“La venganza de la Petra”, una comedia a favor de las mujeres escrita en 1917 por Carlos Arniches

Por Horacio Otheguy Riveira

Carlos Arniches (Alicante, 1866-Madrid, 1943) fue el autor teatral más prolífico de la historia del teatro español, inagotable fabulador de comedias breves, brevísimas y largas, articulista, libretista de zarzuelas, y en todas ellas mostraba un mosaico costumbrista de gran alcance social, con predominio de mujeres de carácter o sumisas que acaban rebelándose al predominio masculino. Un machismo a ultranza, desvergonzado, que aún hoy resulta una lacra día a día desenmascarada con mayor fortuna, pero no desterrada de la vida cotidiana. Y es en esta clase de existencia, la de cada jornada de trabajadores y gandules, de amas de casa y trabajadoras por donde el comediógrafo se entromete aprovechando al máximo el lenguaje coloquial de los barrios populares, haciendo befa de los más arrogantes, y permitiéndose el descubrimiento de nuevos giros y flamantes palabras en un contexto de segura diversión con decisivo mensaje a favor de la libertad plena del sexo femenino.

El hombre que amaba a las mujeres no las quería ni muñecas ni princesas, sino capaces de ser ellas mismas. Como la Petra, sin ir más lejos, que, asesorada por su padre Nicomedes, ha de conseguir que el amor de su vida deje de ningunearla y la considere como lo que es, una persona entera, generosa, puro amor pero decidida ella también a ser esa cosa del adulterio que él tan bien se aplica. Así las cosas, entre mujeres de diversa tendencia, como la madre sobreprotectora del galán (“tan guapo que se lo rifan todas”), la madre de la novia, todo corazón y paciencia, la criada pizpireta e ingeniosa y la propia novia, candorosa y a la postre luchadora por sus derechos… lo cierto es que el sainete se reinventa a sí mismo hoy, a 102 años de su estreno, aportando una mirada implacable, entre carcajadas, sobre la estupidez del macho-pinturita, embelesado consigo mismo bajo la protección de padres que consideran de menor interés a la mujer que le toque en suerte.

Si todo suena a cosa de hoy, más aún cuando en el teatro nacional ya muy pocos escriben con situaciones y lenguaje de la calle, de los barrios hechos y derechos que se desarticulan por los vaivenes políticos y económicos. Además, en La venganza de la Petra, como en otras obras de Carlos Arniches, se desarrollan personajes de gran alcance, cuyo lenguaje y objetivos cotidianos bordan creaciones que reclaman intérpretes con mucha experiencia, como en este caso sucede con  la creación de José Luis Gago en el papel de Nicomedes, el hombre que sueña despierto con poder dormir 12 horas, tan ricamente, antes de irse a trabajar en el turno de tarde-noche. Nicomedes es el vago encantador que cuando espabila es el más activo, lanzado a las mayores bravatas mágicamente transformadas en auténticos pasos de un pícaro valiente, capaz de inventarse las mejores escenas para ayudar a su adorada hija, ya que, como el propio autor de la comedia, no la quiere muñeca ni princesa, sino atrevida defensora de su dignidad.

Primer acto, alrededor del pater familias que por nada quiere levantarse de la cama al mediodía.

La farsa del imperante machismo obtiene felices resultados, y en ella se rearma el autor a lo largo de dos actos con sutiles remedos del lenguaje reiterativo y “sublime” de las obras del teatro burgués de la época, así como de la verborrea de algunos seudointelectuales. De todo hay en La venganza de la Petra o Donde las dan las toman tras su aparente ligereza, en manos de uno de los mayores creadores del lenguaje popular en el teatro español de todos los tiempos.

