Entrevista a Claudia Piñeiro por “Betibú”

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Por Benito Garrido.

 

A propósito de su última novela Betibú (Editorial Alfaguara, 2012), hemos entrevistado a la escritora argentina Claudia Piñeiro.

 

Claudia Piñeiro nació en el Gran Buenos Aires, en 1960. Es escritora, guionista de televisión y colaboradora de distintos medios gráficos. Obtuvo premios nacionales e internacionales por su obra literaria teatral y periodística. Ha publicado la novela Tuya (2005), finalista del Premio Planeta 2003, y los relatos para chicos Un ladrón entre nosotros (2005), Premio Iberoamericano Fundalectura-Norma 2005 de Colombia, y Serafín, el escritor y la bruja (2000), que fue traducido a otros idiomas. Su obra de teatro Cuánto vale una heladera fue estrenada en el marco del ciclo Teatro X la Identidad 2004 y publicada por el Ministerio Educación, Ciencia y Tecnología. Las viudas de los jueves fue premiada con el Clarín 2005 por un jurado compuesto por José Saramago, Rosa Montero y Eduardo Belgrano Rawson.

 

Betibú.  Claudia Piñeiro.  Editorial Alfaguara, Madrid 2012.  Novela.  354 páginas.  18,50 €

 

En un inaccesible y vigilado country de Argentina aparece degollado Pedro Chazarreta, sentado en su sillón favorito, con una botella de whisky vacía a un costado y un cuchillo ensangrentado en la mano. Todo hace suponer que se trata de un suicidio. Pero pronto aparecen las dudas. ¿Acaso algún justiciero habrá querido vengar la muerte de la mujer del empresario, asesinada tres años antes en esa misma casa? ¿Será ésta la última muerte?

 

El Tribuno, uno de los diarios más importantes del país, deja de lado por unos días su enfrentamiento con el gobierno para cubrir a fondo la noticia. Al escenario del crimen, envía a Nurit Iscar, Betibú, una escritora retirada que jamás digirió una mala crítica, y a un periodista joven e inexperto, el pibe. Y aunque el antiguo jefe de la sección Policiales, Jaime Brena, ha sido desplazado por volverse demasiado molesto para el director del diario, decide involucrarse en el caso y ayudar a su sustituto y a Nurit, a quien admira en secreto.

 

Una novela que atrapa al lector en cada página, en la que Piñeiro vuelve a utilizar su singular estilo narrativo para contar la investigación de un crimen y trazar un retrato del país. Lectora aguda de la realidad y de los comportamientos sociales, la autora echa luz sobre las relaciones entre el periodismo y el poder y sobre los cambios que se han producido en los medios de comunicación (el papel de las redes sociales, las nuevas generaciones de periodistas, le nuevos procedimientos para buscar información, cómo ha cambiado el trabajo de las fuentes…). Piñeiro nos enfrenta a un mundo de límites y controles en el que, a pesar de todo, siempre existe la posibilidad de tender puentes y apostar de nuevo.

 

Entrevista:

 

P.- Si tuvieras que calificar tu novela ¿Qué sería más una novela negra, una ficticia crónica periodística, o quizás una comedia urbana?

Es el resultado de una mezcla de todo eso. Lo que sí te puedo asegurar es que es la primera historia que he escrito, que desde el primer momento, me planteé como una novela de género. Aunque en otras el plano de novela negra va por debajo del tema principal, en este caso la trama central era negra, y se redondeó añadiendo otros posibles géneros que complementaban ese eje. De ahí, que también tenga algo de comedia y de crónica periodística. De hecho la he presentado en el certamen BCNegra de Barcelona.

 

P.- ¿Pretendes trazar un reflejo de lo que está pasando en la Buenos Aires actual? ¿Es ese quizás el trasfondo de crítica social que se perfila?

