Galicia en los cuentos de Emilia Pardo Bazán

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Por Cristóbal Navarro.

 

Emilia Pardo Bazán representa un papel importantísimo en la aceptación del término “cuento” a causa del gran número y del alto valor artístico de sus producciones en este género. Es interesante señalar la opinión que del cuento tenía doña Emilia:

 

“ El cuento será, si se quiere, un subgénero, del cual apenas tratan los críticos; pero no todos los grandes novelistas son capaces de formar con maestría un cuento”[1]

 

 

El genio de los cuentistas, en este caso de Pardo Bazán, reside en la habilidad para presentarnos, en un mínimo espacio, algo que refleje intensamente la condición humana. En el cuento lo importante, lo esencial, es la intensidad. Hay que captar el momento adecuado de la existencia.

Los cuentos reflejan las escuelas literarias en que nacieron y el tipo cambia con el tiempo. En la época de nuestra autora, el estilo es denso y compacto; la trama se adelanta de manera sistemática. Este cuento se caracteriza por sus propósitos morales y un énfasis de las costumbres populares y la vida cotidiana.

Llegados a la época realista-naturalista, encontramos numerosos cuentistas que influirán en la autora, como Maupassant o los hermanos Goncourt, pero sus cuentos siempre tendrán su propio sello de identidad.

 

Dentro de la ingente obra cuentística de Pardo Bazán, una buena parte está dedicada a Galicia. Más de un centenar de cuentos reflejan los diversos aspectos de la temática gallega.

Estos cuentos tienen valor ya por sí solos como documento viviente de la problemática rural y urbana de la Galicia de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. Proporcionan muchos datos para estudiar la vida gallega de la época, así como todo el cúmulo de costumbres, problemas, preocupaciones y creencias del campesinado gallego. En estos cuentos, doña Emilia ha tratado temas tan vigentes como los problemas de la tierra, el campesinado, el caciquismo, la emigración, etc.

El gran ciclo temático de los Cuentos de Galicia está dividido en dos capítulos:“ Cuentos rurales” y “ Cuentos de Marineda”.

 

No hay que olvidar que sus comienzos literarios coinciden con la aparición del regionalismo político y la floración del regionalismo literario. Es importante pues, su postura ideológica y su relación con los poetas gallegos de su generación y la crítica que de ellos hizo.

Pardo Bazán se muestra en contra del separatismo regionalista pero esta actitud no debe ser interpretada como desapego o traición a su tierra natal. Todo lo contrario, ya que sus cuentos representan el máximo exponente de lo que es la vida gallega, pues reflejan de manera palpable toda la problemática de la Galicia de la época. Su postura ante la literatura regional ha quedado manifiesta en sus discursos y en su aportación personal al regionalismo con su gran contribución al folklore gallego. Pero aparte de sus contribuciones al regionalismo gallego, su mayor aportación está en su propia obra y de manera especial en estos cuentos de tema gallego, que son un reflejo del alma de Galicia.

 

 

Pardo Bazán se dedica de un modo especial a descubrir la realidad que tiene ante sus ojos y que más profundamente conocía, convirtiendo algunos de sus cuentos de tema gallego en verdaderos documentos de la vida de Galicia.

 

A través de sus cuentos, doña Emilia nos ofrece una visión más clara y sentida de la realidad gallega en las diversas facetas que constituyen el multiforme mundo de la vida, las gentes, las costumbres, las creencias y el alma de Galicia.

 

 

 

 

El paisaje entero de Galicia está en sus cuentos. Pardo Bazán contempla Galicia con ojos de pintora. Fiel a la tradición del momento, concede una especial atención a las descripciones paisajísticas y a la pintura de interiores. Pero en el cuento no puede detenerse en las descripciones , éstas deben estar medidas y pulimentadas, para ocupar un lugar exacto como parte integrante del relato. Así, a través de breves trazos, perfectamente buscados y elaborados, recrea el paisaje de la tierra. Las descripciones paisajísticas de sus cuentos son manchas de color llenas de plasticidad y vida. Descripción impresionista que se encuentra dentro del tono general de la narración, como por ejemplo en “Cuesta abajo”

 

