“Recuerdos de un callejón sin salida”, de Banana Yoshimoto

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Por Robert Sendra.


El Callejón sin Salida, o Fukurokoji, es el nombre del bar que descubre una de las protagonistas creadas por la escritora japonesa Banana Yoshimoto (Tokio, 1964). Su personaje femenino, Mini-chan, se encuentra desorientada y atormentada después de recibir una de las noticias más tristes que hubiera podido imaginar y de ver desestabilizada su vida hasta entonces monótona. A lo largo de la historia que protagoniza, la chica entablará amistad con el camarero del pub, un alma libre y espontánea que le enseñará a gozar de los pequeños momentos. La estancia en el bar y la calma espiritual que emana de él se erigirá, pues, como un purgatorio para curar las penas, abandonar la nostalgia y estar más cerca de una situación de bienestar. Todos los personajes de los cuentos de Recuerdos de un callejón sin salida (Tusquets) se ven obligados a pasar por duras travesías del desierto para madurar y asimilar sus desencantos amorosos, las muertes más cercanas y los traumas infantiles.

 

En este sentido, las cicatrices del pasado y la imposibilidad de una vida plena, relajada y sin preocupaciones rondan todas las historias recopiladas por Banana Yoshimoto y las colman de una pátina de languidez y de melancolía, que si tuviera que materializarse de algún modo, escogería la estación otoñal y lo llenaría todo de nubes grises, silencios eternos y monotonía. En un epílogo casi exculpatorio, Yoshimoto, que es, junto con Haruki Murakami, una de las voces japonesas que más ha seducido a Occidente, reconoce que sus cinco cuentos tienen un fuerte aroma autobiográfico que la trasladan hasta momentos difíciles de su vida. “Últimamente sólo escribo tristes y dolorosas historias de amor”, confiesa. De hecho, también cuenta que, quizás, lo que pretendía con sus relatos era, justo antes del nacimiento de su hijo, digerir las malas experiencias del pasado, del mismo modo que lo hacen sus personajes femeninos.

 

Sin embargo, no hay que buscar en Recuerdos de un callejón sin salida grandes traumas ni escenas apasionadas que se propongan estimular los conductos lacrimales del lector. Los cuentos de Yoshimoto son comedidos y elegantes. Ni los momentos de tristeza provocan locura en los personajes, ni la búsqueda de soluciones deriva en una felicidad absoluta. Los personajes logran salir adelante de forma discreta a través de su propia aceptación y madurez.

 

A través de la cadencia calmada de su estructura narrativa y de su lenguaje prístino e ingenuo, la colección de Yoshimoto deja entrever algunos rasgos de la cultura nipona. Resuenan con fuerza, pues, valores como el del honor, la reputación del nombre propio, la lealtad, la jerarquía familiar y laboral o el miedo al fracaso.

 

 

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