resulta evidente el ánimo transgresor y la intención de entroncar con los discursos de las vanguardias clásicas, a veces incluso desde el propio estilo de los versos, algunos de los cuales nos parecen tan castizos como aquellos, lo cual no debería extrañar en un libro que ensalza, entre otras cosas, el plagiarismo y la jubilación del genio individual. La sorpresa, de haberla, residiría –y tampoco- en el hecho de que un autor y un editor decidan re-introducir o retomar un camino que ha sido fuertemente vetado, de manera específica, en los círculos centrales de la poesía española desde hace ya treinta años largos.

 

La última escena (desenlace) consiste  en una serie de pequeños ensayos vehementes sobre algunas aproximaciones poéticas no convencionales. Llegados a este punto, no pude sino recordar una máxima que publiqué en mi blog personal hace unos meses, la siguiente: Si un poema necesita explicaciones, las explicaciones forman parte del poema. Una idea que evidentemente hace referencia al debate sostenido en las últimas décadas dentro de la poesía española en torno a los decretos de inteligibilidad y llaneza propugnados supuestamente en defensa de un hipotético lector estandarizado y torpe. Pero, además, es también una idea que viene al hilo de los puntos de vista de las teorías sistémicas de la literatura y los estudios del campo literario en cuanto a la configuración significativa o funcional de un texto artístico dentro de los circuitos poéticos o culturales. Lo cual viene a significar que una reseña, por ejemplo, de alguna manera, forma parte también del libro al que se refiere.

 

El hecho de asimilar unos textos supuestamente teóricos a otros supuestamente estéticos dentro de una misma supuesta unidad de sentido -el poemario-, o al menos unidad mercantil, tiene mucho que ver con esa inversión jerárquica y fusión de los tipos genéricos tan propia de las primeras vanguardias (aunque, bien es cierto, la tradición de los prólogos –en este caso epílogos- y las poéticas es mucho más amplia que la de los manifiestos) y, como imaginarán, estos brevísimos ensayos esbozan una serie de propuestas que se sustentan sobre aquellas surgidas hace ahora cien años, con las que comparten no solo una concepción que prima la dimensión plástica y fónica del lenguaje por encima de su función referencial a la hora de construir artefactos -significativos o no-, sino también el reconocimiento y la conciencia revulsiva de un sistema cultural jerarquizado al que se aspira a desbaratar. Además, Luis Gámez ha publicado también recientemente un ensayito en Alpha Decay, titulado El arte del ruido, no falto de conexión con estas cuestiones en lo tocante al arte no-canónico.

 

Y por otro lado, hay que entender también estedesplante” en relación al conjunto de críticas que se vienen vertiendo en los últimos años sobre los mecanismos que rigen el circuito poético institucionalizado, de las cuales quizá las más conocidas sean las de Vicente Luis Mora en Singularidades y las de Agustín Fernández Mallo en Postpoesía, aunque no las únicas.

 

Me queda, para concluir, la duda de si esta estética corrosiva no hubiera quedado mejor realizada de otra forma, como, por ejemplo, en el caso de que el autor se hubiera dedicado  a escribir y borrar todo el poemario en la soledad de su escritorio o de su ordenador, una y otra vez, sin entregarlo jamás a la imprenta, en un verdadero acto de arte sin sentido, tal y como dicta una de las propuestas de arte nuevo que se incluyen en estas páginas, en vez de introducirlo en el circuito comercial, aunque sea a través de una editorial independiente, como es Aristas Martínez.  Es decir, uno duda de si la vanguardia es efectivamente, o puede ser, esa revolución de los órdenes que vaya más allá de los ámbitos artísticos hasta reconvertir la propia realidad y la vida, como parece seguir manteniendo Luis Gámez, a juzgar por las citas y discursos que comprenden este libro, o simplemente –se quiera o no- una estética más de entre todas las que pugnan por alzar la voz en el competitivo ambiente literario que todos conocemos. En cualquier caso, yo me alegro de que el autor decidiera por fin entregar su poemario a una editorial, pues es siempre saludable dar con nuevas propuestas que ventilen un poco el enrarecido ambiente poético español de las últimas décadas.

 

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