“Al revolver de la carretera, festoneada de olmos, descubrieron el pueblecito, tendido al borde del río- pintoresco, bañado de luz, con sus tres torres de iglesia descollando sobre el caserío arcaico, irregular-.Ningún efecto les hizo la hermosa vista”[2]

 

Con mucha frecuencia, el paisaje se estructura dentro de la narración en un juego de contrastes, procedimiento muy del gusto de la autora, para resaltar con mayor fuerza el efecto deseado, o aquellos donde nada hace presagiar lo que va a suceder:

 

“ El día era radiante. Sobre las márgenes del río flotaba desde el amanecer una bruma sutil, argéntea, pronto bebida por el sol” [3]

 

Unas veces nos ofrece un paisaje blando y suave, otras bárbaro y violento, pero a través de ambos nos demuestra el conocimiento que la autora tiene de su tierra natal. Uno de sus lugares preferidos para plasmar en sus cuentos será la montaña, ya que le proporciona inmejorables condiciones para retratar el mundo rural:

 

“ Acordábase sin cesar del fresco pradito en que apañaba hierba o apacentaba su vaca roja; del soto, en que recogía erizos; del maizal, cuyas panochas segaba riendo…”[4]

 

Por miedo del género corto Doña Emilia logró retratar a todas las clases sociales de la región, ayudada, sin duda, por su posición social y su curiosidad, señores e hidalgos rurales ; burgueses , taberneros…, dando muestras de ese “ sentido social “ que había advertido en los escritores rusos.

El personaje de estos cuentos es descrito de golpe, en un segmento arrancado de su lineal existencia, condensando los rasgos más característicos y definidos. No olvidemos que tiene que ajustar la descripción a la estructura del relato. Así nos encontramos con descripciones de todo tipo, desde el costumbrismo idealizador:

 

“ Era una rapaza fornida, morena, como el pan de centeno; entre el tono melado de la tez resplandecían los dientes(…); los ojos, negros y dulces, maliciosos, sonreían siempre”[5]

 

Pero en otras descripciones, Doña Emilia deja entrever un descarnado naturalismo:

 

“ A la puerta, un viejo trabajaba en fabricar zuecos de palo. Alzó la cabeza para saludarnos y vimos un rostro de mico maligno, en que pintaba a las claras la desconfianza, la truhanería y los instintos viciosos. En aquel mismo punto, una vieja cara bestial, de recias formas, de saliente mandíbula y juanetudos pómulos…”[6]

 

Cuando Pardo Bazán trata el tema del campesinado gallego, el hidalgo, el abad rural, el cacique, el curandero, etc, no describe un personaje particular y concreto, sino un prototipo que reúne y condensa en sí, los rasgos más comunes de la clase, punto de vista o estancamiento social al que pertenece. Pardo Bazán gusta de emplear este método propio de Zola.

 

El pazo es la versión gallega de la casa solariega. En ella viven los hidalgos. En sus cuentos, Doña Emilia muestra los vestigios del antiguo esplendor de la clase aristocrática gallega. Conforme la hidalguía gallega fue perdiendo sus privilegios y riquezas, el pazo fue mostrando una faz cada vez más ruinosa:

 

“ La casa solariega de los Aldeiros, mis antepasados, encontrábase en tal estado de vetustez, que por las rendijas del techo entraban los pájaros y veíamos amanecer perfectamente. Vidrios, ni uno para seña”[7]

 

Realista es también la descripción de los moradores de los pazos: los hidalgos.

 

“ Raimundo se encogió de hombros.¿Qué tenía que ver él con esas menudencias de pagos y de apremios? Cosa del mayordomo”[8]

 

Pero a pesar de su empobrecimiento, los hidalgos intentaron conservar los privilegios que durante tanto tiempo habían disfrutado.

 

“ Su democrática familiaridad con los labriegos procedía de un instinto de régimen patriarcal, en que iba envuelta la idea de pertenecer a otra raza superior, y precisamente en la convicción de que aquellas gentes “ no eran como ella” consistía el toque de la llaneza con que las trataba, hasta el extremo de sentarse a su mesa un día sí y otro también”[9]

 

Otra clase influyente dentro de la sociedad gallega es el clero. Gozó de posición privilegiada, como dueño de mayor parte del territorio, pero los acontecimientos políticos y sociales también habían golpeado a esta clase social y, al igual que los hidalgos, conservó gran influencia sobre el campesinado. En muchos de sus cuentos Pardo Bazán ha puesto de relieve el papel jugado por los curas rurales en el dominio político.

