El apocalipsis de los trabajadores

Por Fernando Clemot.

El apocalipsis de los trabajadores

Valter Hugo Mãe

(Alpha Decay, 2010)

Se produce la extraña circunstancia de que dos de los cuatro o cinco mejores libros que he leído en los dos últimos años los han escrito dos jóvenes autores portugueses: Cementerio de pianos, de José Luis Peixoto y El apocalipsis de los trabajadores, de Valter Hugo Mãe.

No creo que se deba únicamente a una casualidad, me confieso un enamorado de la narrativa lusa, pero creo que tanto uno como otro han encontrado el camino que hace sentir apego a un libro: lenguaje, ritmo y profundidad. Parece que esta nueva generación literaria portuguesa ha encontrado un camino común, una apuesta por la potencia de la palabra, han encontrado la épica de las circunstancias sencillas que rodean nuestra vida, por la épica contenida en un inmigrante, en una señora de la limpieza o en un jubilado…Esta joven generación portuguesa compuesta, entre otros, por Peixoto, nacido en 1974; Mãe, nacido en 1971; y el que pronto desembarcará de la mano de Baile del Sol, Ricardo Adolfo, nacido en 1974, apuesta de forma directa por una narrativa sólida, asentada. Se diría que ellos ya han encontrado el sentido que lleva unos años buscando la narrativa española más joven, que lleva una generación entera dando vueltas con delectación sobre su propio ombligo.

El apocalipsis de los trabajadores narra una historia común: la vida, a momentos fantasiosa y a momentos crudamente real, de dos limpiadoras que velan muertos para sacarse un dinero, de un jubiladoy un inmigrante ucraniano. Destacamos la continuidad de un texto enhebrado con maestría: no hay mayúsculas, ni capítulos. Es sólo un detalle. No hay descanso porque es un libro que casi exige leerse de una tirada.

Nada más contiene la novela de Mãe fuera de lo que podemos ver saliendo a la calle, no hay grandes sagas ni argumentos que quieran deslumbrar, no hay hombres cibernéticos, ni zapping, ni delirios de juventud urbana. Sencillez. Con los pensamientos, los sueños y los fracasos, de unas personas corrientes que viven en una pequeña ciudad del norte de Portugal, hay suficiente. Es una lección: cualquier vida tratada con ternura y el enfoque adecuado puede fascinarnos, desembocar en la más bella de las historias.

En Portugal parece que han descubierto el camino que lleva a la narrativa con mayúsculas. Ojalá nos sirva de algo esta pequeña lección.

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