Los cuatro mejores libros sobre caminar (la apología de la deriva)

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A veces caminar es tan delicioso que lo que nos traicionan son los destinos; tener que interrumpir la caminata para llegar a alguna parte. Por eso la psicogeografía es un concepto tan encantador, es nuestra apología de la deriva. Caminar sin rumbo, después de todo, es ir en consonancia con esa marea ingénita que nos mece, desde el fondo, a lo largo de la vida.

Ya decía Roland Barthes que “es posible que caminar sea mitológicamente el gesto más humano”, y es por ello, quizás, aminar esté tan relacionado con contar historias: al caminar “sedimentamos la presencia del paisaje en nuestro cuerpo”, diría Robert Gross. No solo Wordsworth, Dickens o Nietzsche dejaron claro que –como decía este último– “las mejores ideas se conciben caminando”, sino que hay libros sobre caminar que son fundamentales para el espíritu. Los que merecen ser revisados son, sobre todo, tratados que nos regresan lo que ya era nuestro pero habíamos relegado; son los libros que nos refrescan ese antiguo conocimiento empírico y nos exhortan a la práctica. Por que si caminar es algo, es práctica.

Sin orden específico, los siguientes son algunos textos esenciales para pensar en caminar sin que un destino nos traicione, pero ultimadamente, son relatos que nos convidan a ejercer este bálsamo tanto como nos sea posible. Quizá con la ayuda de estos relatos el simple acto de caminar a la oficina nunca vuelva a ser lo mismo.

 

London Orbital, Ian Sinclair

Sinclair, padrino de la psicogeografía moderna, relata su viaje por las desoladas periferias de Londres. El M25 es un camino a ninguna parte, pero cuando el narrador se dispone a recorrer su trayectoria circular, se encuentra con asilos convertidos, parques industriales y pueblos perdidos; descubre el margen físico y metafísico de Inglaterra, consumido por el progreso.

Wanderlust: A History of Walking, Rebeca Solnit

Es un ambicioso pero también necesario tratado que hece una perspectiva cultural sobre la caminata como una actividad elegida que se introdujo al mundo hace relativamente poco y está estrechamente ligada con la literatura inglesa del siglo XVIII y con los jardines. Estos últimos, de acuerdo a ella, se inventaron con el objetivo de contener las caminatas de personas pensativas. Una asociación por lo demás bellísima. En su libro observa que “caminar, idealmente, es un estado en el cual la mente, el cuerpo y el mundo están alineados, como si fueran personajes que finalmente conversan juntos. Tres notas tocando, repentinamente, un solo acorde”.

The Art of Walking, Henry David Thoreau

Pocas invitaciones más radicales y emotivas a emprender el camino que esta. A grandes rasgos, el breve texto enfatiza la deriva como un acto fundamental del espíritu humano; como una “cruzada” que todo hombre debe emprender todos los días. Incluso las bardas y los límites impuestos del territorio se van revelando como un recurso cultural nefasto que atenta contra ese impulso de libertad que es la caminata.

The Walk, Robert Walser

Walser, quien pasó gran parte de su vida distendiendo el tiempo en sus larguísimas caminatas por la nieve, nos contagia su inconfundible temple de vagancia y las ganas de entregarnos a la sencilla y antigua delicia de caminar. Nos pinta los perfectos escenarios para caminar mientras nos recuerda que, como el escritor, el caminante es un observador profesional.

 

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