“La omisión de la familia Coleman”, un triunfo internacional del “Off” argentino

Por Horacio Otheguy Riveira

La omisión de la familia Coleman, escrita y dirigida por Claudio Tolcachir, lleva más de 2.000 funciones y la han visto más de 265.000 espectadores de 22 países. Esta es su gira de despedida.

En Madrid, Teatros del Canal, sólo hasta el 4 de noviembre.

Un trabajo de extraña perfección para ahondar en el caos de una familia marginal, más bien integrada en algo así como el submundo económico. Gente que jamás asiste al teatro, que por no tener, no tiene televisor ni puede pagar el gas, y se sirven de medicinas caducadas. De una disfuncionalidad patológica, expresan un modo de vida escalofriante mientras el público se ríe mucho de sus naturales ocurrencias, hasta que deja de hacerlo.

El teatro argentino cuenta con una larga historia de este estilo próximo al grotesco criollo, creado por el argentino de origen italiano, Armando Discépolo, en los años 20 y 30 del siglo XX. Desde entonces, diversos autores —del sainete al neorrealismo, el surrealismo o el absurdo— se han ocupado de la familia como centro neurálgico  y espejo deformante de las grandes crisis, casi siempre de clase media o baja o incluso de alta burguesía, pero pocas veces ha existido un tratamiento tan rico escénicamente de una subclase en franco estado de calamidad económica y moral como la que se presenta en esta obra.

Una familia “Coleman” que en realidad está integrada por distintos apellidos con anciana e hija, a su vez madre de cuatro vástagos de distintos padres, de cuyo historial nada se sabe, desaparecidos hace tiempo. La  imagen masculina no existe o lo hace en forma de gran salvador como el caso del médico que atiende a la abuela, eje de toda la trama porque alrededor de ella todos dan vueltas, como si se tratara del último vestigio de amor incondicional, de un torrente de ternura que cuando desaparezca acabará con la unión de los contrarios en un despliegue de implacable desamparo.

Cada miembro del extraño grupo familiar tiene una carga de misterio irrenunciable, y a todos los vemos sumergidos en un devenir intenso, alocado, en torno a la abuela como gran excusa… porque saben, abierta o secretamente que sin ella el derrumbe será total.

Perfiles de brocha fina o gruesa, los ocho personajes desfilan en un concierto de voces y cuerpos flexibles, sin dinero o con muy poco, cada uno hablando como si lo hiciera a solas, en voz alta; algunos más simples que otros, como Damián (Diego Faturos) que siempre está corriendo con una mochila donde mete cuanto puede robar, en un constante deambular que nunca se explica hacia donde; Gabi (Macarena Trigo) la gris muchacha sacrificada que compra ropa usada para arreglar y procurar vender; Verónica (Candela Souto Brey) la que salió del núcleo y se hizo adinerada, con un marido y dos niños pequeños que se niega a presentar a la familia; tampoco a su madre, una Memé (Miriam Odorico) que actúa como una niña de 14 años, madre de todos, también de Marito (Fernando Sala), un discapacitado mental con momentos de lucidez sorprendente. A su lado, Hernán (José Frezzini) y un Médico (Jorge Castaño), son los hombres con los pies en la tierra, que aportan serenidad, buena cordura, y el amor necesario para uno de los personajes femeninos.

Entremezclados en situaciones tragicómicas todos juntos conforman un elenco de fantásticos personajes interpretados por un equipo actoral entregado a una labor encomiable de consolidada experiencia psicodramática, ya que aportan un dominio técnico y emocional muy intenso, logrando la empatía del espectador desde el comienzo.

Representada en España en varias ocasiones, La omisión de la familia Coleman es un hallazgo teatral con una carga singular de innovación social, dada la gran variedad de países donde su éxito ha sido muy notable, tanto ante la representación de esta misma compañía como con producciones nacionales: China, Ucrania, México, Irlanda, Estados Unidos, Italia, Bosnia… Culturas muy diversas que se asoman al espanto de una sociedad que no vota ni se tiene en cuenta, pero genera una capacidad de supervivencia cada vez más cruel.

 

Reparto formidable para un espectáculo coral plenamente integrado. Personajes e intérpretes giran en torno a una abuela clave en la trama, a cargo de Cristina Maresca, la más veterana de la compañía, aportando la misma disciplina y singular sentido del humor que todo el equipo.

Una familia viviendo al límite de la disolución, una disolución evidente pero secreta; conviviendo en una casa que los contiene y los encierra, construyendo espacios personales dentro de los espacios compartidos, cada vez más complejos de conciliar. Una convivencia imposible transitada desde el absurdo devenir de lo cotidiano, donde lo violento se instala como natural y lo patético se ignora por compartido.

 

Libro y dirección: Claudio Tolcachir

Intérpretes: Jorge castaño, Diego Faturos, Candela Souto Brey, Cristina Maresca, Jose Frezzini, Fernando Sala, Macarena Trigo

Asistencia de dirección: Macarena Trigo

Diseño de luces: Ricardo Sica

Distribución en España: Producciones Teatrales Contemporáneas

Producción: Teatro Timbre4 / Maxime Seugé y Jonathan Zak

Teatros del Canal. Del 30 de octubre al 4 de noviembre 2018

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