 

“ …que andaba loco trabajando por Don Julián a fin de desbaratar los planes del terrible cura de Cerverás, factótum de Don Jacinto”[10]

 

En estos cuentos encontramos una rica galería de abades rurales , llena de vida y de dinamismo. El abad gallego que aparece en los cuentos es antes hombre que sacerdote, tanto su apariencia exterior como su manera de ser están lejos de la compostura que su condición de eclesiástico requiere:

 

“ ¡Bah! lo que es por viejo…setenta y cinco cumplo yo para Pentecostés, y sesenta y seis hará él en Corpus; lo sé de buena tinta; me lo dijo él mismo. De modo que la edad…lo que es a mí me ha quitado la puntería, ¡ alabado sea Dios![11]

 

“ Pecador soy como el que más- prosiguió el párroco de Naya con la voz y el gesto transformados por una seriedad profunda-; pecador soy, indigno de que Dios baje a estas manos; no tengo vocación de santo, como el cura de Ulloa…”[12]

 

 

“ Javier miró a la cara de su tío. Tenía éste las narices dilatadas, la boca sardónica, la punta de la lengua asomando entre los dientes, las mejillas encendidas, los ojuelos brillantes, ni más ni menos que cuando en el monte el perdiguero favorito se paraba señalando un bando de perdices oculto entre los retamales y valles floridos”[13]

 

Como podemos comprobar en estos fragmentos, son personajes rudos, amantes de la comida, la bebida y el juego, no son estrictos con respecto a las faltas de la carne, pasan la mayor parte de su tiempo cazando con los hidalgos y, amigos de bromas y jaleos, siempre están dispuestos a la acción.

Doña Emilia, fiel a la realidad, no ha querido ocultar sus vicios ni defectos, pero también es verdad que ha sabido destacar sus virtudes. Es este mismo abad el que en los momentos difíciles da pruebas de una entereza y un profundo convencimiento del deber capaz de llevarle al heroísmo.

 

El campesino gallego tiene tres grandes enemigos: el foro, la contribución territorial y el reparto de consumos. El forista, el estado y el municipio son las tres grandes potencias que condicionan la estructura misma de la tierra y formas de vida rurales. Pero es el cacique el que maniobra en los tres niveles: es propietario que da sus tierras en “ foro”, “arriendo” o “aparcería”; controla el municipio y es el representante del poder del estado. El campesino sabe quién configura y determina su existencia. Esta es una realidad de la que el campesinado es perfectamente consciente.

 

En algunas ocasiones no son los propios caciques los despreciados por el pueblo, sino sus mayordomos y secretarios:

 

“- Bien, bien; yo preguntaré a Frazais…Veremos que me dice de toda tu historia…

¡A Frazais! ¡ Al mayordomo implacable, al exactor, a la coña del mismo palo…”[14]

 

En las frías noches de invierno se contaban las correrías de las gavillas de los ladrones y bandidos que sembraban el miedo por los caminos de la comarca, saqueando pazos y rectorales y se tejía la leyenda de los más afamados bandoleros de la época. La existencia de estos bandidos y gavillas durante todo el siglo XIX en Galicia es una realidad conocida. En tierras de Galicia alcanzaron fama algunos bandidos, cuyas leyendas perviven en la tradición popular. Existe la figura del bandolero que realiza admirables hazañas y que es temido y admirado por los paisanos. Es un bandido generoso que robaba a los ricos y ayudaba a los humildes, ayudado y encubierto por estos últimos, que se consideraban más identificados con el bandolero que con los poderosos que los explotan.

