Cuestionario literario: Lawrence Schimel

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barbaNo sabemos si será la primera vez, pero de lo que no cabe duda es que no podemos iniciar esta presentación de Lawrence Schimel sin disculparnos ante los lectores y ante el propio autor. Y es que esta será una introducción menguada, insuficiente, pero ¿cómo resumir en pocas líneas la carrera literaria de este escritor neoyorquino afincado en Madrid que tiene a sus espaldas más de cien títulos? Poesía, relato, libro infantil y ahora microrrelato, en Schimel los géneros se ponen al servicio de la historia y sus personajes. De ahí que no haya etiquetas para Schimel o, mejor dicho, que la única etiqueta válida sea la de autor, palabra que reúne en sí misma todas las expresiones artísticas y literarias. Y hablamos de expresiones artísticas porque la obra de este autor ha trascendido el mero ámbito literario puesto que su último trabajo Una barba para dos ha dado pie a una exposición colectiva (en Factoria Arte, Madrid, hasta el domingo 14) en la que participan 16 distintos artistas, todos ellos provenientes de disciplinas distintas. Publicado en la editorial madrileña Dos Bigotes, cuyas últimas publicaciones –El cielo en movimiento y Ábreme con cuidado– destacan sea por la calidad literaria de las mismas sea por el interés socio-cultural que despiertan, Una barba para dos es un libro de microrrelatos en los que volvemos a encontrar los temas vertebradores de la obra de Lawrence Schimel: el erotismo, el deseo, satisfecho y frustrado, lo sexual, como pulsión, como deseo, como expresión y revelación de uno mismo. Una barba para dos podría resumirse como historias de  “las relaciones sexuales en la época del Grindr”, los microrrelatos trascienden el contexto presente para convertirse en una exploración acerca de la sexualidad, en todas sus expresiones, en un tiempo en el que el contacto físico, paradójicamente, se ha mermado. En la sociedad de un individualismo convertido en aislamiento y soledad, Grindr no sólo se convierte el modo de suplir esa soledad –física y emocional- a la que uno parece estar condenado, sino en expresión del frenesí y del deseo difícilmente saciable, de ese deseo de contacto y de tacto, de (inter)penetración con el otro. Como recordaba, el propio Schimel, el autor y dramaturgo Tony Kushner, de quien nunca está de más recomendar una vez más su espléndida obra teatral Angels in America,  sostenía que “uno puede tener sexo y no revelar nada de uno mismo”, pero que es imposible “escribir sobre el sexo sin revelar todo sobre uno mismo”. No sabemos cuánto hay de Schimel en estos microrrelatos, pero de lo que no hay duda es que el sexo, entendido no sólo acto, sino como deseo y también frustración –el sexo que no llega a consumarse-, es el mecanismo a través del cual los personajes se revelan, se revelan ante sí mismos y ante el otro, se descubren así a los lectores. Como ya había hecho en sus obras anteriores, Schimel pone el foco en la sexualidad entendida socialmente como algo perteneciente a la esfera de la intimidad para llevarla al ámbito de lo social y de lo público, para observar cómo las relaciones eróticas son el punto de interjección entre lo íntimo de cada uno y lo social, entre lo que el sujeto es y aquello que la sociedad, con sus pautas y sus (pre)juicios, impone. En este sentido, como en todos los libros publicados por Dos Bigotes, de ahí el interés del proyecto editorial de Gonzalo Izquierdo y Alberto Rodríguez, apelan, desde la temática LGTB, a todo tipo de público lector. Y es que en las relaciones homoeróticas plasmadas en Una barba para dos, Schimel apela a la identificación del lector: “Creo que hay hombres (que se autoidentifican como gays o heterosexuales) que no se identificarán en absoluto con ninguno de las historias del libro, y mujeres (de cualquier orientación) que sí encuentran morbo en éstas historias”, apuntaba el autor en una entrevista, subrayando el hecho “es probable que, aún hoy, haya más en común en el impulso del deseo masculino, entre homosexuales y heterosexuales, aunque difieren en el objeto deseado, que entre gays y lesbianas”. Sin embargo, más allá de las diferencias o los puntos en común, el deseo erótico, más allá de su expresión, nos acomuna a todos, pues lo único que cambia es el objeto de deseo, pero no los impulsos, los anhelos y las frustraciones que hay tras él. Ante la ley del deseo, todos somos iguales.

schimel

 

¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?

