El Buda ante el sufrimiento humano (el Sermón de Benarés)

Por Ignacio González Barbero.

El Sermón de Benarés es una de las enseñanzas fundamentales del budismo. Expuesto por el Buda tras su nirvana, encontramos en él un fino diagnóstico de la realidad humana en el que identifica la enfermedad, la causa, y prescribe el remedio a través de las Cuatro Nobles Verdades.

La primera de ellas nos sitúa ante un hecho incontestable, a saber, el contenido básico de la vida humana es el sufrimiento (duhkha): “El nacimiento es duhkha, la vejez es duhkha, la muerte es duhkha, y también lo son el dolor y la congoja…Estar ligado a cosas que nos desagradan y estar separado de cosas que nos agradan también es duhkha. No obtener lo que uno desea es también duhkha. En una palabra, este quíntuple compuesto basado en el agarrar [el ser humano] es duhkha”. El sufrimiento es connatural a nuestro existir, mas no puede reducirse esta tesis a la afirmación general de que la vida es dolor, sino a que la vida tal como generalmente la afrontamos es padecimiento, porque siempre estamos intentando controlarla, agarrarla, hacerla “nuestra”, lo que deviene en un mayor sufrimiento al nunca poder conseguirlo. En este sentido, podemos también entender  “duhkha” como frustración.

 La segunda Verdad hace un análisis del origen y las causas de este sufrimiento: “la sed que lleva al renacer, junto con el placer y el anhelo que alguna que  otra vez que otra tienen satisfacción (…) la sed de lo transitorio”. El deseo incesante, la búsqueda del placer, esencialmente efímero y arbitrario, y el puro apego al deleite,  nublan el entendimiento y crean el daño en nosotros mismos.

¿Por qué? Porque el aferrarse al deseo como principio y fin existencial resulta ser el fútil esfuerzo por agarrar ese “algo” que denominamos yo. El yo, a juicio del budismo, es un mero concepto abstracto extraído de la memoria. Así como imaginamos que el vuelo de un pájaro en el cielo lleva una dirección determinada y dibujamos una línea artificial que lo “demuestra”,  al recorrido que nosotros creemos haber seguido en el pasado lo llamamos “yo”. Sin embargo, sólo es la simplificación de una sucesión irreductible de acontecimientos, un rótulo con ilusión de permanencia. La aceptación del sujeto agente como fundamento de todo acto genera una dinámica autodestructiva que el mismo budismo denomina “karma” o “acción condicionada” es decir, acción con un fin o propósito. El deseo, el anhelo, el apego al control del mundo (a partir del yo), a las creencias, a las opiniones, a las ideas, son formas de sometimiento condicionadas que generan un dolor constante e irremediable, una frustración que se alimenta a sí misma, un continuo “dar vueltas a la mente” que es incapaz de atraparse y atrapar nada.

Ante esto, la terapia del Buda. La tercera Noble Verdad se dirige a la supresión del sufrimiento: “la extinción de esta sed mediante la aniquilación incesante del deseo, no permitiendo que se adueñe de nosotros, desligándose de él, renunciando a él, no dejándole sitio alguno”. La respuesta ante el dolor no puede ser pesimista. Hemos entendido que los hechos no tienen actor que “haga”. No hay, por tanto, un verdadero yo que sufra, por lo que la impaciencia ante el sufrimiento no puede aparecer. Éste es, sencillamente, algo que ocurre y no afecta a ningún sujeto. Al aceptarlo, nos desligamos completamente del deseo que lo sustentaba y reconocemos que la vida escapa totalmente a nuestros intentos de controlarla; cuando abandonamos los denodados esfuerzos por aferrarnos a la vida, surge esa claridad mental libre de deseos y sufrimiento llamada nirvana. Nace espontáneamente, sin intención de “obtenerla”. Comprendemos la esencial imposibilidad del “autoagarrarse”, y con ello renunciamos inmediatamente al yo y al continuo movimiento de la mente.

El budismo supone, por tanto, un cambio de actitud ante la existencia, que no está ordenada en función de un ego que construye conceptos y substancializa la realidad. El discurso del Buda se antepone a la existencia substancial del ego individual y del supuesto cosmos que conoce. La cuarta Noble Verdad amplía y justifica esta idea, al proponer el Óctuple Sendero, una serie de prácticas que, si son “caminadas”, proporcionan el fin de la frustración que parte del apego: “recto conocimiento, recto pensamiento, recta palabra, recta acción, recto esfuerzo, recta intención, recta concentración o meditación, recta intuición o fe justa”. Es conocido como el sendero medio, pues evita la búsqueda de una felicidad tanto por el camino del placer y los sentidos, como por la vía del radical ascetismo, evidenciando que ambas son formas de aferramiento enfermizo a la substancia de lo individual, obstáculos que impiden llegar a la claridad de la conciencia y la superación del sufrimiento. Así, el Visuddhimagga, comentario canónico a las enseñanzas del Buda, expone que:

 

“El sufrimiento sólo existe, ninguno que sufra;

el hecho existe, pero no quien lo haga;

Nirvana existe, pero nadie que lo busque;

El Sendero existe, pero nadie que lo recorra”

 

Arribamos definitivamente a esta comprensión al asumir la no-dualidad de lo real. La separación entre la acción y el agente, el cognoscente y lo conocido, el sujeto y el objeto, es puramente abstracta; es, simplemente, la manifestación de un ego que conceptúa y escinde lo que le rodea, buscando su control a través de la definición. El control es una ilusión inspirada en la creencia en un yo que se mantiene en el tiempo. Eliminado este último, toda pretensión desaparece, todo dolor es un hecho más que no sufre un sujeto, se deshacen las tensas cadenas conceptuales que habíamos creado para apresarnos y, en consecuencia, nos damos cuenta de que el mundo cambiante (samsara)que habitamos no se diferencia del nirvana, es Nirvana. En realidad, ya estamos emancipados.