 

“ Manceba, encubridora y espía de ladrones, esperándolo al acecho para avisarlos, o a domicilio para esconderlos; ayudándolos y hasta acompañándolos, se ha visto a la mujer; pero la Pepona no ejercía ninguno de estos oficios subalternos, esa, reconocidamente , capitana de numerosa y bien organizada gavilla”[15]

 

La emigración en Galicia es una constante histórica, que desde los más remotos tiempos hasta la actualidad ha ido adaptándose al vaivén de los acontecimientos políticos, sociales y culturales. Prueba de ello son los cuentos sobre el tema, que constituyen un auténtico testimonio lleno de pesimismo y amargura ante esta cruda realidad:

 

“…los gallegos, viendo desaparecer entre las sombras las amadas costas de su tierra, no tenían valor ni para entonar uno de sus cantos prolongados y melancólicos”[16]

 

“ El tío Marcos Loureiro emigró porque no podía sobrellevar el peso de las contribuciones ni sostener con su labor agrícola a la mujer y a los tres rapaciños”[17]

 

“ Una oleada de felicidad se esparció por todo su cuerpo…¡ y Don Pánfilo que volvía soltero, solo; que no tenía en Marineda parientes , ni acaso amigos, después de 25 años que faltaba de allí…”[18]

 

Por medio de estos cuentos que tratan el tema de la emigración podemos observar que a los gallegos o a los indianos que regresan a su tierra los invade la tristeza, el fracaso, el engaño. Pero por encima de esto, para ellos la verdadera tragedia está en que Galicia se desangra poco a poco. También doña Emilia clamaba contra esto.

El campesino gallego tiene un lugar de primer orden en estos cuentos rurales. A través de sus descripciones la autora nos da una amplia visión de las gentes de la tierra y del universo que las rodea.

Doña Emilia retrata a los campesinos como hombres de carne y hueso, a través de una descripción realista que aleja a los campesinos del retrato romántico idealista en el que tradicionalmente se veía envuelto.

 

Pero, si no es a través de la emigración, debido al sistema contributorio, son muy pocos los campesinos que llegan a conseguir una pequeña propiedad.

 

“ Aquella casita nueva tan cuca, tan blanqueada, tan gentil, con su festón de vides y el vivo coral de sus tejas flameantes, cuidadosamente sujetas por simétricas hiladas de piedrecillas; aquellos labradíos…”[19]

 

La organización político-administrativa tiene en Galicia características peculiares. La unidad inmediata que configura al campesinado es la casa. La casa está enclavada en un lugar o aldea, que a su vez forma parte de una parroquia, que pertenece a un determinado municipio.

 

La casa del campesino gallego ofrece una estructura pobre y simplificada, acorde con el carácter eminentemente utilitario que la necesidad y la falta de medios imponen. En una región como la gallega, con sus diferentes comarcas, existen tipos muy variadas de casas populares: varían con el clima, la altitud…

La vivienda que Pardo Bazán describe en sus cuentos tiene un denominador común: es un reflejo del estado de miseria y abandono del campesino gallego:

 

“ Tres cuartos de hora después, Juliana, sola, inquieta, muy recelosa de que al volver a casa le riñesen por la tardanza, pasó a recoger al niño en la casucha del tejero, mísera vivienda desmantelada, donde el frío y la lluvia penetraban sin estorbo por la techadumbre a teja vana y por las grietas y agujeros de las paredes”[20]

 

“ Y qué bien “componía”, coronando el rústico molino y la pobre casuca de los molineros, el gran castaño de horizontales ramas y frondosa copa(…)-pues no le tenía la casa del molinero, ni aun hoy la tienen muchas de las casas de los aldeanos de Galicia-sino por todas partes; puertas, ventanas, resquicios del tejado y grietas de las desmanteladas paredes!”[21]

 

Cada día el campesinado gallego come el tradicional “caldo” de berzas, harina de maíz y, cuando había, patatas:

 

“ Hecha a vivir con una taza de caldo de legumbres, la “mayorazga” andaba pidiendo recetas de dulces a las monjas.”[22]

 

“ Sabía yo que esta modesta e idílica prosperidad era obra de un hombre, pobre como los demás labradores, que viven en madrigueras y se mantienen de berzas cocidas y madrugos de pan de maíz…”[23]

 

En conjunto, la alimentación de los campesinos no se diferencia mucho de la de los animales que posee. Este hecho es comprensible si tenemos en cuenta la extraordinaria importancia que el ganado tiene para los campesinos, pues es algo tan importante como su propia vida:

