Habla el poeta Javier Cristóbal, autor de Genealogía de lo imposible

Por Luis Muñoz Díez

 

Fotografía de Pablo Gómez


 

Javier Cristóbal, es un hombre joven sin edad, alto, fuerte, con ojos curiosos y vivos de niño. Paseó su infancia y su juventud por el confortable  barrio de Argüelles, entre su casa familiar y el colegio Decroly. Su temprana inquietud, le llevo a estudiar Psicología y Filosofía  y a buscar veredas por los caminos de la noche. Actualmente es profesor de Integración Social.

 

Rompe el mito del poeta romántico y ha hecho suyo el principio de mens sana in corpore sano, y acude a diario al gimnasio, y se le nota, rompiendo moldes caducos.

 

Luis Muñoz Díez y Javier Cristóbal

Quedo con Javier, para hablar de su libro “Genealogía de lo imposible”, una tarde caliente y lluviosa de primavera madrileña. La feria del libro que se celebra en El retiro vuelve a mojarse.

 

Acabo de leer su libro y la curiosidad que me ha suscitado su obra, me lleva a preguntarle, casi directamente después del saludo:

 

“Genealogía de lo imposible” es tu primer poemario que va a la imprenta. Justo debajo de las tres líneas donde se resume: cómo te llamas, el año de nacimiento, tus estudios y tu trabajo, sin más descanso que dos espacios, nos informan de que tu voz está entre lo existencial, lo irónico, lo vanguardista y lo confesional. Me gustaría que desmenuzases ese “todo” y me hablases de las partes ¿Qué tiene de existencial?


 

Bueno, lo cierto es que el término existencial puede entenderse de muchas maneras. En mi caso creo que puede aplicarse al hecho de indagar en los márgenes de la vida, en los lugares sombríos y a veces poco transitados de las preguntas fundamentales. ¿Vivir tiene algún sentido? Como dijo Camus, en “El Mito de Sísifo”, la única cuestión verdaderamente relevante de la filosofía es el suicidio. Y hay que resolverla sin escapatorias metafísicas, permaneciendo en el interior del sinsentido para afirmar con alegría trágica la vida

 

 

¿Por qué irónico?


 

Porque no entiendo ningún proceso creativo que se tome demasiado en serio a sí mismo. Porque necesito del humor para acabar con el “espíritu de la pesadez” que tanto denunció Nietzsche en su obra y que se encuentra agazapado en las raíces mismas de la vena lírica. Ya tenemos demasiado sentimiento trágico de la vida. La poesía también puede ser ligera. Ser hondo no está en absoluto en contradicción con ser ligero

 

 

 

Lo de vanguardista, si quieres se lo dejamos a criterio del lector,  pero me gustaría que me contases ¿que tiene tu poesía de confesional?


 

Supongo que la poesía es el género más confesional de la literatura, aunque creo que al final toda obra literaria es confesional, en el sentido de que un autor de novela siempre acaba desdoblándose en personajes que dan voz a sus múltiples formas de percibir la existencia. Claro que en ese tipo de construcciones es más fácil esconderse. Me gusta la desnudez en el poema. Y no sólo en el sentido de revelarme sin tapujos, sino también en el hecho de interponer el menor número de artificios posibles entre mi voz y el lector

 

 

Tu libro está impregnado de una inquietud existencial, por lo que me gustaría que dieras algún apunte de qué significa para ti la vida y su contrapunto con la muerte.

 

En mi poemario digo algo que puede resultar extraño o intranquilizador: “No tiene que ser importante la muerte”. Y lo mantengo. No tenemos por qué hacer de ella un fenómeno de extremada significación. Para mí más bien es un suceso más en el río interminable de los sucesos

 

El amor -en su acepción general-.


 

El amor es la sed de completud. La experiencia del abandono de uno mismo. Decía Khalil Gibran que es necesario conocer el dolor de sentir demasiada ternura. Creo que ese dolor es exactamente el amor

 

Javier Cristóbal

 

 

El Sexo ¿como mística y prolongación del amor? o ¿El sexo cómo valor independiente?