No lo consigo, ni de cerca, pero imagino que sería el desapego total. Mientras tanto, mis sueños avariciosos son bastante simples: tener una biblioteca como la de Alberto Manguel.

¿Cuál es su gran miedo?

Que un autor/artista me pregunta directamente si me ha gustado su última obra.

¿Cuál considera que es la virtud más sobrevalorada?

El multitasking y tener la agenda a tope (que son dos pero van de la mano): hoy en día está de moda estar siempre tan ajetreado y con tantos compromisos que no queda tiempo para nada, ni para disfrutar las cosas buenas. Y aburrirse despierta la imaginación y la fantasía.

¿En qué ocasiones recurre a la mentira? (en el caso que confiese mentir)

Cada vez que alguien me pregunta “¿Qué tal?” sin importarle la respuesta. Los buenos pero vacíos modales.

¿Se muerde la lengua antes de expresar determinadas opiniones por temor al qué dirán?

En general soy evitador de conflictos, y me callo mucho más cuando decido que no merece la pena discutir con alguien en concreto, etc. Prefiero guardar mis fuerzas para las batallas que yo decido sean importantes.

¿Cuándo fue la última vez que tuiteó o publicó algún comentario en las redes sociales con plena libertad?

La Ley Mordaza me prohíbe contestar a ésta pregunta.

¿Qué es para usted la libertad?

Como el lenguaje mismo condiciona tanto nuestro pensamiento, tendría que ser vivir en una sociedad que habla y piensa en un lenguaje utópico sin la misogínia, heterosexismo, racismo, religiofobia, etc. que nos empanaten.

¿Siente el ser una persona reconocida públicamente le resta libertad con respecto a la persona anónima?

Yo intento vivir con integridad y coherencia, tanto en público como en privado. A final del día, acompañado o no, uno se acuesta con la conciencia propia…

¿Hablar y expresar públicamente opiniones políticas o silenciarlas?

Silencio = Muerte

¿Activismo público o compromiso privado?

No son incompatibles, y los dos son necesarios.

¿Informarse o ser informado?

Siempre me preguntan si ya he leído todos los libros que tengo (sin mencionar los que me gustaría tener), pero una biblioteca no es para leerse entera, sino para consultarse. Y es importante saber cómo informarse, como sopesar la validez y fiabilidad de unas fuentes u otros. Hay una cita de Neil Gaiman: “Google puede devolverte 100,000 respuestas, un bibliotecario puede devolverte la correcta.”

¿Qué es para usted y qué valor tiene la información?

Creo en la información, como ideal, aunque el mundo actual es tan corrupto y nuestro acceso a la información está tan distorsionado, muchas veces no podemos escuchar (o leer) más que ruido blanco (cuando no sea pura disonancia).

barba 1La cultura, ¿cuestión de esnobismo o conocimiento transversal?

Yo siempre abogo por la transversalidad y la contaminción cruzada (de culturas, pero no en la cocina– ¡tengo muchas alergias e intolerancias!).

¿Todo es cultura? O, mejor dicho, ¿qué no es cultura para usted?

No es cultura todo lo que oprime o reprime al ser humano en cualquier forma, sean leyes gubernamentales o comentarios de un individuo (sea desconocido o familiar).

¿Sus referentes culturales son literarios, musicales, artísticos, cinematográficos…?

Siempre he sido bastante omnívoro como lector (y también espectador) aunque con la edad, soy más propenso a abandonar un libro (temporalmente o para siempre) si no me enganche, decidir que algo no me gusta, etc. Aún así, sigo exponiéndome a esas obras/voces/horizontes nuevas para poder decidir; así uno define y refine su gusto propio, y así uno experimenta la vida–por si mismo y no solo de manera definida por los gustos de los demás.

¿Un autor para releer?

Creo que mucho depende del momento o la razón por qué decidimos releer. Para mí, suelen ser poetas, y muchas veces anglosajones: Mary Oliver, Ellen Bass, Richard Howard, Thom Gunn, Gregory Woods, Margaret Atwood.

¿Un autor recién descubierto?