 

“ Y el pobre hombre , cuando me lo decía, tenía los ojos como dos tomates, encarnizados de llorar.¡ Ya comprende usted lo que es para el labriego su ganado! Dar aquel terreno era, en plata, dar las telas del corazón”[24]

 

Por ello, el campesino tenía un cuidado extremo a la hora de cuidar el ganado:

 

“Apenas las “raquiñas” descabezaban de mala gana la hierba, ya estaba avisado el veterinario, porque ¡válganos San Antonio milagroso! los animales no hablan, y sabe Dios si tienen en el cuerpo espetado el cuchillo mientras parecen buenos y sanos…”[25]

 

A través de la indumentaria, Pardo Bazán también nos caracteriza al campesinado gallego:

 

“ Tal vez sea Rezois el punto de Galicia donde se conservan más fielmente el traje regional y las costumbres añejas, y el tío Amaro, con sus sesenta años del pico, ni un solo domingo dejó de lucir el calzón de rizo azul, el “ chaleque” de grana, la parda montera y la claveteada porra, que jugaba muy diestramente”[26]

 

Existen muy diferentes tipos de traje, según el campesino se encuentre en una situación acomodada o si es más pobre, incluso podemos encontrar diferencias entre las distintas regiones. Así, nos describe el traje de la montaña:

 

“ Los dos vestían el genuino traje de la comarca montañosa, algo semejante a la vestimenta de los vendeanos y bretones, aunque en vez de amplias bragas usaban el calzón ajustado de lienzo bajo el de paño pardusco”[27]

 

A la figura de la aldeana gallega dedicó Emilia Pardo Bazán una atención especial. La campesina gallega juega un papel fundamental dentro de la familia. Además de las tareas de la casa, el cuidado de los hijos, se dedica a las faenas del campo, ya sea trabajando las tierras ya sea vendiendo su fruto.

 

En los cuentos Doña Emilia deja entrever el efecto que sentía hacia estas mujeres y a lo largo de ellos nos encontramos con numerosas descripciones de éstas:

 

“ La “Mayorazga”, fornida, alta de pechos y de ademán brioso, con carrillos de manzana sanjuanera, dotada de bozo en el labio superior, dientes recios, manos duras, complexión sanguínea y expresión franca y energética”[28]

 

“ Mariniña reina y atrae las voluntades: ya arisca, ya risueña, pronta a la chaza; instantánea en reprimir a los obsequiadores desmandados y sueltos de manos en demasía; activa y fuerte en el trabajo, animosa y de recios puños para erguir el saco lleno o ayudar a descargarlo y a vaciarlo…”[29]

 

“Esteban contempló un instante a la miedosa. Era una rapaza forniza, morena, como el pan de centeno; entre el tono melado de la tez resplandecían los dientes, semejantes a las blancas grijas pulidas cristalinas que el mar arroja a la playa; loa ojos negros y dulces, maliciosos, reían siempre” [30]

 

No debe extrañarnos que esta mujer que nos describe Doña Emilia sea una mujer fuerte y vigorosa, debido en buena medida a su trabajo, aunque también aparezca en otras ocasiones caracterizada como mimosa y dulce.

 

Multitud de costumbres y ritos ponen de manifiesto las creencias y supersticiones del campesinado gallego, sobre todo, el mundo de la ultratumba, que es sentido como algo vivo y palpitante, rompiendo la insalvable distancia entre estos dos mundos, acercando la muerte a la vida.

 

La noche es el punto crucial, donde las almas en pena vuelven a este mundo para ponerse en contacto directo con los vivos. Un complejo ceremonial reviste esta creencia.

