El infinito viajar de Sandra Barneda y su Reír al viento: Crónica previa a la entrevista

 

Por Anna Maria Iglesia

@AnnaMIglesia

 No eran desconocidas aquellas mesas, entorno a ellas había transcurrido muchas horas. Allí había descubierto a Juan Benet, a Georges Perec, a Joseph Roth y a tantos otros autores cuyas obras son hoy tan familiares como aquellas mesas de la cafetería de la librería Laie. Hoy, tiempo después, regreso a esa misma cafetería; es abril y el calor se hace sentir en pleno Eixample barcelonés. Los turistas ya pasean sus bermudas y sus camisetas de tirantes por Paseo de Gracia, las gafas de sol, cuan más grandes mejor, esconden la mirada curiosa de todos aquellos que admiran, agolpados, la Casa Batlló. Los barceloneses parecen no advertir el cambio, siguen con su rutina; entre tanta gente, me apresuro a llegar a la librería Laie. Tengo tiempo, pero me gusta llegar con antelación, tantear el escenario y repasar una y otra vez los apuntes para la entrevista. No hay mejor sitio que una librería para entrevista a un escritor, entre libros siempre se conversa mejor. En la terraza de la cafetería espero a la protagonista; su libro, su primera novela, Reír al viento reposa sobre la mesa redonda. Aunque intento leer, no puedo dejar de controlar a cada instante si su autora, Sandra Barneda, entra por la puerta. La televisión es poderosa, los rostros son tan familiares como desconocidos, una proximidad distante se instaura entre el espectador y el presentador. Muy diferente es la relación que se produce a lo largo de la lectura; con Reír al viento el lector se olvida de su autora, olvida el rostro de la presentadora de El gran debate para sumergirse en un viaje geográfico, pero sobre todo emocional y vital. Barneda consigue que a lo largo de las páginas de su novela, Alex sea la única protagonista: se trata de su mirada, de su relato, de sus experiencias. Reír al viento es el resultado de un proceso de solitaria escritura durante dos largos años en los que Sandra Barneda se ha convertido en escritora. ¿Qué hay de la periodista en la novela? Mucho y nada. Buscar rastros de su autora no merece la pena, la crítica literaria nos ha enseñado que el autor siempre está ausente y, precisamente, en su ausencia nacen y viven los personajes: un mundo de ficción se hace posible a lo largo de la lectura.

portada-reir-viento_medSandra Barneda no tarda en llegar, maleta en mano. Es un día de entrevistas; la entrevistadora se convierte en entrevistada. Las preguntas que he preparado giran entorno a la novela, pero es imposible huir de las alusiones a la profesión de periodista y al mundo de la televisión. “Vengo a hablar de mi libro”, dijo en su día un irritado Francisco Umbral; Sandra, por lo contrario, se muestra amable, cercana. Dos bebidas y unas aceitunas acompañan la entrevista, una conversación de tres cuartos de hora en la que no sólo se descubre a la autora de Reír al viento, no sólo se descubre a la presentadora, pues,  a lo largo de la conversación va apareciendo la persona. Hablamos de la novela y de sus personajes; de la necesidad de encontrarse, de ese viaje constante hacia uno mismo, un viaje que traspasa ese reflejo que el espejo nos impone. A través del viaje a Bali, Barneda convierte la geografía de ese remoto país en un mapa donde los protagonistas se pierden, donde necesitan perderse para encontrarse.  Vivir es una forma de errar, en su doble acepción: los errores conforman el vagabundeo, y no hay nada de malo en ello. La perdiodista y escritora se muestra condescendiente con sus personajes, los comprende porque no los juzga. Mientras habla de las mujeres sobre las que ha escrito, Barneda aboga por una relación más condescendiente con nosotros mismos y con los demás. No tenemos que convertirnos en nuestros enemigos, me comenta, mejor que seamos nuestros propios compañeros; no es tarea fácil, se trata, añade entre aceitunas, de aceptarnos en nuestras contradicciones, aceptar lo bueno y lo malo, la luz y las sombras que inevitablemente nos conforman. Nos exigimos demasiado y exigimos demasiado a los otros; la crítica, convertida, en demasiadas ocasiones, en escarnio público, en mera ofensa, domina nuestro tiempo. Olvidamos el valor de las palabras, comenta Barneda; las palabras pueden convertirse en la peor de las armas; los periodistas son, en parte responsable de ello, pero no son sólo ellos los responsables, los somos todos. Olvidando el significado de las palabras, éstas se convierten en piedras arrojadizas. Sandra se muestra consciente de ello, como periodista no es ajena a ello, pero, como escritora, sabe que la escritura sigue siendo la manera de rescatar aquellas palabras y así devolverles su significado, dotalarlas de nuevos matices.

Con la lectura cobra vida el libro; Reír al viento ya viaja sólo entre los lectores. Ahora está en manos de sus lectores perderse entre sus páginas. Sandra Barneda lo ha escrito, lo ha conducido hasta aquí, hasta el puerto de partida, ahora, pertenece a los lectores. A través de las páginas de la novela se despliegan diferentes viajes, cada lector encontrará una ruta diferente; cada lector, como cada personaje, encontrará un mapa y un paisaje diferente. En la aceptación de esta diferencia está el sentido último del individuo. En su novela, Sandra Barneda critica los prejuicios que impiden a cada uno ser cómo quiere ser; critica los prejuicios sociales que censuran, los prejuicios que atrapan a las personas en una jaula de la que parece no haber salida. Es necesario abrir las puertas de esa jaula para conquistar la libertad de buscarse, sin coartar la libertad del otro. Es necesario hacernos compañeros de nosotros mismos, insiste Sandra, pero también de los otros. Se trata, en definitiva, de aprender a convivir y a no temer “el qué dirán”, pues nada hay más cruel que privar de la libertad de ser quién se es.

Errar, vagabundear, perderse… comenzar un viaje que, como dice la autora de la novela, nunca termina: no importa llegar a destino, sino caminar. Reír al viento se convierte en metáfora de este recorrido, en metáfora de este viaje. “Camino se hace al andar”, cantaba Antonio Machado y en este camino de errancia Sandra Barneda encuentra la libertad. Viajar, perder países, escribía Enrique Vila-Matas citando a Pessoa; no se encontraron los versos del poeta portugués, ellos también se perdieron junto a esos países a lo largo de un viaje que comienza con la lectura, con la aventura de leer Reír al viento

Entrevista a Sandra Barneda

https://www.culturamas.es/blog/2013/04/17/entrevista-a-sandra-barneda-lo-importante-es-el-camino-no-la-meta/

 

 

 

 

 

 

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2 respuestas a El infinito viajar de Sandra Barneda y su Reír al viento: Crónica previa a la entrevista

  1. Muchas gracias por el artículo. La verdad es que me han hablado muy bien de este libro, así que creo que me lo compraré en Casa del Libro para juzgar por mi misma, que además siempre tienen ofertas como esta: http://bit.ly/5casadellibro Un saludo.

    Carla
    8 mayo 2013 at 16:38 pm

  2. Muchas gracias a tí por leer el artículo!

    annamaria
    9 mayo 2013 at 20:41 pm

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