Lluís Homar y Josep Maria Pou en Tierra de nadie, de Harold Pinter

Por Horacio Otheguy Riveira

Una de las obras mayores de Harold Pinter con personajes enigmáticos que hablan constantemente sin entenderse, en busca de alguna clase de destino.

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Un destino mayor que el que les ha tocado en suerte, aunque ellos se sientan fuera de ese planeta lluvioso que ven a través de la ventana: Londres, años 70. Encerrados en una lujosa vivienda bien provista de bebidas no entienden otra cosa que el vaivén de las palabras en un lenguaje poético, chispeante, ingenioso, hipócrita, ridículo, fastuoso, fascinante, recorriendo una amalgama de sensaciones.

Y uno se pregunta: ¿de verdad estos tipos fueron amigos? No parece que ni se hayan conocido. Es un encuentro sólo posible gracias al alcohol que baña —sin misericordia— al rico dueño de casa. Spooner es el forastero con su traje raído, el poeta y el padre de familia, que de pronto parece que es un solitario sin familia y ofrece sus servicios a Hirst, exitoso hombre de letras que no para de beber, y cuando está lúcido arremete como un general fuera de combate, consciente de que es incapaz de escribir el ensayo comprometido.

 Podría incluso mostrarle mi álbum de fotografías. Podría incluso suceder que viera en él algún rostro que le recordara el suyo, lo que antes había sido. Podría ocurrir que viera rostros de otros, en la sombra, o mejillas de otros, dándose la vuelta, o mandíbulas, o nucas. U ojos oscuros bajo sombreros, que podrían recordarle a otras personas que había conocido, que creía habían fallecido hace mucho tiempo. Pero de las cuales aún recibirá una mirada de reojo, si sabe enfrentarse al fantasma bueno. Acepte el amor del fantasma bueno. Ellos poseen toda aquella emoción…

 Londres bañado en nostalgia y alcohol

  Oscuridad, humor, desgarro, y una poética teatral que atrapa desde el primer momento, siempre y cuando el espectador no espere una representación tradicional. Los personajes son londinenses tratando de encontrar la salida de una calle enrevesada con múltiples direcciones únicas: Balsover Street, realidad y ficción entremezcladas con mucha imaginación.

 Puede que el espectador conozca muy bien Londres y comprenda el palpitante corazón de la función, pero en realidad nada de eso es necesario: se trata de dos hombres que se despojan de raíces y se destruyen bebiendo y hablando de esa ciudad increíblemente teatral que soportó los bombardeos más feroces y resucitó de sus propias cenizas.

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Poco después de estrenar esta obra, Harold Pinter (también escritor de ensayos, prosa, poesía, y guiones de radio y de cine) dirigió Final de partida, de Samuel Beckett, otro Premio Nobel (1969) que recibió el galardón a regañadientes, sin ánimo de salir de los sótanos y las cárceles donde se representaban sus piezas: en esa obra también se habla sin parar en un incesante viaje hacia la destrucción. Beckett-Pinter, extraña pareja. Un autor que le ha influido profundamente, y que aquí da su propia versión de aquel estilo donde el lenguaje tiene especial protagonismo.

 Conviene ir a este Matadero predispuesto a dejarse atrapar por el magnetismo de las palabras y a dejarse abandonar al vacío de nuestro tiempo, a la guerra pertinaz del dominio de los fuertes sobre los débiles, la fortaleza del dinero, la debilidad que cada uno sea capaz de asumir.

… Quítese el sombrero ante los muertos. No le quepa la menor duda de que eso no los liberará, pero quién sabe… qué alivio… les dé quizás… quién sabe cómo pueden reanimarse… en sus cadenas, en sus jarrones de cristal. ¿Le parece cruel… apremiarlos cuando están sujetos, encarcelados? No… no. Profundamente desean responder a su tacto, a su mirada, y cuando usted sonríe, su alegría… es ilimitada. Y por eso le digo: tratemos a los muertos con la misma ternura con la que querríamos ser tratados, ahora mismo, en lo que describiríamos como nuestra vida.

 

Las citas que aquí se trascriben son palabras que se dicen en escena, y que Harold Pinter (1930-2008) pidió que se dijeran en voz alta en su funeral, ese inquietante lugar al que al fin llegó después de dar tantas vueltas como estos personajes que interpretan Lluís Homar y Josep Maria Pou con una prolijidad dramática, con un despliegue de recursos físicos y emocionales maravillosamente pinterianos: un género teatral donde el subtexto y la contención expresan vertiginosas pasiones que sólo se mencionan para que el lenguaje nos devuelva la última aventura de una sociedad que parece encaprichada en destruirse a sí misma.

 Al frente: Xavier Albertí, un director catalán que de tanto en tanto pasa por Madrid para asombrarnos. Así fue con el primer cabaret del Teatro-Circo Price donde se unieron acróbatas y trapecistas con una bailarina de strip-tease que acababa desnuda en una gran copa de champagne, y Ángel Pavlovsky haciendo de “sí misma” y de su propia madre. O en el Teatro de la Zarzuela, responsable de la puesta en escena de la ópera Yo, Dalí, o también en el otro extremo, el del teatro negro intimista de Benet i Jornet: Sótano, con Ramón Langa e Israel Elejalde… Un gran director catalán que hoy es a su vez el director artístico del Teatre Nacional de Catalunya, donde se estrenó esta Tierra de nadie, ese lugar que militarmente se desenvuelve entre trincheras, sin que ninguno de los bandos pueda avanzar y derrotar al otro.

 Una puesta en escena en la que el silencio del que escucha tiene tanta importancia como la voz del que habla, en la que los pequeños gestos (como el magistral momento de la toma de un desayuno, mientras otro dice un texto que le agobia) tienen la misma trascendencia que el devenir filosófico de las frases más profundas…

 Junto a los protagonistas, dos actores de reparto que han de lidiar con personajes a la sombra, los sirvientes que se odian y se respetan a partes iguales. Los actores David Selvas y Ramón Pujol brindan una categoría plástica y rítmica a la altura de las circunstancias dentro de una producción de exquisitas posibilidades en la escenografía, la iluminación y el muy significativo vestuario.

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Spooner (Lluís Homar): Lo único que nos queda es el lenguaje. ¿Estamos aún a tiempo de salvarlo?

 Hirst (Josep Maria Pou): ¿Qué me está usted preguntando? ¿De qué depende la salvación del lenguaje? (Pausa) La salvación del lenguaje depende de usted.

 Como curiosidad, es muy interesante la versión cinematográfica de esta obra, realizada en 1978:

Tierra de nadie

Autor: Harold Pinter.

Traductor: Joan Sellent.

Director: Xavier Albertí.

Ayudante de dirección: Albert Arribas.

Intérpretes: Lluís Homar, Josep Maria Pou, Ramon Pujol, David Selvas.

Escenografía: Lluc Castells.

Vestuario: María Araujo.

Iluminación: David Bofarull.

Lugar: Matadero-Naves del Español. Sala 1.

Fechas: Del 15 de enero al 2 de febrero.

 

 

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