Quince apuntes en torno al cuento

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Por Ángel Zapata.

Il telescopio, de René Magritte

El cuento debe conmover, herir, maravillar; algo en el cuento debe llamar por su nombre al lector: forzarlo a que despierte.

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Como los individuos, como las sociedades, un cuento no debe «funcionar», sino existir.

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Las tramas narrativas no reflejan el modo en que las cosas ocurren «en la realidad», sino las redes que empleamos para apresar lo que ocurre. El cuento indaga precisamente aquello que las tramas convencionales no sabrían captar: es el intento de rodear un resto siempre inaprensible.

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En la novela la trama es causa. En el relato, mero efecto.

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El cuento debe parecerse a la vida en esa cualidad que tiene la vida de no parecerse a nada.

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Es verdad que el avance del cuento debe ir despertando en el lector el deseo de saber, a condición de que el deseo no se vea realizado sino de un modo irónico: a condición de que el cuento desemboque en eso que el lector sabía sin querer.

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El cuento es una ética de la escritura, y por eso un buen cuento siempre deja algo que desear: le hace un sitio al deseo del Otro.

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En la novela (o por lo menos en la gran novela clásica, burguesa) la escritura se subordina a la historia, sirve a la historia: las partes trabajan en beneficio de un todo, que les es exterior y heterogéneo. En el cuento la escritura emerge, la producción textual no resulta alienada como producto en el todo de la representación: el trabajo es soberano, y hace su historia.

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El despliegue del universo novelesco exige la constancia de lo positivo y lo dado; el cuento nace de un rechazo, devuelve el acto de narrar a la pregunta por sus condiciones.

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El realismo desvía al cuento de su vocación. Al igual que el poema, el cuento no apunta a la realidad, sino a lo real en tanto lo imposible de decir.

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Dentro del cuento, no se trata tanto de escribir una historia, como de inscribir aquello que la interrumpe.

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El cuento no debe ayudarnos a soportar la realidad (esta es la exigencia falsamente benévola a la que apelan todos los conformismos), sino a situar en nuestra realidad lo insoportable, y a situarnos frente a ello.

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En cierto modo, el cuento no es una narración en la que se ha eliminado todo lo insignificante, sino una narración en la que se ha eliminado todo menos lo insignificante, esto es: aquello que aún debía reapropiarse su potencia de significar.

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La novela clásica tiende a la acumulación (de referencias, de hechos, de sentido); se apuntala sobre el imaginario de la totalidad y la riqueza. El cuento sabe de la castración, de la pobreza de la realidad, y es —como el Eros platónico— hijo de la escasez y del recurso.

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El rechazo a llegar, la pasión de ir, son distintivos tanto del cuento como del cuentista. El cuento es lo que siempre está en camino. En un cuento, lo único falso o engañoso ha de ser, justamente, su brevedad.

Escribir un cuento (5 propuestas)
Asociación cultural Mucho Cuento
Córdoba, 2008

Ángel Zapata (Madrid, 1961) es profesor de la Escuela de Escritores de Madrid y de los Talleres Fuentetaja. Ha publicado los libros de relatos Las buenas intenciones y otros cuentos (Diputación de Córdoba, 2002) y La vida ausente (Páginas de Espuma, 2006). Estuvo a cargo de la edición y el prólogo de los cuentos completos de Medardo Fraile, Escritura y verdad (Páginas de Espuma, 2004), y es autor de El vacío y el centro y de La práctica del relato, dos títulos de referencia en la enseñanza de escritura creativa. Ángel Zapata es miembro del Grupo Surrealista de Madrid y ha traducido los ensayos Poesía y revolución, de Louis Janover y André Breton y los datos fundamentales del surrealismo, de Michel Carrouges (Gens, 2008).

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2 respuestas a Quince apuntes en torno al cuento

  1. Me parece interesante, pero no creo que el escribir pueda estar sujeto a directrices. De alguna manera con ellas se rompe la relación especial que une el boli con el papel y la cabeza del autor.
    En fin, solo una opinión. Felicitaciones, Culturamas.

    Ramiro
    17 Abril 2010 at 8:49 am

  2. Soy de la misma opinión, hay que aceptar las historias como vienen, dejarlas fluir,si nos ateniésemos siempre a la realidad no existirían las tres cuartas partes de la literatura mundial.
    Puesto que este es el mejor de los mundos posibles mejor exploramos otros tantos que nos dejen mejor sabor de boca.

    Nieves Vallejo Ortega
    27 Marzo 2016 at 19:12 pm

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