La droga curativa

MARISOL SÁNCHEZ DEL BLOG CLC.

Título: Opium.

Autora: Patricia Palombi.

Editorial: Ediciones en huida.

Sorprendente. Cautivadora. Extraordinaria. Intempestiva. Asombrosa. Insólita. Inclemente y cálida. Tierna y desapacible. Me quedo sin adjetivos si intento definir a Patricia después de leerlas pocas más de 200 hojas que depositó en mis manos.

Patricia es una joven que adora plasmar sus sentimientos en forma de letras, pero en su corazón también hay hueco para sus sueños cinematográficos: estudió Artes Escénicas, y actualmente reside en Estados Unidos. No me olvido de mencionar que, además, nos deja disfrutar de ella en un blog en el que de vez en cuando, se deja caer: http://soypalombi.blogspot.com.es.

De una forma que nos puede resultar peculiar, el libro está dividido en doce partes: las diez primeras llamadas mandamientos y las dos últimas: Testamento y Nuevo Testamento, respectivamente. No sabría definir con propiedad lo que se siente al leer cada uno de los textos. Se asemeja a un desgarro emocional. Subir a la montaña más alta, lo más veloz que puedas. Sentir el corazón latiendo en la garganta y el sudor resbalando por los extremos de la cara. Y llegar. Llegar al punto más alto y, finalmente, gritar. Matar a las cuerdas vocales en ese grito.

En Opium, abrimos los ojos. Nos sinceramos y aceptamos que podemos querer con toda el alma: “Ahí sigues, esperando en el agujero en el que me he metido por ti, tan solo porque tus ojos me sonrieran una vez más y tu boca mirara en mi dirección. Por ti. He besado todas y cada una de las balas tan solo porque eres tú el que sostiene la pistola. Porque nada me pone tan triste. Porque nada me pone tan feliz.” “La que se dedica a admirar el arte porque tocarte se le hace demasiado difícil.”” Y que sí, por qué no, estamos dispuestos a sufrir por otra persona. Porque pensamos que lo merece, que merece la pena porque nos provoca un subidón de vida con el solo roce de su mano. “¿Por qué cada vez que me entero de algo nuevo de ti siempre es malo y me das más asco aún, pero, probablemente, cuando te vea se me caiga el alma?”

Pero Patricia también nos habla de su tristeza, de sus lágrimas, de su dolor. “Se castiga por un crimen que no cometió y está dispuesta a cumplir cadena perpetua ahí metida. Sabe que el buen comportamiento no hará que le reduzcan la pena, por eso tristeza se convierte en su compañero de viaje constante.”

Lo que decía, nos abofetea y después nos dice que quiere besarnos. Nos dice que el dolor tiene un sentido. Que tiene un significado. Que una taquicardia a medianoche tiene una explicación, y que fue un momento precioso. Que volveríamos a repetir. O no. Pero que forma parte de nosotros.

Por ahora nos conformamos con relamer estas hojas, pero nadie nos niega que no podremos volver a disfrutar de otro poemario en un futuro, en el que sonreiremos al notar la evolución de esta mujer, que ha sido todo un descubrimiento y una sorpresa. Y dejadme decir, que, como sorpresa, muy grata. Y como descubrimiento, demasiado espléndido.

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