Poemas de Víktor Gómez

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Por la precisión
Supe que el tiro
Vino de dentro


Un huérfano.

Un huérfano.
La habitación del hotel. Quizá la lluvia.
Mirar para nada, para no hablar tal vez,
mirar la pared.

¿En ese momento moría un ángel?

Una herida.
No hay arma visible, no hay luminosa
huella, rostros o palabras, olor ni
tan siquiera.

Un niño solo.
En menos de un minuto la calidez
de una madre
le llevará a un nacer nuevo, a vivir.

En su vientre
quedan noches vacías de leche.
En sus ojos la oquedad de un pozo
con insectos.
En sus manos la aridez sin almohada
del lecho entre barrotes.

No recuerda del daño
ni los agentes
ni el lugar. Pero su sangre liviana
tiene una deficiencia de glóbulos rojos
y su anemia
emana de un músculo aterido
que debiera mover el caudal
rojo de sus cañerías.
(Esas que un día se cerraran con anginosa memoria).

Se abre la puerta y el huérfano siente
sin saber,
siente que alguien de su amoratado cuello levanta
la soga de los abandonados.

No será por vocación de distancia
si la inquietud cava subterráneos
y las vallas no detienen el pulso,
“Genealogía de las vallas, 1999” de Arturo Borra

Horadando, con las uñas.
Orando, con las uñas.
Ando, con las uñas.
O con las uñas
o sigo encerrado en la miseria.

Tarde supe por qué
los poetas no tienen
manos
sino uñas,
no tienen ojos,
sino uñas,
no tienen palabras,
sino uñas
que escarban bajo las vallas
para que otros pasen
al otro lado de la miseria.

De verdad, la belleza
no puede ser sino el atrevimiento
de la fragilidad a darse

Desvalidas
Algunas hojas
Embozan

Las fuentes más chicas

Luz perdida en su cuerpo
Y en la huída un lecho
Vacío:
El mundo.

los carpinteros no acaban el puente no encuentran madera
que no esté quemada o húmeda rota
rotar de días inútiles
y sin puentes no hay poesía

(Huérfanos aún, Ed. Baile del Sol, 2010)



Espera del furtivo,

– espalda sombra sueño –
entre las ramas
picotea el fruto
un frío aire, impasible.

No rompe su tiempo,
porque la noche
lleva en su estuche
una lámpara, un pacto.


Una palabra –ya sabes:
Un cadáver.

Paul Celan


Me devuelven sin vida
, maciza e inerte, la palabra casa. Sin el muro del norte ni medio pórtico y volado casi entero el techo. Delante de la ruina me dejan, qué más amé: mi casa natal. Ya no me iré. Día por día, cantando a veces, otras absorto en la reconstrucción, silencioso y preciso, ganaré para su mejoría un metro por otro, una ventana, las cornisas y hasta una escalerita al desván. La casa del mundo es un tiempo laborioso bajo la insistencia del lenguaje. Por ello éstos párpados se abren a la penumbra y bajo las estrellas persiguen un sueño de piedra y madera. Apertura a la lentitud y al descaro. Cara a cara con la tozudez del desastre. Lo tú trenza la música del bosque y la piedra labrada. Porvenir y memoria, vamos alzando en la casa resarcida por lo inacabado.

−¿sabías que una trepadora
me viste de resurrección el
abierto espacio de un claro,
en la espesura del hayedo,
en ese medio febrero sin luz?−


¿hubo alguna vez madre
alguna voz
alguna vez?

¿qué piedra o espino colma
el paso hiere y sella la boca
vocal por vocal
qué hielo
qué piedra
o rama de espinos
alguna vez madre
alguna vez
desterró el habla?

(Detrás de la casa en ruinas, Ed. Amargord, septiembre 2010)

Divagación en agosto

el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia
Libro del Frío, Antonio Gamoneda

Hemos negado la simpleza pero ¿qué es, al fin, la ceniza?.
Y si la ceniza pide su ahora, ¿qué acumulación resiste?

El miedo puede ser un filo criminal.
Vuelva el corazón a la compasiva naturaleza de lo inútil.

Y resista el puño hasta abrirse,
hasta ser la palma donde coman los pájaros extraviados
de agosto.

(El río de los amigos. Escritura y diálogos en torno a Gamoneda. Ed. calambur, 2009)

no me dejan dormir
−su rumor inapelable
atraviesa el umbral−

en un cuarto contiguo los oigo
me llevan del abandono
a la atención, que no escatimo.

los niños juegan
y esa es, en cierta medida,
nuestra esperanza.

(Incompleto, Ed. 4 de agosto, agosto 2010)

Por la huerta −Cristo que arde sin
clavos en una cruz de alambres−
he visto el paraje triste como tu ojo,
pequeño pájaro
enredado en la trampa de un díscolo.

Lava, mujer, el ojo sin niña, en la tela
de mi canto. Y tiéndelo. Blanco
hasta que mariposas negras lo golpeen
con su afán;
contra la ondeada libertad entre pinzas
baten toda frescura en la herida
del tiempo. Este tiempo que grita,
-crucificado en las alambradas
que nos separan del huerto-
con voz desgarrada, con vómito y llanto.

Qué Judas se guarde su plata.
Se la trague y no florezca
en este huerto ni en mi saliva halle gusto.

(Inéditos del cuviví, Ed. Leteo, The Children’s book of American Birds, 2009)


besa la mano
que de comer le da
una vez al día

crece afuera la zanja
para tantos sin nombre.

(Trazas del calígrafo zurdo, poemario inédito)

VÍKTOR GÓMEZ (Madrid, 1967) reside en Valencia desde 1970. Animador cultural en la Librería Primado y otros espacios de Valencia y Madrid. Como editor colabora en Fundación Inquietudes y es uno de los coordinadores de la Asociación Poética Caudal. Tiene una trilogía poética en marcha, Huérfanos aún (2010, Baile del Sol) a la que sigue Los Barrios invisibles (Biblioteca del MLRS, 2009) y cerrará con Perfeccione lo inútil a lo inútil.
Ha publicado en Lunas Rojas, The children’s Book of American Birds, La Hamaca de Lona, Adios, MLRS, La salamandra ebria, En sentido figurado, etc.,
En el 2009 participó el libro coral El río de los amigos. Escritura y diálogo en torno a A. Gamoneda de Ed. Calambur coordinada por Rafael Saravia. Y en el libro colectivo de Kalvellido PAZLESTINA (El viejo topo).
Desde 2008 está ordenando junto a Arturo Borra y Laura Giordani una colección de entrevistas a poetas como Antonio Méndez Rubio, Chantal Maillard, Eduardo Milán y Quique Falcón, entre otros autores.
Ed. 4 de agosto le publicó en agosto de 2010 Incompleto y Ed. Amargord publica en septiembre de 2010 Detrás de la casa en ruinas.
Le han incluido en las antologías 22 escritores para el S. XXI (Nueva Revista)
y Una muestra de Poesía española Contemporánea (Coordinación e introducción de Benito del Pliego para la Revista Sol Negro)
Es voluntario en la ONG El Casal de la Pau ( atención y reinserción de presos y ex-convictos sin recursos económicos ni familiares) en Valencia.
Su página principal en internet: http://viktorgomez.blogspot.com

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Una respuesta a Poemas de Víktor Gómez

  1. Sublimes sensaciones

    Anónimo
    17 marzo 2011 at 21:23 pm

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