Entrevista a Nacho Ares por “La tumba perdida”.

 

Por Benito Garrido.

 

A propósito de su nueva novela La tumba perdida (Editorial Grijalbo, 2012), hemos entrevistado al escritor Nacho Ares.

 

Nacho Ares nació en León en 1970. Tras licenciarse en Historia Antigua por la Universidad de Valladolid, ha dedicado todo su tiempo a la investigación y divulgación de temas históricos relacionados con el Antiguo Egipto. En la actualidad es director de la prestigiosa Revista de Arqueología, publicación pionera en nuestro país desde hace casi tres décadas en todo lo referente a este campo. Nacho Ares es también director del programa SER Historia, de la Cadena SER y reportero del espacio Cuarto Milenio. Hasta la fecha ha publicado una docena de libros sobre la cultura egipcia que se han convertido en obras de referencia para miles de lectores en España e Iberoamérica, aunque La tumba perdida es su primera novela ambientada en Egipto.

 

La tumba perdida.  Nacho Ares.  Editorial Grijalbo, Barcelona 2012.  Novela.  416 páginas.  19,90 €

 

Con rigor e imaginación, el autor nos sumerge en los rincones más oscuros de una cultura milenaria que, a día de hoy, no deja de seducirnos. Muerte, obsesión, maldiciones y enigmas se entrecruzan en una novela que nos transporta al Egipto de los faraones y al de los hombres que, como Howard Carter, dedicaron sus vida a desvelar sus más ocultos secretos.

 

Uaset, 1326 a.C. Egipto vuelve a adorar a los antiguos dioses y se ha borrado todo rastro de Akhenatón, el faraón que había intentado implantar el culto monoteísta. Pero ahora, su hijo Tutankhamón gobierna el Valle del Nilo y ha desafiado de nuevo a los sacerdotes, intentando honrar la memoria de su padre, el Faraón Hereje. Y a espaldas de Tutankhamón se teje un complot que amenaza su vida.

Luxor 1922. El descubrimiento de la tumba de Tutankhamón y los tesoros que alberga, supone la cumbre de la carrera del arqueólogo Howard Carter, pero dicho hallazgo irá acompañado de una nueva búsqueda: otra tumba secreta y misteriosa, cuyo origen se pierde en la Historia, y que los antiguos consideran maldita. Guiado por su instinto y por la inscripción jeroglífica de un ostracon (lasca o lámina de piedra caliza), descubre que el Valle de los Reyes esconde otro sepulcro importante: un lugar que se selló con sangre y que, tal vez, no debería ser profanado.

Pero nada permanece secreto en Egipto durante mucho tiempo. Alguien asalta la casa del arqueólogo y roba el ostracon. Carter, sin embargo, prosigue su búsqueda. La hija de Lord Carnarvon, el mecenas de Carter, es víctima de un intento de envenenamiento. Una mano negra está empeñada en que el arqueólogo no encuentre esa tumba perdida. Los periódicos hablan de la maldición de la tumba de Tutankhamón, pero Carter sabe que se trata de otra cosa.

 

Una intriga que aúna historia e imaginación, que serpentea por dos convulsos momentos de la historia de Egipto, separados por miles de años y con Tutankhamón como nexo: el breve reinado del faraón niño y el descubrimiento de su esplendorosa tumba. Una apasionante recreación de la cara más negra de la edad de oro de la egiptología: rivalidades entre arqueólogos franceses y británicos, expolio, tráfico de antigüedades, tensiones nacionalistas y corrupción de las autoridades en un recién independizado país.

 

Entrevista:

 

P.- ¿Qué te impulsó a escribir este novela sobre todo viniendo de un mundo más de investigación histórica, más científico quizás?

La figura de Tutankhamón y sobre todo la de Howard Carter han sido para mi siempre unos referentes. Yo me inicié en la egiptología teniendo apenas trece años leyendo el libro Dioses, tumbas y sabios de Ceram, y la historia del descubrimiento de Tutankhamón me fascinó, haciendo que comenzara a investigar el tema. La mayor parte de mis escritos son ensayos, pero no al uso, sino más bien casi una trascripción directa de mis diarios de viaje, todo contado en primera persona. Entonces llevo al lector a todos los sitios que veo pero como más a mi aire. Una novela es prácticamente lo mismo pero con una estructura y unos personajes. En el caso de La tumba perdida todos los personajes son reales menos dos o tres y las circunstancias y momentos han estado conmigo desde hace casi tres décadas.

 

P.- Supongo que tus investigaciones y viajes te habrán facilitado el asunto, ¿no?

