Entrevista a Inma Chacón: finalista Premio Planeta por “Tiempo de arena”

 

Por Benito Garrido.

Fotografías Pablo Álvarez.

 

A propósito de su última novela, Tiempo de arena, con la que ha quedado finalista del prestigioso premio Planeta, hemos entrevistado a la escritora Inma Chacón.

 

Inma Chacón (Zafra, Badajoz, 1954).  Es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y profesora de Documentación en la Universidad Rey Juan Carlos.  Ha sido decana de la facultad de Comunicación y Humanidades en la Universidad Europea. Fundó y dirigió la revista digital Binaria: Revista de Comunicación, Cultura y TecnologíaLa princesa india fue su primera incursión en el mundo de la narrativa, a la que siguieron Las filipinianas y Nick, una novela juvenil donde se cuenta una historia de amor a través de la red.  También ha publicado los poemarios Alas, Urdimbres y Antología de la herida.

 

Tiempo de arena.  Inma Chacón.  Editorial Planeta, Barcelona 2011.  430 páginas.  21,00 €

 

Una apasionada historia de amor y traición en la España de principios del siglo XX.  Tres mujeres, tres visiones del mundo, dos amores postergados, un engaño cruel y un terrible secreto familiar.  Estos son los elementos que conforman esta apasionante historia que tiene lugar a lo largo de las primeras décadas del pasado siglo y que sirve de telón de fondo de una época de cambio donde las mujeres comienzan a buscar su lugar en una sociedad patriarcal que las relega a ciudadanas de segunda clase, empiezan a ver el futuro más allá de los salones y los fogones, e intentan abrirse paso en la vida pública y política del país.

 

Muy joven, pero ya en el lecho de muerte, Xisca, hija de unos marqueses retornados de Filipinas a Toledo, grita inconsciente por que encuentren a sus hijos.  La tensión es tremenda pues nunca nadie supo de ningún embarazo de la muchacha.  Mariana, su madre, achaca las palabras al delirio, mientras que Munda y Alejandra, sus tías, se proponen descubrir qué hay de verdad tras ese último grito de sus sobrina.  Comienza así una apasionante inmersión en la historia de las mujeres Camp de la Cruz, herederas de un rico hacendado español, y de sus incompatibles diferencias vitales.

 

Con un estilo que transita entre el lirismo de lo íntimo y la sobriedad de lo público, la novela se enmarca en momentos estelares de la historia: el comienzo de la Primera Guerra Mundial, los postulados de la Institución Libre de Enseñanza, las logías masónicas como elemento modernizador (la masonería femenina), el hundimiento del Titanic, o el movimiento sufragista inglés.  También hace referencia a personajes fundamentales para el cambio social en España, como Victoria Kent o Carmen de Burgos.  A través de la lucha de Alejandra por conseguir un puesto en la vida pública, asistimos a la lucha de todas las mujeres, a través de su visión del mundo y de las relaciones amorosas, presenciamos el inicio de una revolución sexual que eclosionaría décadas después.


Entrevista:

 

P.- ¿Qué te impulsó a escribir esta colección de historias entrelazadas, de personajes cuyas vidas están ubicadas en una época que parece no les debería haber tocado vivir?

Por un lado, me atraía el siglo XIX que es un momento histórico bastante desconocido, incluso en las clases de historia se pasa muy por encima.  Y por otro lado, estaba interesada en cómo habían vivido los españoles emigrados a Filipinas.  Un tatarabuelo mío fue uno de los que se trasladaron allí con su familia.  Allí nació mi abuela.  Quería saber qué buscaban y por qué en un sitio tan lejano y recóndito.  Y a partir de ahí, ya empiezo a encontrarme muchos temas como la independencia de las colonias: realmente los filipinos no se querían independizar, solo reclamaban tener los mismos derechos que los españoles, ser una provincia española más.  Los criollos eran ciudadanos de segunda: no podían tener tierras, ni trabajo en la administración…  Tenían muchas limitaciones en los derechos civiles respecto a los españoles nacidos en la península.  Como eso no les era concedido, surgió en ellos la necesidad de tener una identidad propia.  Me parecía algo fascinante, igual que los movimientos independentistas que fueron surgiendo entonces.  Movimientos en los que estaban muy metidos los masones, otro tema realmente interesante.  De hecho, los grandes próceres de las revoluciones anticolonialistas eran casi todos masones.  Descubrí en mis investigaciones que la masonería es una sociedad que lo que busca es la libertad, la igualdad y la fraternidad (lemas de la revolución francesa), el perfeccionamiento del hombre y el acceso al conocimiento, y la independencia del hombre.  Y eso, en el fondo, es lo mismo que buscan los independentistas.  Todos estos temas me engancharon para escribir mi libro.