 

El sexo es la completud, pero no es la sed. No entiendo muy bien qué es eso de sexo por el sexo. Creo que todo sexo debe ser, en último término, sexo por el sexo. Pensar que puede ser un medio para llegar a algo en vez de vivirlo como un fin en sí mismo  ya es devaluarlo. Nos ha hecho demasiado daño el sentimentalismo barato y la civilización judeo-cristiana, con su noción de pecado y suciedad. Yo reivindico la suciedad de los cuerpos, la impureza del amor, el deseo siempre insatisfecho…

 

Querría que me dieras una opinión sobre la vocación de eternidad del hombre


 

Para mí una de las ideas más tranquilizadoras en la vida es la de la desaparición. La eternidad es ya muy cansada sólo como idea. No consigo entender la motivación que lleva a tantas personas a querer perdurar en forma de panteones, estatuas, recordatorios de todo tipo…Me siento verdaderamente limpio y completo cuando pienso en desaparecer en el viento, sin el mínimo eco, perfecto en una nada perfecta. No debe entenderse esto como una forma de nihilismo o de falta de amor por la vida. Muy al contrario; creo que el desapego profundo es la opción que nos permite disfrutar de lo que cae en nuestras manos en cada momento.

 

Te voy ha hacer una pregunta personal, y si quieres no me la contestes. El libro está dedicado a tu madre con una dedicatoria honda y tierna: “A mi madre, a su luz tiernísima e inextinguible”. La dedicatoria es incontestable, desarma y me parece perfecta, pero me sugiere una pregunta de índole general.  Tú de momento sólo eres hijo, porque aun no eres padre, y aquí la pregunta:

¿No crees que culturalmente la maternidad se haya sublimado a tales dimensiones, que ha eclipsado la figura del padre?


 

Evidentemente los roles paterno y materno tienen una gran carga cultural. Se han construido y siguen construyéndose en base a negociaciones y constantes intercambios normativos. Pero, en mi opinión existe un resto de “naturalidad” inalienable que perdura en mayor medida en el vínculo con la madre. Sé que es muy complicado usar el término “natural”, que sociológica y filosóficamente encierra una enorme cantidad de connotaciones que abrirían un debate inacabable, pero me estoy refiriendo a una intuición, a una especie de conocimiento puro e inmediato que me viene  a la mente cuando pienso en las figuras materna y paterna, y por supuesto no pretende ser esta respuesta un análisis riguroso ni extenso sobre los papeles de hombres y mujeres respecto a sus hijos en la sociedad actual, sino sólo una reflexión a vuelapluma de mi propia experiencia

 

 

Para terminar, una pregunta manida pero ineludible: ¿Por qué escribes?


 

Es una pregunta muy interesante. Descartando, como te decía antes, que escriba por un afán de permanencia o de eternidad, yo creo que lo que más me interesa es que mis poemas puedan hacer su propia vida, independizarse de mí, emanciparse, y en su camino conversar con niños curiosos, con adolescentes desorientados; meterse en la cama con mujeres, acompañar a algún anciano… Poblar lugares que yo jamás hubiera imaginado que existieran al escribirlos, transformarse, tener tantos significados como quieran darle los labios que conversen con ellos.

Sí; decididamente, creo que si escribo es con esa esperanza.

 

 

Hasta aquí la opinión de Javier Cristóbal, que ha publicado su primer poemario de la mano de Pablo Méndez en la editorial Vitruvio. Detrás de la poesía de Javier Cristóbal hay una marcada vocación canalla, elegida libremente por el autor, que cuenta con una sólida formación académica en psicología y filosofía. Le gusta columpiarse en el vacío y hundirse en el verdadero aprendizaje que es la existencia; como nos dice el poeta: “cómo un desierto, me configuro al antojo del viento”

Elijo acabar esta entrevista con las mismas palabras con que cerré la crónica de su presentación. Palabras del propio autor que define su obra, “Genealogía de lo Imposible” como “un tránsito desgarrador a la alegría”

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