Hay que pensar que yo he estado en todos los sitios de los que hablo: el Valle de los Reyes, el museo de El Cairo, la casa de Howard Carter… Sitios que conozco muy bien, y que describo de forma muy viva porque me gusta transmitir las mismas vivencias que yo he tenido cuando he estado allí. Piensa que muchos de esos lugares son escenarios de la historia viva de la arqueología, y esto hace que mis descripciones sean mucho más emocionantes y cercanas.

Las oficinas y las vitrinas del museo de El Cairo de las que hablo, por ejemplo, son las mismas de hace noventa años. La dejadez, la supuesta idea de que no tienen dinero, cuando en realidad va todo por caminos más corruptos, hace que haya cosas que no han cambiado desde la época de Carter.

 

Nacho Ares.

P.- ¿Crees necesario cambiar mucho el chip para pasar, como lector, de un ensayo de Nacho Ares a una novela?

La novela tiene un montón de elementos que van a interesar tanto a la persona que no tiene la más remota idea de Egipto, como el lector más avezado en egiptología. En ese sentido, está dedicada a un público muy amplio. Es un libro fácil de seguir y de leer. La gente que no conozca la historia de Carter y Tutankhamón, así como el descubrimiento de su tumba, encontrará información suficiente como para ubicarse perfectamente en los escenarios y la situación. Las otras gentes que conozcan de sobra esas circunstancias, tampoco se van a ver abrumados con información sobrante, y en cambio sí van a encontrar numerosos guiños de lugares, momentos, objetos que van a identificar con momentos reales de la historia de la arqueología. Es un libro que me ha gustado mucho escribir pues han sido muchos años trabajando el tema y son escenas que tengo perfectamente recreadas en mi cabeza.

 

P.- En tu novela realizas incursiones en diferentes épocas. ¿Quizás para conjugar mejor realidad y ficción?

La historia en el noventa por ciento de lo que cuento, es real. Lo que ocurre después del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón, es algo muy poco conocido, y ahí es justo cuando comienza mi novela. Las historias de celos y envidias se veían a diario en aquel Egipto del 22. Un año en que el país consigue su independencia, pero que queda ensombrecida por el enorme hallazgo que supuso la famosa tumba. Los egipcios intentaron desligarse del colonialismo inglés y francés, en un quiero y no puedo, que supuso el mantenimiento de lazos muy fuertes, algo que también pongo de relieve en mi novela. El hilo de conexión que une todos los acontecimientos es la existencia de un ostracon, que también descubrió Carter. Se trata de una lasca de piedra que existe realmente (está en el museo de El Cairo), en la que aparece un texto de un escriba del año mil, y donde se explica la ubicación en el valle de los reyes de ciertas tumbas, santuarios, etc. Lugares que aún hoy no sabemos lo que son ni donde están. Es como un mapa del tesoro. Ese ostracon fue estudiado y traducido por E. Thomas en los años setenta, y yo lo he seguido literalmente excepto en algunos apuntes, que me han servido para dar a entender que había una tumba perdida y maldita, que es la que busca Carter en el libro.

 

P.- Howard Carter, menudo personaje.  ¿El factor “romántico de estos arqueólogos se ha perdido hoy en día?

Sí, eso ya se ha perdido. Hay que pensar que Carter era un hombre hecho a sí mismo, que no tuvo ninguna formación académica. Llegó con diecisiete años a Egipto como acuarelista, trabajando para varias misiones, y aprendió egiptología, árabe y todo lo ya demostrado sobre el terreno, lo absorbió como una esponja con los mejores maestros e investigadores. En ese sentido, se hizo a sí mismo. Y eso es algo que algunos coetáneos le recriminaron dado no tenía ningún título universitario reconocido. Posteriormente, en Yale se le hizo doctor honoris causa, y en Madrid, invitado por el duque de Alba, se le dio el título de Correspondiente de la Real Academia de la Historia. Es curioso que después publicó dos libros más sobre el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón, en los que ya sí hace mención a esos nombramientos de los que se sentía muy agradecido. Es más, Carter dejó a ese duque de Alba, una colección íntegra de negativos de las fotografías del descubrimiento que estaban en el palacio de Liria, y que después se quemaron con la guerra civil.

 

Howard Carter

P.- Si Nacho Ares se metiera en la novela, en la historia, ¿se podría sentir quizás un alter ego de Howard Carter?