Una de las máximas representaciones de esta creencia en las almas del Purgatorio la constituye la procesión de las ánimas, conocida como “Santa Compaña”

 

“Apenas las luces se divisan en la aldea en la aldea, cuando un pánico temor se apodera de todos los vecinos; ciérranse las ventanas, atráncase las puertas, cada una se encomienda al santo de su mayor devoción y entre la consternación y espanto general escúchanse las voces de :¡a compaña! ¡a compaña![31]

 

Emilia Pardo Bazán deja constancia de esta creencia en alguno de sus cuentos:

 

“ Esta noche de invierno, cercana ya a la vigilia de los difuntos, “Cometerra” explica a su nieto lo que es la “Compaña” o “Hueste”.Es un legrón de muertos que, dejando sus sepulturas, llevando cada cual en la descarnada mano un cirio, cruzan la montaña, allá a lo lejos, visibles solo por la vaga blancura de los sudarios y por el pálido reflejo del cirio desfalleciente.¡Ay del que ve la ¡Compaña! ¡Ay del que pisa la tierra en que se proyecta su sombra !Si no se muere en el acto la vida se le secará para siempre a modo de hierba que cortó la fouce”[32]

 

Pero Doña Emilia intenta suprimir estas supersticiones. Utiliza la creencia popular como núcleo, a partir del cual desarrolla su relato, poniendo al descubierto la falsedad de la superstición; incluso, en ocasiones, trata el tema con tono humorístico:

 

“ Los mil ruidos de la naturaleza, el correteo de las alimañas, el manso rumor del follaje, adquirían a tal hora y en tal sitio medrosa solemnidad…”[33]

 

Doña Emilia Pardo Bazán ha tenido siempre presente su tierra en sus cuentos y a pesar de ser conocedora de otros mundos y haber visto multitud de paisajes, ha querido dejar presente el gallego en su obra . Ella misma se lo ha dicho a su amigo Francisco Giner de los Ríos:

 

 

 

 

“ Bien supo usted visitar toda España, ¿ cree usted que aquí no hay monumentos, costumbres, naturaleza, quizás superior a la de todas las demás provincias?”[34]

 


[1] Fragmento extraído de OSBORNG, Robert E.; Emilia Pardo Bazán. Su vida y sus obras. México, 1964.Pág. 93.

[2] “Cuesta abajo”, en Emilia Pardo Bazán; Cuentos Completos, ( ed. De Juan Paredes Nuñez ), La Coruña, 1990.

[3] Ibidem, “ El fondo del alma”, pág. 42.

[4] Ibidem, “ Poesía humilde”, pág. 311

[5] Ibidem, “Cuesta abajo”, pág. 326.

[6] Ibidem, “Los padres del Santo”; pág.359.

[7] Ibidem; “ La casa de Karnar “; pág. 79

[8] Ibidem; “ El trueque”; pág. 51.

[9] Ibidem; “La mayorazga de Bouzas”, pág. 22

[10] Ibidem; “Ardid de guerra”, pág. 336.

[11] Ibidem; “Nieto del Cid”, pág. 30

[12] Ibidem: “ Viernes Santo”; pág. 59

[13] Ibidem; “Nieto del Cid”, pág. 32

[14] Ibidem; “ El trueque”; pág. 51

[15] Ibidem; “La capitana”, pág.343.

[16] Ibidem, ,de “Polizón” pág.87

[17] Ibidem, “ El tetrarca de la aldea”; pág. 63.

[18] Ibidem; “Saletita”, pág.91

[19] Ibidem; “ La amenaza”; pág. 44.

[20] Ibidem; “ El trueque”, pág. 53.

[21] Ibidem;”Un destripdor de antaño”,pág.6

[22] Ibidem, “ La “Mayorazga” de Bouzas”, pág. 23.

[23] Ibidem; “ La amenaza”, pág.45

[24] Ibidem, “Viernes Santo”,pág.57

[25] Ibidem; “Que vengan aquí…”págs.49-50.

[26] Ibidem; “Que vengan aquí…”pág.49

[27] Ibidem; “Planta montés”, pág.38.

[28] Ibidem, “La “Mayorazga” de Bouzas”; pág.22

[29] Ibidem, “El molino”, pág.188

[30] Ibidem; “Cuesta abajo”;pág.326

[31] Xan Rof Carballo, Mito e realidade da terra nai; pág.66-67.

[32] Ibidem; “La Campaña”,pág.176.

[33] Ibidem; “El pinar del tío Ambrosio”,pág.37.

[34] Freire, Residentes , lembranzas y recuerdos, Emilia Pardo Bazán en una carta a su amigo Francisco Giner de los Ríos, pág.42.

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