La poeta beilorusa Natalia Litvinova. Vaso Roto republicó en españa su poemario TODO AJENO y La Bella Varsovia va a hacer lo mismo en breve de su poemario SIGUIENTE VITALIDAD.

¿Una película, una obra de teatro o un espectáculo recientemente visto y que no olvidará?

Yo soy más de cine clásico que contemporáneo. De cine actual, de los pocos que sigo asiduamente es el director turco-italiano Ferzan Özpetek.

La creación, ¿un arte, una pasión o un ofició que se puede aprender?

Uno puede (y debe) aprender las herramientas de cada género artístico y cómo utilizarlas, pero si el creador carece de pasión/algo que contar es probable que el lector/espectador no sentirá nada al experimentar su obra. Dicho eso, el creador tiene que dejar que la creación tenga su propia vida, y como esté interpretado o experimentado por los demás será siempre fuera de su control.

¿Todos podemos escribir un libro?

Creo que incluso los que escribimos libros nos preguntamos ésto cada vez que enfrentamos a la faena de nuevo… Como advierten con los planes de pensiones o las acciones: El rendimiento pasado no es garantía de resultados futuros.

¿Todos podemos publicar?

Yo creo que todo el mundo es libre de escribir lo que quiere, como quiere. No es de menos valor una carta de amor, aunque tenga un solo lector, que un bestseller con millones de lectores, y pueda que ese único lector se conmueva más que los millones. Todo depende de cual(es) lector(es) sean importantes para el autor, y las razones por que escribimos–o deseamos publicar. Y también, como definimos la publicación: hoy en día, la tecnología hace que sea más fácil que nunca autopublicar un libro (en digital o impreso), pero simplemente imprimir una obra (o hacer que sea disponible online) no es lo mismo que “publicarlo” salvo en el sentido más literal de hacer que sea público. Publicar un libro es un trabajo y un negocio, y no todo autor es capacitado ni interesado en hacer o encomendar todas las cosas necesarias para hacerlo bien/profesionalmente: corrección de estilo e edición, maquetación, promoción, etc. ¡Si muchas casas editoriales no hagan bien todas estas cosas! Por eso es tan importante saber de antemano porque uno quiere publicar, y después intentar buscar la editorial o la solución que esté mejor adecuado a tus intenciones. Y de tener claro que una cosa es el mundo editorial (incluso la autopublicación) y otra cosa es la escritura misma, que no siempre van de la mano.

¿Todos podemos ser artistas?

¡Con lo que cuesta ser autónomo en España, ni los artistas pueden sobrevivir como artistas hoy en día! Pero todos sí podemos y debemos crear arte.

El éxito, ¿personal o profesional?

El mundo literario es nocivo. No propicie que un autor escribe una única obra maestra y ya, que sea contento con haber hecho tal hazaña, ni que un autor salte de un género a otro. La maquinaria literaria quiere vender “el nuevo X” y siempre reclamará más obras (de un autor) y más de lo mismo (de cualquier cosa que ya ha tenido éxito). Uno puede tener éxitos, sean artísticos o comerciales, pero son como el duende–cosas efímeras, estados por los cuales uno pasa pero que no puedes vivir en ellos de manera continua.

El éxito, ¿fama, dinero, reconocimiento o no necesariamente?

Aunque me gusta que los adultos me lean y disfruten de mis escritos, creo que el éxito para mi es que tantos padres me han quejado de que sus hijos les reclaman leer juntos otra vez uno de mis libros infantiles cada noche. Yo soy lector antes que escritor, y me encanta que pequeños descubren y disfruten con la lectura a través de una obra mía.

¿Cuál considera que es su gran logro?

Estoy orgulloso de que mis escritos han sido traducido a tantos idiomas–hasta al inglés, que es mi idioma materno. Mi álbum ilustrado ¡VAMOS A VER A PAPA! (publicado por Ekaré) fue traducido al inglés por Elisa Amado y publicado por Groundwood en Canada (también ha sido traducido al catalán, coreano, japonés y portugués de Brasil). El hecho de que soy capaz de escribir algo en lo que es mi “idioma madrastra” que se considera digno de ser traducido a otros idiomas es un halago para mí.

¿Cuál es su lema?

¡Ni un día sin procrastinar!

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Una respuesta a Cuestionario literario: Lawrence Schimel

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    Shirley
    26 enero 2018 at 9:01 am

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