Hasta ahora las novelas que escribí están muy pegadas al lugar y al momento en que vivo. Y en estos días lo que más viven de cerca los argentinos es el enfrentamiento que existe entre medios y gobierno, y también entre los mismos medios que son más o menos afines. La gente no es ajena a este conflicto, no es algo exclusivo de periodistas o políticos. Según que diario compremos, éste mostrará una forma de ver la realidad u otra, y si queremos tener un sentido crítico coherente, tendremos que leer diferentes periódicos (los que están a favor y en contra), y sacar tu propia conclusión. Esto es lo que realmente está pasando y lo cuento, no es cuestión de profundizar a la búsqueda de una crítica concreta. Esto es lo que hay y nos podrá gustar más o menos. Yo preferiría que hubiese más medios que no se decantaran hacia un lado u otro.

 

P.- Tu novela es muy visual. ¿En ella das más importancia a la trama o a los personajes?

Mis novelas son siempre historias de personajes. La novela es el desarrollo de la conciencia de un personaje. Lo importante de los personajes ya no es tanto su aspecto físico, sino como toman decisiones en situaciones límite. Eso es lo que caracteriza verdaderamente a un personaje. La trama ayuda en la evolución de los mismos, pero llega un momento que trama y personajes terminan siendo lo mismo. Por otro lado, yo pienso en imágenes, habitualmente veo la escena concreta. Cuando imagino una escena, primero la veo, y después busco las palabras para contarla, y eso hace que sea mucho más cercana.

 

P.- Personajes entre los que se plantea un claro enfrentamiento generacional. Algo que se termina convirtiendo en un aprendizaje mutuo.

Mis personajes son conscientes del momento que viven, unos a la mitad de su vida, otros no. Se produce un cruce generacional que puede llegar a ser un abismo. Internet por ejemplo se plantea como algo básico o no, depende de quien lo vea. En la actualidad se plantean cuestiones como la de limitar el acceso a la red a nuestras nuevas generaciones. Yo creo que no se trata de eso, sino más bien de establecer mecanismos para que esos usuarios no se lastimen, como en su momento ya nos enseñaron a cruzar correctamente un semáforo. Yo por mi edad, estoy en un punto bisagra: si miro hacia arriba nadie quiere entrar, y si miro hacia abajo están todos adentro. Y esto es algo que yo trato en mi novela a través de la relación entre el pibe y Brena: uno tiene mucho que enseñar por su experiencia de años, y el otro tiene mucho que aportar por sus conocimientos en informática.

 

P.- ¿Es el instinto el que quizás nos lleva a ser asesinos? ¿Puede ser que la situación social también influya en la creación de criminales?

Vos sabes que en Argentina tenemos muy arraigado la analítica. Existen pactos implícitos en los que se plantean: reprimo la agresividad natural y la sexualidad natural que tengo para poder vivir en sociedad; yo no ando matando o violando gente porque vivir en sociedad me va a dar ciertos beneficios. Pero si esas ideas las juntas con una utopía como la del capitalismo (que siempre te va a proteger, vas a tener trabajo, etc) que últimamente se va desarmando, eso también provoca que haya gente que salga de el sistema, o se plantee porque estar dentro de un él si no le da la esperada contraprestación.

Todo ello, más allá de los problemas psicológicos que esa persona pueda tener. Es difícil imaginar que alguien pueda ser asesino porque piensa que uno mismo no lo es. Es un punto muy complejo de pensar. A mí me interesa esa quiebra de los pactos, sobre todo, ese aspecto que se ve tanto en las noticias policiales, del criminal que tiene un perfil de persona muy cercana a ti, gentes cualesquiera, que como otros muchos van a trabajar, a hacer la compra… ¿Qué le pasó a esa persona para de pronto convertirse en un asesino? Ese perfil me interesa mucho más que el del perturbado que solo piensa en formas de matar. El deseo de matar a alguien casi todos lo conocemos, lo que pasa es que lo controlamos.

 

P.- ¿Qué de tintes autobiográficos puede tener la protagonista de Betibú?

Yo trato de ponerme en los zapatos de cada uno de mis personajes, y que tengan algo de mí. En el caso de esta protagonista que es una escritora y periodista, quizás es más directo y uno encuentra relaciones más fácilmente. Para que los personajes no queden estereotipados (ricos, pobres, buenos, malos, etc) uno trata de ponerse en la piel de cada uno. Y en el caso concreto de esta escritora, traté de prestarle no tanto cosas que me han pasado, como mis fantasmas o mis miedos sobre un futuro más o menos cercano. No se trata de una redención aunque sí que aparecen ciertas venganzas literarias.