La gente que me conoce sabe que hay facetas del historiador que quizás yo comparto: soy una persona muy solitaria, que me gusta mucho trabajar, hacer proyectos de principio a fin, desarrollarlos por completo, en ese sentido soy bastante individualista. Luego en otras cosas no me parezco en nada, pues él era un hombre bastante arisco, no arrogante pero sí muy particular. Quizás tiendo como seguidor fiel a idealizar al personaje por todo lo que hizo y supuso en la historia.

 

P.- ¿Cómo y cuando te atrapó Egipto, y por qué este país y no la civilización maya, por ejemplo?

Curiosamente conozco algunos mayólogos que se metieron a estudiar el mundo maya porque no había donde estudiar egiptología. La egiptología es una disciplina muy atractiva y que provoca mucha curiosidad: la estética, el misterio de la escritura y los descubrimientos, los jeroglíficos, la belleza de las figuras… Como te decía, todo esto me atrapó ya siendo pequeño y de ahí hasta ahora. Yo vengo más quizás atrapado por la historia de los descubrimientos que por la época faraónica en sí, pero una cosa lleva perfectamente a la otra.

 

P.- ¿Queda aún mucho por descubrir de la antigua civilización egipcia? ¿Podrían surgir nuevos Carters?

Sí que queda mucho por descubrir. Hace apenas tres semanas se conoció que había aparecido una nueva tumba en el Valle de los Reyes, y sabemos que hay dos pozos más en los que esperan hacer nuevos descubrimientos funerarios. Valga la redundancia, Egipto es un pozo sin fondo. Se calcula que solo conocemos una quinta parte de todo lo que hubo. Piensa que los textos que conservamos, a veces nos hablan de ciudades enteras que hoy no aparecen. Es decir, que pueden surgir nuevos arqueólogos que se conviertan en grandes descubridores. Como muestra podríamos hablar de Kent Weeks que a principios de los noventa descubrió en el Valle de los Reyes, y siguiendo los estudios anteriores de Burton, la tumba de los hijos de Ramsés II.

 

P.- ¿Es importante mantenerse fiel a las bases históricas reales en una novela como esta?

Por supuesto. En mi línea de investigación, yo soy incapaz de inventarme cosas. Te puedes inventar los diálogos de algunas escenas o ajustar algún personaje, pero el hecho de hacer una historia libre no es algo que me guste. De hecho, en el epilogo del libro dedico varias páginas a eso: aclarar y separar las cosas que son reales y las que no, comentar los guiños que hago a la historia.

 

P.- Estamos viviendo un buen momento editorial para la novela histórica, ¿no crees?

Yo hice historia antigua en la Universidad de Valladolid. Me licencié en el 95. Recuerdo que de entre la bibliografía que nos daban los profesores, se podía rescatar alguna novela histórica. Pero el boom comienza precisamente después: desde finales de los noventa hasta ahora. Y mucha de esa novela gira en torno a Egipto. La culpa sobre todo la tienen Pauline Gedge y Christian Jacq. Esto también ha ayudado mucho a que la gente conozca Egipto, incluso que se animen a viajar allí. En el fondo es que se trata de una cultura muy exótica, de vida cotidiana dura pero realmente interesante.

 

P.- ¿Qué nuevos proyectos tienes entre manos que nos puedas contar?

Me gusta la línea de escribir novela histórica tocando dos épocas, así que seguiré trabajando en ese sentido. También me gustaría ahondar en algo sobre historia de la arqueología, o sobre algún personaje importante, que los hay. Desde la llegada de Napoleón a Alejandría comenzó el gran conocimiento de la egiptología. Se publicaron varios volúmenes a través de los cuales Occidente conocía de una manera directa y clara lo que fue la cultura egipcia, faraónica y contemporánea; al margen de la Biblia, que hasta ese momento era la única fuente de documentación a veces difícil de creer. Es en esta línea histórica en la que me gustaría profundizar y escribir. 

 

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Una respuesta a Entrevista a Nacho Ares por “La tumba perdida”.

  1. Una burda copia de el descubrimiento de la tumba de tutankamon y medio folio sobre una tumba perdida es el resultado de la farsa escrita por Nacho Ares, solo para vender mas y sacarnos el dinero. Un poco de seriedad señor Ares.No nos engañes con este libro que no es tuyo,solo es una copia de la vida de el gran Howar Carter. El proximo libro tuyo, lo va a comprar tu padre. Trasliterar el descubrimiento de Tut anj amon y poner 4 rengloness mas sin ningun tipo de argumento no te da derecho a escribir un libro. Nos ha engañado, ares.

    Victor Manuel Moreno
    7 julio 2012 at 20:23 pm

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