Levantado templo, de Miguel Pérez Alvarado

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Por Ernesto García López

Levantado templo
Miguel Pérez Alvarado

Pensamos con el cuerpo. O mejor dicho, el conocimiento es un proceso mental híbrido, resultado de la actividad del cerebro, del sistema nervioso y su interacción con el propio cuerpo. Toda representación tiene un correlato (in)corporado. Esto no quiere decir que nuestra experiencia se reduzca a su incardinación neurofisiológica ni que sus lógicas sean idénticas, sino que sus bases lo son, es decir, la tradicional separación cartesiana cuerpo-mente es, simple y llanamente, falsa. Por fortuna, hoy en día se tiene una percepción más compleja del cuerpo entendido como objeto de trabajo cultural, y es ya un clásico reconocer las relaciones de poder (dentro de la tradición foucaultiana) como ejercicio de un «biopoder», donde el disciplinamiento de los cuerpos constituye una de las esencias del sistema capitalista al mismo nivel que la apropiación de la plusvalía o el control de los medios de producción (en sentido marxista). ¿Por qué comienzo esta reseña así? ¿Qué relación guarda la teoría del «embodiment» (pensamiento in-corporado) con la obra poética de Miguel Pérez Alvarado? Pues, a mi juicio, mucha. La lectura de Levantado templo nos acerca desde lo poético a ese territorio, nos dibuja un campo semántico y un espacio ideacional entreverado, donde el cuerpo y sus relaciones con la historia, el paisaje, el tiempo, la otredad (en definitiva, con el conjunto de lo vivo) van más allá de un simple diálogo, constituyéndose en capacidad genésica de vislumbre.

«Con los dedos inflamo el espacio que abandonas.
Broto tu cuerpo en el aire.
Quedo vicioso,
Llorando, besando, mordiendo una sombra»

Este libro se compone de seis partes y un inicio. Cada una de ellas queda codificada por palabras generales, aparentemente inocuas, en las que todos seríamos capaces de reconocernos. Día primero: paisaje. Día segundo: hogar (madre, ciudad). Viaje: ida, ida. Día tercero: Amor (poemas del cuerpo en la llanura, poemas del cuerpo). Palabra. Cuerpo. Como ven, estos términos bien podrían acoplarse a la existencia cotidiana de la mayoría de la gente. En cierta medida resumen el trayecto vital de la tribu, las paradas principales donde articulamos nuestras vidas. Además, pueden ya observar la densidad de lo corporal en la arquitectura del libro. Ahora bien, no se llamen a engaño, esta estructura aparentemente «blanca» se adensa en cada estación, profundizando un modo de mirar y poetizar complejo que reconfigurará la propia voz al mismo tiempo que descentrará su lectura. Miguel Pérez Alvarado parece descender en círculos (a la manera de Dante) en la demarcación de la subjetividad, arrastrando en cada nueva estancia las mismas dudas que le atravesaban en la anterior. Esto da como resultado una poemática extrañada («No vine, / abro flores desde dentro. // Cae en ceniza la ceniza quemada, / como un corazón como un abrevadero. // Salto, caigo, deshabito, ensancho; / pero no vine. // Aunque dejo atrás los restos, / abro flores desde dentro»), que anhela comprender y para ello afila todas las capacidades con las que ha sido dotado el individuo. Pero (como ya hemos avanzado al inicio) es en el «cuerpo pensador» donde se habita y se juega la materia gris que nos reconoce como humanos, y la escritura, si quiere dar cuenta de ese juego debe traducir esa fisicidad inteligente, aprehensiva. Poesía sensorial. Poesía memoriosa. Poesía «ardiendo».

Los textos de Levantado templo se empeñan en deconstruir algunos dualismos largamente cronificados en nuestro universo intelectual. Naturaleza versus Cultura. Razón versus Emoción. Conocimiento versus Acción. Materialismo versus Idealismo. El trabajo de Pérez Alvarado indaga entre los intersticios de estas costas, las problematiza, las somete a impugnación, trasladando cada una de esas «presencias» al ámbito de lo desaparecido y de la sombra. Poemas breves, intensos, con incendiario poder simbólico. Atravesados por una suerte de videncia arraigada en lo real que, al contrario de nuestra tradición, experimenta, bucea, socava las bases de la narración figurativa, de la enunciación enfática. Y la presencia de un paisaje mítico, insular, rodeando las parcelas del lenguaje hasta acorralarlo: «las manos, / la sangre, / la isla: // no tuvieron raíz hasta que la noche cae, / trozos de mí fueron levantándome // si las manos, / la sangre, / la isla». Estamos ante un poemario innovador. Sabio en su búsqueda. Ojalá pueda ensanchar en breve su horizonte de lectores.

Levantado templo
Miguel Pérez Alvarado
Cíclope Editores, 2011
ISBN: 978-84-936452-3-6

http://ernestogarcialopez.blogspot.com/

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