El Último Jinete: A caballo a través del desierto

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Por Mariano Velasco

Es muy de agradecer que gente de primerísimo nivel como Andrés Vicente Gómez (productor), Ray Loriga (autor del libreto) o Albert Hammond (productor musical) se adentren en un terreno que les es ajeno para aventurarse a crear El Último Jinete, el proyecto español de teatro musical más ambicioso de los últimos años, de manera que contemos al fin en España con un musical original sin versión anterior, obra teatral, discos o película con los que compararlo.

Concebida para ser estrenada primero en Madrid (Teatros del Canal desde el 5 de diciembre) y después en el West End londinense, hablamos de un mega proyecto que surge a raíz de una propuesta del Gobierno saudí a Andrés Vicente Gómez para producir un musical con el caballo árabe como protagonista, entendido este como metáfora -según explica el propio productor- que sirva para expresar los lazos culturales que unen a los pueblos. Se trata , pues, de un producto por encargo con una idea y una financiación que ya no son tan “made in Spain”, lo cual pudiera hacer menguar esa supuesta autenticidad de la que bien presume su equipo creativo.

Un proyecto, en cualquier caso, de elevadas pretensiones y no menos elevado presupuesto -9 millones de euros– al que tal vez se le pueda objetar precisamente eso: cierto exceso de presuntuosidad que le lleva a querer abarcar demasiado, corriendo el consiguiente riesgo de quedarse al final a caballo -valga la expresión- ente lo uno, lo otro y lo de más allá.

El Último Jinete es la historia de un sueño, el de un joven beduino que desea encontrar el caballo más bello, pero es también, o pretende ser, la historia de todos los deseos imaginables de cada uno de nosotros, en definitiva, de la importancia de tener sueños y de luchar para que estos no acaben diluyéndose. Un tan elevado como atractivo planteamiento que acaba perdiendo fuerza a medida que se desarrolla la historia, hasta el punto de que esta se resuelve de manera insulsa, pasando del “todo está acabado” al “todo es posible” en un abrir y cerrar de ojos.

Pero El Último Jinete es también una historia de amor, el que ese mismo joven encuentra en su camino al conocer a una bella dama inglesa de la que se enamora, una relación que pudiera haber sido de amor-odio y de la que cabría esperar mayor visceralidad, pero que se acaba descafeinando por la falta de pasión que el joven beduino parece querer reservarse más para el caballo que para la dama.

Y quiere ser también, El Último Jinete, la historia de la creación de un reino, pero el contexto histórico queda solo sugerido en el camino del personaje desde Oriente hasta Occidente, del desierto al Londres victoriano pasando por El Cairo, diluyéndose la magia de la grandiosa aventura entre el discurrir de las diferentes etapas.

El Último Jinete puede ser también concebido como espectáculo para todos los públicos al más puro estilo Disney, con sus camellos danzantes y sus langostas parlanchinas tratando de dar la réplica al personaje principal como lo harían Timón y Pumba en El Rey León o el cangrejo Sebastián en La Sirenita, aunque casi siempre con menos chispa y gracia de la que cabría esperar.

Puede presumir El Último Jinete de haber sabido utilizar ingredientes propios de las películas de espadachines a lo Errol Flynn y de ofrecer alguna que otra batalla, como la última, que brilla a extraordinario nivel. No obstante, las hay menos afortunadas e incluso se deja ver alguna de esas estocadas en el sobaco que todos los que de pequeños hayamos jugado con espadas habremos practicado para simular el trágico final.

Por lo demás, hablamos de un producto muy correcto, con vistosos números musicales y espectaculares coreografías, con eficaces cambios rotatorios de escenario, con un más que llamativo vestuario (especialmente el del Londres victoriano), con excelentes voces no sólo en sus tres protagonistas, sino también en muchos otros secundarios, con efectos visuales utilizados en su justa medida y con una muy acertada apuesta desde el punto de vista estético para representar la figura del caballo en el escenario sin recurrir a la utilización de animales.

Durante la rueda de prensa de su presentación en Madrid, Ray Loriga, autor del libreto, explicaba que hacer un musical es como preparar una buena ensalada, que hay que ponerle algo verde, algo crujiente, el aliño, mezclar los ingredientes y.. ¡voilà! Aquí, como vemos, los ingrediente son muchos y muy variados, tal vez incluso demasiados,  pero al final se echa en falta en la ensalada aquel condimento que la hubiera podido convertir en un plato verdaderamente exquisito: una fuerte sobredosis de emoción.

 

El Último Jinete

Producción: Andrés Vicente Gómez

Dirección: Víctor Conde

Libreto: Ray Loriga

Música: Albert Hammond, John Cameron, Barry Mason

Vestuario: Ivonne Blake

Intérpretes: Miquel Fernández, Julia Möller, Marta Ribera, Toni Viñals, Carlos Solano, Guido Balzaretti, Leo Rivera, Víctor González, Elena Medina

Lugar: Teatros del Canal

Fechas: Del 5 de diciembre al 6 de enero de 2013

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