 

P.- ¿Cuando uno se plantea un personaje tan atractivo como el tuyo, ya va pensando en una posible continuidad, una serie quizás?

No lo pensé así porque yo me aburro enseguida de las cosas, y desde el principio me plateé, ni loca. Pero como ya me lo han comentado tantas personas, me hizo pensar que quizás los personajes de esta novela tienen una posibilidad de seguimiento que no surge en ninguna de mis otras novelas. Lo que no sé es si yo como escritora voy a tener ganas de hacer también ese seguimiento. A lo mejor sí, pero realmente no lo sé.

 

P.- Podríamos decir que tu novela es una declaración de amor hacia el periodismo.

Creo que sí, independientemente del personaje de Jaime Brena: puede pasar que encuentres periodistas que terminaron amargados por trabajar en un diario con el que no comparten ideología. Hace años que trabajan ahí, es su vida, su mundo, y entonces a veces eso se le puede criticar. Pero cambiar de trabajo no es tan fácil como puede parecer. Hay que acomodarse un poco para ir tirando, hasta que esto pase y venga otro movimiento que pueda cambiar los rumbos.

 

P.- La estructura gramatical sin acotaciones de diálogo es quizás para buscar una mayor participación del lector…

Busco que no se detenga ni visualmente en el guión del dialogo para interrumpir su lectura, que haya una fluidez total, que no se frene. Entonces el ritmo se acentúa. A veces, sobre todo al principio, puede llegar a confundirse pero luego rápidamente se coge la línea. También todo depende del tipo de novela, pero en este caso yo quería mantener ese rápido ritmo hasta el final. En otros casos, está claro que habría que recurrir a las acotaciones típicas del diálogo.

 

P.- La novela negra actual está viviendo un gran boom editorial. ¿A qué crees que se debe, quizás al enfoque social latente tras cada historia?

La novela policial siempre ha servido para hacer crítica social y política. Y por eso tiene tanto éxito, y sobre todo en momentos de crisis, porque cuenta a la sociedad lo que está pasando. Me parece que la perspectiva del tiempo puede hacer que desaparezca esa denuncia social implícita en la novela, pero seguro que en el momento se escribió sí que la llevaba. Básicamente hoy, la novela negra tiene mucho de social porque para entender un crimen, tienes que entender la sociedad en la que se comete. No son iguales los crímenes que pueden producirse en la Argentina que los que se pueden dar en Suecia, sociedades totalmente diferentes.

 

P.- Sin embargo, hay gente que sigue considerando la novela negra como un género menor dentro de la literatura.

Hay mucha novela negra, y como hay mucha, encuentras unas mejor escritas que otras. Ahora bien, no creo que nadie se atreva a decir que las novelas negras de Hammett son un género menor. Quizás el hecho de que la novela policial tenga mucho de trama, hace que sea un género más concurrido por escritores: es cuestión de salir adelante y contar una historia. Y desgraciadamente habrá resultados con un valor literario superior y otras muy por debajo, que no son buena literatura. Además siempre hay una cuestión peyorativa: no hay ningún escritor premio Nobel que se haya dedicado a escribir exclusivamente novela negra, y Simenon siempre se quejaba que no sabía nadar. Prejuicios los hay, no tengo duda, pero básicamente porque hay mucho escrito en este género.

 

P.- ¿Estás ya trabajando en algo nuevo?

En realidad ya empecé a escribir algunas cosas sueltas que tienen que ver con una narrativa más evocativa y con un momento más lejano en el pasado. No es una novela histórica, pero hay una separación con el momento actual, hacia años atrás en la Argentina de mi padre. Y también me estoy esforzando en escribirla desde un punto de vista masculino, quizás dándole incluso un tono más educativo. Acostumbrada a escribir historias del aquí y ahora, y contarlas desde la visión protagonista de una mujer, este planteamiento se convierte en un reto.

 

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