 

P.- ¿Cómo surgió en la vida de Inma Chacón lo de novelar, escribir, hacer literatura?

Yo nunca tuve ese pensamiento.  Yo estaba metida en mi mundo universitario.  A mí me gusta mucho la docencia, y estaba encantada siendo profesora de documentación en la universidad.

En diciembre de 2003 a mi hermana Dulce le diagnostican un cáncer terminal.  En ese momento, ella iba a empezar la escritura de una novela, pero supo perfectamente de que no iba a poder terminarla.  Aquel día, ella me abrazó y me preguntó:  Inma, ¿la escribirás tú?  Yo le respondí: anda, no digas tonterías, la escribirás tú misma.  Ella quería escribir la historia de una princesa azteca que viene a España con un capitán del ejército de Hernán Cortés, contar la conquista de América desde el punto de vista de los conquistados.  Pero el hecho es que no pudo comenzar esa novela, y entonces me lo volvió a pedir otra vez, y ya no me pude negar.  Se lo prometí.  Era una manera de reconfortarla.  No me gusta hacer promesas, no las hago casi nunca, porque una promesa implica una desconfianza.  En este caso, yo lo prometí.  Porque de quien no me fiaba, era de mí misma, ya que yo nunca había escrito una novela.

Empecé entonces a escribir la historia de su princesa.  No sabía si iba a ser cuento o novela. Empecé a dar forma a la línea argumental que ella me había contado, hasta que nació La princesa india.  Hay gente que piensa que Dulce comenzó la novela y yo la terminé.  Pero no es así, ella no llegó a escribir ni una sola línea porque le fue imposible.  Y tampoco nos había contado la historia que ella tenía en su cabeza.  Quien haya leído el libro se dará cuenta que en el fondo ese libro es un homenaje que yo he hecho a mi hermana, porque la princesa protagonista es ella.  Lo dejé todo para dedicarme por completo a esa novela, que por otro lado, me permitía no sobrevivir, sino vivir cada uno de los días.

Y cuando terminé la novela, me pregunté ¿qué hago?. Y la respuesta era simple, pues empezar a escribir otra.  Y aquí estoy.  Y ahí fue donde ya verdaderamente le cogí el gusto a la narrativa.

 

P.- Tiempo de arena es una novela comprometida con unos ideales de libertad, de lucha por los derechos básicos.  ¿La escritora también es así?

Yo soy una persona muy comprometida.  Y ese compromiso lo llevo también a lo que escribo.  No es que piense que toda la literatura debe ser comprometida.  Lo que quiero comunicar en mis textos es lo que siento y lo que pienso, y para ello utilizo personajes de ficción.  Y las ideas que defiendo están también en mi literatura.  Así, como en el caso de Tiempo de arena, si una mujer demanda el derecho a una educación superior, eso es algo que siento y demando yo también.  En el siglo XIX las mujeres no podían ir a la universidad, no tenían independencia económica del marido, no podían hacer nada por sí mismas, siempre estaban tuteladas (marido, padre o tutor).  La única mujer independiente era la viuda, precisamente por eso, y siempre que no se volviese a casar.  En aquella época, el hombre que podía permitírselo, tenía su amante (la barragana) reconocida por todos, incluso tenía hijos con ella, y presumía de ella y de las joyas que le regalaba.  En mi novela, una de las mujeres protagonistas reclama que si un hombre puede tener dos mujeres, por qué una mujer no puede disfrutar de tener dos hombres.  No es cuestión de defender la bigamia pero sí es algo que se vivía y respiraba en ese momento.