Una de las situaciones más divertidas es aquella en que el buen padre dormilón se yergue furioso para representar el papel contrario a sus intereses: un juego fantástico en el que, ante sus consuegros, aparenta lo que no piensa para obtener el perfecto fruto de su justo castigo y triunfo absoluto de su hija. La emprende a gorrazos con todos ellos, aparentemente furioso por lo perversa que ella ha sido:

(,,,) NIC. La hora de la tragedia pué que llegue; la del redículo nunca, ¡nunca! (Otro gorrazo a la señora, que se rasca también.)
RAIM. Bueno, Nicomedes; no te pongas así. ¡Caray!
NIC. Siempre he estao contra vosotros porque creía a mi hija una víctima, pero hoy, ante la conduzta inequívoca de esa desgraciá, me tenéis a vuestro lao pa todo, oirlo bien, ¡pa todo!. . ¡pa todo! (Gorrazo a Manolo.) ¡Sí, pa todo!
MANOLO (Frotándose el brazo.)
NIC. Porque quiero decirlo muy fuerte, sí… en cuestiones de honra, Calderón de la Barca a mi lao era un frívolo… Y si esa desgraciá osa teñirme estas canas venerables con el baldón de la deshonra… ¡Ah, entonces yo te juro, Manolo, que quedarás vengao, pero vengao en una forma que mi venganza te pondrá los pelos en punta! ¡Sí, Bibiano, sí Bibiano, de punta! (otro gorrazo.) Yo se lo avertí a ese desgraciao, Bibiano; yo se lo dije: “En la vida de mi hija un misterio flota, un delito se cierne, una sospecha aletea”, y él se chuflaba con la inconsciencia de una calandria iznorante y no veía ni la flotación ni la cernidura ni el aleteo.. ¡Ay, Bibiano!… (Gorrazo a Bibiano.)
BIB. Pero, ponte la gorra, tú.
NIC. Gracias, es comodidaz.
BIB. ¿Quiés que te la cuelgue?
NIC. Deja, Bibi, que es que no sé lo que hago. Desde que sospecho lo que sospecho, una ola de sangre me ciega, me ciega, sí…
MANOLO. Bueno; pero no hace falta que se ponga usté de esa forma. Yo soy el marido y sé lo que me cumple, señor Nicomedes.
NIC. Sí, Manolo, sí… pero es que mientras tu suegro viva, yo te juro que esta cabeza nunca, nunca se verá humillada, ni esta frente se inclinará en jamás bajo el peso de la afrenta. ¡Ah, síl ¡Yo te lo juro! (Le zarandea la cabeza violentamente despeinándolo.)
BIB. ¡Por Dios, cálmate!
MANOLO. ¡Señor Nico, por Dios, mi cabeza!
RAIM. No te pongas así.
NIC. Sí, tenéis razón; dispensarme, pero es que estoy loco de coraje, de rabia, de vergüenza… ¡loco, Raimunda, loco, sí!
(Gorrazo.)
RAIM. ¡Rediez!… Pero oye, tú; ¿pero qué llevas dentro de la gorra?
NIC. ¡Ay!, perdonar; son las llaves de casa, que no me había acordao de quitarlas. (…)

 

En ambas fotos, el centro de atención es Nicomedes (José Luis Gago), rodeado de intérpretes que siguen con acierto el ritmo intenso de una farsa muy ágil. En la primera, con Juan Luis Gago, Carla Postigo, Sonia Gascón y junto a Víctor Benedé —en uno de los personajes más cómicos—, y abajo, dándole a leer una carta-trampa al galancete en cuestión (Luis Ángel Gago): “¡Silencio!… ¡Silencio mortal!… ¡Ay, Manolo!… Lee… lee a ver qué dice. Léelo, léelo, lelo”.

De izquierda a derecha: Natalia Jara, José Luis Gago, Juan Polanco, Cristina Palomo, Sonia Gascón, Luis Ángel Gago.

Caricatura del joven Carlos Arniches.

Dirección: José Luis Gago

Escenografía: Scenarte producciones S.L.

Vestuario: Mario Pera

Iluminación: José Manuel Gómez Dávila

Fotos: María Guzmán

Reparto:

José Luis Gago es Nicomedes.

Natalia Jara es Nicanora.

Carla Postigo es Petra.

Luis Ángel Gago es Manolo.

Víctor Benedé es Conesa.

Sonia Gascón es Udosia.

Juan Polanco es Bibiano.

Cristina Palomo es Raimunda.

Olivia de Pablo es Jesús.

TEATRO AMAYA. Del 31 de julio al 25 de agosto 2019.

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