Todas las canciones hablan de mi

Por Alejandro Contreras.

 

Sólo hace seis meses que lo han dejado, tras seis años viviendo juntos, y Ramiro (Oriol Vila) y Andrea (Barbara Lennie) siguen quedando de vez en cuando para ver cómo les va la vida. Ramiro le ha dejado a ella el piso que ambos compartían y ha regresado a casa de sus padres, además de que sigue con su trabajo en la librería de su tío. Arropado por sus amigos que andan algo preocupados por él, Ramiro comenzará a plantearse planes de futuro que enlazan con sus proyectos del pasado, aunque en el fondo él sólo desea regresar con Andrea.

 

Diez años después de su único cortometraje, Cero en conciencia (2000), en el que aparecía en los créditos con un seudónimo (Jonás Groucho) para omitir el lazo que le une a su padre Fernando Trueba, se estrena en el mundo del largometraje ya con su nombre real. Ya había participado en el guión de otros largometrajes, por ejemplo en El baile de la Victoria (2009) junto a su padre, con lo cual era obvio que para su opera prima también sea responsable del guión, en esta ocasión junto a Daniel Gascón.

 

Jonás plantea una historia pequeña y muy cercana, más al estilo de las películas de sentimientos francesas que de las comedias románticas americanas. Muy preocupado por la forma con pequeños detalles donde Jonás quiere ir mostrando su impronta personal, pero algo verde en el resultado final. Realmente la historia principal no engancha y da la sensación de que apenas ocurre nada durante la hora y media de metraje. Es cierto que Jonás nos lleva a situaciones bastante verosímiles y creíbles, pero que en conjunto no terminan por interesar mucho. Ni siquiera consigue emocionar en el monologo final como era la intención, preludio de un final abierto al que sólo le falta una peonza girando.

 

Se queda a años luz de Tu vida en 65’ (2006) de Maria Ripoll de la que guarda muchas semejanzas. Una de ellas es que en ambas aparece Oriol Vila que en ésta puede demostrar su solvencia como actor llevando el peso de la historia sobre él, y que servirá para que otros cineastas se fijen más en él. Junto a él una Barbara Lennie que hace tiempo que no tiene que demostrar nada, y que es junto a Oriol lo más salvable de la película.

 

Aún le quedan muchos años para que Jonás Trueba pueda demostrar que tiene mucho más talento que en esta decepcionante y aburrida película.

 

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