El periodismo conmovedor

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Por Ignacio del Valle.

Tan real como la ficción. Herramientas narrativas en periodismo. Doménico Chiappe. Laertes(20010). 198pp. 15euros.

El libro de Doménico Chiappe, Tan real como la ficción, es una herramienta, un espléndido instrumento con el cual adentrarse en los territorios muchas veces ambiguos del periodismo literario. Si, como decía Sandor Marai, lo único seguro son los hechos, la realidad, y todas nuestras explicaciones de los acontecimientos están viciadas por un halo literario, Chiappe ejerce de Virgilio por los feraces territorios del reportaje y la crónica y la entrevista, y nos muestra con irreductible amor por el oficio cómo enfrentarse a las imágenes vacías, a las ideas raquíticas, a los mensajes empaquetados. Es el suyo un periodismo de trinchera armado de claridad y exactitud, de profundidad y rigor, de pluralidad y honestidad, de ética y técnica, que busca una reconstrucción de la realidad atenta no a lo verosímil, sino a lo veraz. En tal empresa se alía, entre otros muchos, con nombres de la envergadura de Wilde y Alfonso Armada, Barthes, Borges, Amis y Beevor, Capa y Julio Camba, Dos Passos y Yasmina Reza, Hersey y Michael Herr, y comentando, analizando, sintetizando, prologando o criticando sus textos, reflexiona sobre un oficio hoy en peligro, sus retos, aspiraciones, perversiones. El periodista trabaja con la presunción de conseguir el por qué de las cosas y con la certeza de no encontrar la respuesta jamás, escribe en un momento dado, y aun así resulta su deber perseverar en la empresa, observar e intuir, percibir qué sobra y qué falta, elegir el sentido de una historia que mejor retrate lo que sucedió. Tan real como la ficción es el resultado de un proceso de ensayo y error durante las clases que impartía, en cuyo transcurso contrastaba sus ideas con los alumnos al tiempo que iba registrándolas en un corpus que sería la columna vertebral del futuro texto. Cómo conocer y elegir los puntos de vista, potenciar la descripción, manejar la tensión y las estrategias temporales, construir diálogos, estructurar las entrevistas, los mecanismos de conversión de una persona en personaje… Chiappe nos cuenta todo eso y nos incita a ser consecuentes con el altísimo grado de responsabilidad que tiene un periodista, así como a trascender el oficio mismo y sublimarlo en arte, es decir, en emoción. Porque tenga el cariz que tenga, asegura, una buena historia es capaz de conmover a cualquier ser humano. Y un servidor lo rubrica.

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