“Leave me”, de Charly Hernández

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“Leave Me”, un relato de Charly Hernández.

Alguien le decía: “Descansa, mañana se te habrá pasado.” Pero de aquella veía complicada la convivencia entre el sueño y la desazón, a pesar de quedarse dormido en un corto pero a su vez, interminable espacio de tiempo. Bajó los párpados y pronto comenzó a soñar, pero de verdad, alcanzando el sueño profundo y sumergiéndose en una historia horrible, aterradora que lo hizo levantarse asustado para pensar: “Tranquilo, era un sueño…” Era curioso como una mala noche puede ser una nimiedad gracias a una pesadilla. No quería dormir más, tenía pavor de volver a soñar lo mismo, lo estaba pasando realmente mal.

Y ahora escucho ‘All the wild horses’ por tu culpa mientras en la tierra de las desilusiones se suicidan nueve personas al día. ¡Aleluya o márchate! Susurran las aceras cuando desean pero no quieren más… márchate.
Gotas de ginebra resbalan por mi mano izquierda si me obligas a mirarte a la cara a pesar de mi torpeza y resignación a hundirme en la vergüenza, “como un barquito en alta mar, un tripulante feliz en su falsa deriva.

Abre los ojos, se enamora a primera vista de la chica en la puerta, aunque ciertas palabras detesten y le queden grandes a ambos. Es eso, simplemente eso, una vez más… solo una vez más… me justifico y prometo, pero resuenan el deseo y harmónicas de Ryan Adams por doquier, quiero hacerlo y despertarte al día siguiente, si no con el viento con la mejor de mis sonrisas… sonrisas, siempre eso aunque el filtro las retenga una tras otra por no querer ser quien soy. “Dicen de mi que soy un tanto animal, pero en el fondo soy un sentimental.

No duermo esta noche; aun cerrabas las ojos en ‘The curse’ y suponías que era otro de esos días que pasan extraños… pero eso siempre se va y quedan las sonrisas… sonrisas de domingo que piden socorro cual bengala al cielo de la nave tocada por el oleaje y la tempestad cruzada durante largo tiempo, mucho tiempo. A día de hoy sigo firmando cheques en blanco pero las cifras rondan mi cabeza y rememoro la discordia en un extraño día de verano friolero en la capital. Dolores de cabeza que curan las escapadas a medio terminar ocultando algún miedo que no conviene dejar escapar. “Hubo un momento en que pudimos decir que no, que lo sentimos, nos debimos confundir…

Vuelta sobre las ruedas… apoyado en el cristal de la madrugada queriendo estamparme en el sobre de tela. Ella lo miraba embelesada en un baile de miradas subversivas sintonizando cualquier canción mental que fuera recurrente para ese momento:

¿Me quieres? Bésame con tanto cariño. –Dijo el.

Ella lo ató con el brazo derecho al cuello, le atrajo hacia su cuerpo y se besaron. Ninguno abría los ojos y para ellos ese tiempo era corto pero para un espectador sería eterno, de hecho así fue. Separándose por enésima vez se miraron, susurraban palabras y los arrumacos se sucedían uno tras otro en todo el trayecto:

Ojalá este camino fuese eterno. –Musitó ella.

Se volvieron a besar y por la forma de corresponderse emocionalmente no seguirían juntos el camino hasta el final. Como esas canciones tan repetitivas de la radio, esas que cuentan la misma historia como si no fuera bastante con escucharla de una voz… una voz que volvía a decir “te quiero”, “te adoro” o “amor” con tanta debilidad espiritual que ni el propio productor se creería lo que escucha a través de la pecera. Los amantes se aplastaban el uno contra el otro entre una ligera bruma de preocupación:

¿A que hora te levantarás? –Preguntó la chica.

A las siete… -Respondió el joven con una leve sonrisa.

Seguidamente la chica lo volvió a abrazar ahora en un arrebato lastimero. ¿Le daba pena que el madrugara tanto? ¿Le seguiría queriendo igual al separarse esta noche? ¿Lo engañaría en una semana con otro? Aun así… el volvería a levantarse a las siete, con una leve sonrisa y algo más jodido de la cabeza, se colocaría el mp4 o algún CD en el coche de música barata e hilaría una nueva rutina mientras piensa:

¿Por qué?

En realidad no se lo pregunta de manera consciente, pero es que tampoco sabe en que ha podido fracasar toda la historia. ¿Se conformaría con la noche de los arrumacos? Pues posiblemente no, pero ella si… o seguramente tampoco. Ahora no hay música, el escritor hilvana dolores de cabeza con lo sucedido, no le apetece ni escuchar una simple nota de alguna canción, no ve el momento de tumbarse y descansar, está lejano aunque sabe de sobra que, como aquel tipo, también caerá; él al sueño y el joven novio al suelo. ¿Dolor? No, si ya lo peor ha pasado…Rise and fall… ¿Bowie sería una buena medicina? Todo sea probar con ‘Space Oddity’, si hemos perdido el control ¿quien mejor que el Duque Blanco para recordarlo? “Ground control to Major Tom…

¡Idiota! su barco zozobraba pero lucha con el timón, en cambio tu nave se ha ido a pique en la primera noche y ahora eres tú el que lucha por no ahogarse en la marea y las olas. ¿Aprendiste antes de nada a nadar? Oh no, claro que no, no pensabas que el barco se hundiría, la sola idea de aquello te parecía tan absurda que lo desechabas con una carcajada aberrante mientras Cohen era un pájaro en el alambre. Ahora ya no hay Cohen, ni pájaro ni alambre, no aprendiste a nadar y te ahogas porque eras tan estúpido que olvidaste hasta respirar. No habrá más bengalas y señales de socorro para ti, da gracias que tengas una muerte tranquila mientras tus pulmones se llenan de agua y todo tu ser se escapa en últimas burbujas de aire intoxicado recordando la última nota de una lastrada canción del song-writer más dejado:

¿Estás bien? –Preguntó ella…

Y la respuesta que el llegó a emitir no la esperaba, sonrió, con la voz ronca de manera forzada como para bromear y disimular el tono a derrota, musitó con una burda carcajada:

-Si, no te preocupes, estoy bien… ahora mataré a unos cuantos, es síntoma de mi bipolaridad.

Se abrazaron y con un beso en la mejilla, ella por un lado y el por otro creyéndose firme pero más tocado, se alejaron el uno del otro. Otra vez el asfalto de la ciudad era el que permanecía ahí y el que de nuevo miraba cuando agachaba la cabeza y trataba de recordar alguna canción para olvidar la situación… ‘All the wild horses’ se desarrollaba en su cabeza y eso le dolía… en el último suspiro y con los ojos envidrados pudo pensar por una puta vez con claridad y soltar: “Iluso.

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