“Alguien voló sobre el nido del cuco”, el descubrimiento de la libertad entre barrotes

 

Por Claudia Banqueri.

“Ahora podremos irnos Mac, me siento fuerte como un oso”

En la vida a menudo nos dejamos guiar por unos patrones de conducta puramente establecidos, es lo que comúnmente llamamos normas sociales. No obstante, a menudo esas directrices que nos imponen nos impiden sacar lo mejor de nosotros mismos o sencillamente mostrarnos tal cual somos, transparentes; sin miedo a que nadie nos juzgue o nos evalúe solo por expresarnos con libertad. En Alguien voló sobre el nido del cuco, adaptación de la novela homónima escrita por Ken Kesey, dirigida en 1975 por Milos Forman, se tratan temas tales como la libertad del individuo, el sistema inhumano de los psiquiátricos en los Estados Unidos de la década de los 70, la falta de confianza en uno mismo y la importancia de la autonomía.

La rutina de un grupo de individuos con complicaciones mentales se ve interrumpida cuando reciben a Randle McMurphy, un delincuente que para evitar la cárcel finge tener un problema mental para ser recluido en un manicomio. Pronto se sorprenderá al ver que la apacible vida que esperaba tener allí es en realidad un régimen dictatorial llevado a cabo por la enfermera jefe Mildred Ratched que mediante la coacción y el ataque directo a la autoestima, mantiene a raya a ese grupo de desdichados individuos víctimas de sus mentes. La presencia de McMurphy rompe con todo lo que Ratched tenía establecido, es así como se crea el conflicto principal de la trama, cuando ese grupo de enfermos ve las dos caras de una moneda; la libre autonomía que les brinda McMurphy y la obediencia más severa que les exige Ratched.

Uno de los aspectos más llamativos de esta obra es la capacidad de Forman por mostrar la evolución que sufren sus personajes desde el inicio del metraje hasta el final del mismo. Todos de una forma directa o indirecta contemplan con pasmo la rebeldía de McMurphy y poco a poco comienzan a darse cuenta que actuar de forma libre tiene sus ventajas. McMurphy con su falta de responsabilidad y enemistad con las reglas les brinda un soplo de aire fresco, cree en ellos, tiene fe y no les trata como locos que no pueden aportar nada a la sociedad.

Es ahí donde radica uno de los aspectos más relevantes de la película, la necesidad de McMurphy de reivindicar la importancia de la independencia en nuestras acciones. Lo que en un principio parecía una desobediencia, una forma osada de llevarle la contraria a la autoridad, se transforma en una manifestación de cómo saber autogestionar nuestras emociones, necesidades e impulsos como individuos. La pareja que forman McMurphy y el jefe indio Bromden es, probablemente, uno de los mejores dúos de la historia del cine. Uno, un parlanchín poco amigo de las normas, el otro un grandullón callado que no tiene mucho interés por comunicarse. De esa mezcla nace la amistad que cimenta todos los valores en los que se basa el argumento de la obra adaptada a la gran pantalla por Forman; la necesidad de ser fuertes.

El reparto está conformado por un elenco de artistas conocidos, desde Jack Nicholson, que nos regala una interpretación magistral del delincuente McMurphy, pasando por la fría enfermera Ratched encarnada por una impecable Louise Fletcher y, en mi opinión, uno de los papeles más brillantes, el tímido Billy Bibbit interpretado por un genial Brad  Dourif, aportando esa personalidad dramática y tierna que vuelve la película aún más humana si cabe. La dirección de Forman roza la genialidad, enmarcando el inicio del metraje en un plano general de unas colinas acompañadas por la excelente composición musical de Jack Nitzsche. Forman sabe elevar a su máxima expresión los momentos más tiernos y dramáticos de la obra. Por otro lado, la dirección de fotografía de Haskell Wexler juega con el contraste de colores fríos y cálidos categorizando los diferentes escenarios y generando así la diferencia entre el exterior, la libertad, y el interior del manicomio donde la opresión era el pilar fundamental en el que se basaban todas las acciones de los protagonistas.

Alguien voló sobre el nido del cuco es una película que deja un poso reflexivo indefinido. Una alegoría de cómo una persona puede cambiar su estela aun cuando las instituciones más opresoras te impiden ser libre. Una oda a la necesidad del ser humano por restituir su independencia, su autonomía como librepensador y, en definitiva, su necesidad de ser fuertes.

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Una respuesta a “Alguien voló sobre el nido del cuco”, el descubrimiento de la libertad entre barrotes

  1. Desde dos mil nueve he estado en la publica con mi primer ingreso voluntario donde me trataron como una mierda y luego otro ingreso por intento de suicidio y uno ultimo involuntario. No vuelvo al manicomio pero ya tengo un pie en la residencia prácticamente. Por favor si su hijo tiene un problema de salud mental como autolesionarse o depresión o lo que sea no hagan caso de los consejos del medico y planten cara al medico.

    Anonimo
    5 junio 2017 at 18:39 pm

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