Adiós a Stéphane Hessel, autor de “¡Indignaos!”

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hesselEsta pasada madrugada ha muerto el escritor y pensador Stéphane Hessel. Tenía 95 años de edad y estaba considerado el autor que, con su libro ¡Indignaos!, dio origen al nombre de uno de los movimientos ciudadanos más importantes de los últimos años, el de los indignados, algo que le recuperó para una vida pública mucho más cerca de todos los jóvenes que comulgaron con sus ideas.

 

Stéphane Hessel (Berlín, 1917-París, 2013), el diplomático germano-francés que dio nombre a la indignación, tuvo como padres a dos espíritus libres, el escritor de origen judío Franz Hessel y la pintora Helen Grund, que formaron con Henri-Pierre Roché el célebre trío que retrató Truffaut en Jules y Jim. Creció y se formó en París, desde donde, en 1941, viajó a Londres para unirse a la Resistencia del general De Gaulle contra la invasión nazi. Detenido y brutalmente interrogado por la Gestapo, fue deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde logró salir tras intercambiar la identidad con un preso ya fallecido. Tras la segunda guerra mundial participó en la redacción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Su carrera diplomática le llevó a la Indochina francesa, Argel, Ginebra, y a asumir tareas de mediador en situaciones extremas, como en Burundi en 1994, en vísperas del genocidio en la vecina Ruanda. Una dilatada labor reconocida en 1981 con la dignidad de embajador de Francia.

 

En sus últimos años alcanzó la fama internacional gracias a ¡Indignaos! (2011), un libro que canalizó el sentimiento popular y cuyo legado aún perdura. Entre sus obras están también ¡Comprometeos! (2011), las memorias Mi baile con el siglo (2011) y, junto al filósofo Edgar Morin, El camino de la esperanza (2012).

 

indignaos¡Indignaos! se convirtió en un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección política «Si mi libro ha inspirado la movilización en España estoy contento de haber contribuido a generar una actitud de protesta, siempre que sea pacífica.»

 

Cuando alguien como Stéphane Hessel llama a la «insurrección pacífica», a desperezarse, a rebelarse, hay que escucharlo. Cuando reclama «un motivo de indignación» para todos hay que hacerle caso. Porque «las razones para indignarse pueden parecer hoy menos nítidas o el mundo demasiado complejo», pero siguen ahí, en la dictadura de los mercados, en el trato a los inmigrantes, a las minorías étnicas. «Buscad y encontraréis», nos dice, «coged el relevo, ¡indignaos!», porque «la peor actitud es la indiferencia. Si os comportáis así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue».

 

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