 

P.- ¿Crees que es importante haber vivido determinadas sensaciones y experiencias para poder escribir a conciencia sobre ellas?

Escribir desde la madurez creo que debe ser más fácil que desde la juventud.  Yo como en mi juventud no he escrito, no te lo puedo decir.  Pero creo que la experiencia y el poso que te va dejando la vida es algo importante a la hora de escribir, porque escribir es un ejercicio de introspección.  Entonces si tú tienes más vivencias, el ejercicio será más profundo y más rico, en el sentido que tienes más donde buscar.  Seguramente la escritura de juventud sea muy diferente de la escritura de madurez.

 

P.- Otros temas clave en tu novela son el universo femenino y la familia.  ¿No teme llegar a mostrar demasiado de su interior?

Mis personajes son ficción.  Otra cosa es que mucha gente, cuando lee mis novelas, identifica a los personajes con alguien de mi entorno.  Algo curioso que yo no he tenido en cuenta al escribir esta novela.

 

P.- ¿Cómo se plantea el desarrollo de unos personajes tan vitales y profundos?

Antes de comenzarla, yo ya sabía los personajes que iban a aparecer y las características que tendría cada uno: Mariana, como una mujer dura y controladora que no expresa sentimientos; Munda que iba a ser una mujer independiente, masona, que lucha por la libertad y la igualdad; y Alejandra que adapta los postulados de Munda pues va creciendo siempre a su lado, pero que también quiere mucho a Mariana.  Alejandra es la que va a querer ir a la universidad y va a cumplir las utopías de Munda.  En principio, estos tres personajes los tenía muy claros y definidos.

Antes de emprender la escritura de la novela, yo cojo un cuaderno de viaje, donde voy trabajando los personajes, el tiempo de la narración, anoto cualquier documentación…  Y en ese cuaderno de trabajo, ya están definidos los personajes, que conforme vas escribiendo, se van desarrollando.  También aportas cosas nuevas a la historia, que puede coger derroteros que ni tú mismo te habías planteado.  Quizás también surge algún personaje nuevo que no habías planeado.  De pronto tienes una idea y la incorporas.  Es como una aventura que se va desarrollando cada día, que va creciendo contigo.  Realmente es un trabajo muy rico porque sé donde empieza y donde acaba la historia, lo que no sé es cómo.

 

P.- ¿Necesitas de un entorno especial y adecuado para escribir?

Sí.  Hace falta tener mucho recogimiento.  Hace falta tener mucha disciplina y mucho tiempo.  Yo no me siento al ordenador si no sé que tengo cuatro horas por delante, por lo menos.  Media hora no me sirve.  Cuando estoy metida en la redacción de la novela, trabajo a destajo, y me molesta mucho que me interrumpan.  La constancia y la investigación son imprescindibles en mi trabajo diario.  Por la noche ya me acuesto pensando qué es lo que voy a escribir a la mañana siguiente.

Como yo he empezado a escribir muy tarde, a mí lo que me falta realmente es tiempo.  Tengo la fortuna de tener muchas cosas que contar.  Pero creo que no voy a poder escribir todas esas novelas que ahora mismo tengo en la cabeza

 

P.- ¿Cuáles son tus influencias literarias?

Para esta novela en concreto he leído muchos autores del siglo XIX: Flaubert, Clarín, Pérez Galdós, Baroja.  Autores que han escrito en ese siglo y sobre mujeres de ese siglo.  Tristana, La Regenta o Madame Bovary han sido para esta historia mis tres libros de cabecera.

 

P.- ¿Cómo se vive un premio como este?

Es como una fiesta continua, como el día de Reyes.  A mí me han traído el mejor de los regalos.

 

 

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