Matrioskas: comedia agridulce de teatro en el teatro

Por Horacio Otheguy Riveira

Actrices profesionales empeñadas en investigar y retrabajar su formación. Así las cosas estas mujeres que no paran de trabajar y de estudiar tuvieron la inmensa suerte de que un profesional como Ernesto Caballero, autor-director —en la actualidad máximo responsable del Centro Dramático Nacional— escribiera una función cuyos personajes son actrices en dificultades, las desconocidas de siempre, las que día a día cabalgan con el viento en contra sin siquiera las migajas de éxitos rimbombantes y a la vez pasajeros (que menuda la tienen también las famosas con justo prestigio), bien dispuestas a arremangarse cueste lo que cueste y adaptarse a todos los géneros. Y en esas que se topan con una oferta alucinante en Puerto Banús, un espectáculo a medida para espectadores ricos: “Canciones ligeras, el calorcito que viene del Sur, baile sexy”.

Con este punto de partida, Matrioskas expande su humor tragicómico en un mar de fantasías por el que se asoma nada menos que el sufrido Hamlet y su corte. Caricatura del clásico, comedia triste, fantástico regocijo en el que el surrealismo de una función teatral se cruza con elementos del teatro del absurdo. Muy dinámica forma de expresar una lucha por la vida que identifica a los artistas con millones de personas que sobreviven malamente en una cruel incertidumbre.

Lo malo es que a este quinteto de audaces dispuestas a producir su propia representación, les toca actuar en un hotel de la opulenta Marbella para rusos que se llaman como los principales personajes de Elsinor, y entre uno y otro extremo de los muchos enredos que les toca padecer, desfilan ingeniosas visiones que permiten que la teatralidad explore técnicas y caricaturas de su propio mundo. Mientras tanto, la vida continúa sin un céntimo pero con una inevitable necesidad de que todo mejore y se levante el telón cuanto antes… especialmente cuando ya en la mayoría de las salas el hermoso artilugio del telón ha desaparecido. No se conforman con poco, sólo les falta cantar el ¡Aquí estoy! (I´m still here) de Stephen Sondheim en Follies, emblemática canción del artista superviviente contra viento y marea.

Siempre me he preguntado por la suerte de esa troupe de cómicos que, siguiendo las indicaciones del príncipe Hamlet, representaron su accidentada comedia delante del rey Claudio. ¿Qué pudo haber sido de ellos? Se me antojaban sombras tan espectrales como la propia del padre del infortunado personaje, vagando por el castillo en pos de su siempre demorado pago por los servicios prestados: el cachet del bolo, que diríamos hoy en la jerga titiritera. Conjeturé con que esta penosa circunstancia de impago o, en el mejor de los casos, de exasperante retraso en la retribución constituía un inequívoco hecho diferencial del mundo de la farándula, un desaire que no contemplaba excepciones ni en el tiempo ni en el espacio. A partir de ahí concebí una historia, trasunto de la propia trama shakesperiana, protagonizada por una peculiar compañía de nuestro tiempo compuesta toda ella por actrices (el eslabón laboral más frágil de toda la cadena de la industria teatral), obligada, igualmente, a desempeñar su trabajo en un espacio no convencional: en este caso las lóbregas estancias de la fortaleza danesa se convirtieron en los suntuosos salones de una pretenciosa mansión en la milla de oro marbellí. (Ernesto Caballero)

El juego escénico está dirigido con buen ritmo y eficaces golpes de efecto —propios de un vodevil contemporáneo— por la actriz y comediógrafa Karina Garantiva (bien asentado su talento con variadas representaciones; por ejemplo, en Doña Perfecta y Festen como intérprete; Runners, como autora, actriz y directora).

Las intérpretes tienen una amplia formación y experiencia en diversas disciplinas escénicas. Carecen de suficientes recursos para este género tan difícil, que oscila entre la farsa, el disparate cómico y la ironía dramática sobre episodios conocidos de un gran clásico. La falta de pericia para este ejercicio de auténticas saltimbanquis es sustituida por una encomiable labor de equipo en un espacio escénico constantemente desnudo, sin recursos técnicos a los que aferrarse. Ellas son, por orden alfabético: Nanda Abella, Sandra Gade, Noemí Martínez, Cristina Palomo, Maribel Vitar.

 

 

Espectáculo producido colectivamente por las cinco actrices y su directora en el marco del Laboratorio Primas de riesgo. El proyecto visibiliza la desigualdad de oportunidades a la que se enfrentan las mujeres artistas.

Coreografías Esther Acevedo

Asesoría vocal María Herrero

Iluminación Paco Ariza

Ayudante artístico Pablo Quijano

Fotografías Gonzalo Mayoral

Prensa Raquel Berini

Producción colectiva por el Laboratorio Primas de Riesgo (primasderiesgo.com)

Teatros Luchana. Viernes 20 horas del 26 de mayo al 28 de julio 2017.

 

 

 

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