El budismo es, en definitiva, un profundo camino de liberación. El proceso de desasimiento que le acompaña no acaba en una nada que anula sino en un vacío que es pura potencia de realización,  pura plenitud de pensamiento y acción serenos, comprensivos y, por tanto, compasivos. Como afirmó el sabio budista Nagarjuna : “Para quien es claro el vacío, todo se vuelve claro” .

 
Related Posts with Thumbnails

6 respuestas a El Buda ante el sufrimiento humano (el Sermón de Benarés)

  1. Su Divina Gracia el Buda fue un ser iluminado que trascendió en el Nirvana,su vida ejemplar con total desapego a los bienes materiales y a los bienes terrenales,de alguna forma son seguirás por Cristo pero no por el Cristianismo.Con humildad y para bien de la humanidad practiquemos las enseñanzas de su Serenisima que se basan en el desapego a la materialidad fuente del verdadero amor al prójimo.

    Marcelo Javier valle Guevara
    20 febrero 2012 at 14:33 pm

  2. En fin, que pena me da todo esto

    A una que la han cuidado con mimo siendo niña,
    la han querido y soñado contenta los suyos
    y para colmo ha tenido una infancia feliz

    Qué alegría me entraba al escuchar aquello de “dejad que los niños se acerquen a mí”

    Resulta que los doce años felices de infancia han sido un sufrimiento que no he sabido ver

    ¿Seguro qué Buda ha dejado que los niños se acerquen a él?

    ritapmendez
    21 febrero 2012 at 22:04 pm

  3. Aquellos doce años no, pero ahora estás sufriendo…

    Óscar S.
    22 febrero 2012 at 17:15 pm

  4. Estimada Rita, yo supongo que Buda se acerca a los niños cuando lloran y Cristo los recibe cuando sonríen, o algo así, ya sabes, a veces somos niños jugando al adulto y luego al revés, también jugamos a llorar y sonreír, a soñar con la felicidad y a creer que sufrimos. Que bueno que tenemos a Cristo y a Buda. Un abrazo.

    Jorge Lozoya
    22 febrero 2012 at 19:31 pm

  5. Vamos a ver si no nos perdemos. El artículo es magnífico por eso me molesto en apuntar un pequeño fragmento que de alas a quién le guste la dialectica

    ¿Qué pinta una glamurosa coqueta metiendo las narices en este portal de articulistas enciclopédicos?

    Pues negar las afirmaciones de los articulos que me interesan. ¿Para qué?. Porque quiero compartir con vosotros el momento filosófico mágico de la dialéctica negativa. ¿Cómo se alcanza ese momento?. Cuando lo afirmado y negado entran en conflicto y uno hace violencia al otro. Ahí nos paramos como hacia T Adorno y disfrutamos de lo que es filosofía. No pretendemos la síntesis o superación del conflicto como apuntaba Hegel. El goce surge ahi en la contemplación conjunta de los dos contrarios que hemos sabido poner cara a cara y se excluien

    Yo no voy hacer un ejercicio completo de dialectica negativa a cada articulo porque no me apetece, prefiero liarme a saborear chocolate mentras me rio ojeando el albún de fotos familiar y postear unas notas que indiquen por donde van los tiros. Pero hoy me voy a estirarme un poco. Empecemos

    La afirmación del sufrimiento tiene su negacion en la alegría. La afirmación de lo incontestable en la vida tiene su negación en lo contestable, asi pues lo incontestable del sufrimiento tiene su contrario en lo contestable del conflicto que abarca toda la vida
    El camino costoso del Buda como superacion del sufrimiento tiene su contrario en la niña de doce añoos feliz que no ha caminado sino que se lo han regalado todo. El momentazo de este artículo es negar al Buda endiosado, mitico con la niña real, normal y feliz

    ¿Qué pasa si me he equivocado al negar a Buda con la niña real para la cual todo en la vida es risa? pues bueno hacer filosofia no es facil. Habra otro que lo haga mejor y su negación de en el clavo

    Por ultimo la figura de Jesus no la utilizo para negar a Buda sino para marcar la alegria simple de los sencillos que niega la egemonia del sufrimiento

    Disculpad por esta extension absurda, quiza tenga un poco de fiebre

    ritapmendez
    23 febrero 2012 at 23:29 pm

  6. quisiera empaparme del budismo ,hay algun lugar donde pueda concurrir y aprender y entender mas sobre este tema? muchas gracias

    graciela giordano
    22 enero 2017 at 22:52 pm

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *