Bazar Arroyo

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Por Inmaculada Real López.

 

Círculo de Bellas Artes. 

Calle Alcalá, 42

Hasta el 20 de mayo.

 

Eduardo Arroyo (Madrid, 1937) ha sido reconocido, artísticamente, por su vinculación en la nueva figuración española, así como, por su aproximación a la estética del pop art durante su estancia parisina. La polémica y la crítica a los regímenes dictatoriales estuvo presente desde el inicio de su obra, como fue el caso de la serie de dictadores que presentó en la III Bienal de París. Huyó de España en 1963 perseguido por la policía, cuando preparaba una exposición en la Galería Biosca de Madrid, que fue censurada a los pocos días de su inauguración. Asimismo, en 1974 fue expulsado por el régimen franquista. A este artista – que él mismo reconoce, sobre el compromiso político de los artistas, que: “La política era lo primero. Después venía la cultura. Un sentido ético, el que sea, incluso monstruoso, pero ético. Y luego ya viene lo demás. Eso se ha terminado completamente. Ahora hemos asistido a la cultura de la subvención, y es lamentable”- el Círculo de Bellas Artes le dedica una exposición, sobre toda aquella faceta desconocida del artista.

 

Bajo el título “Bazar Arroyo”, se reúne toda una serie de obras de este artista como, esculturas, encargos comerciales, bosquejos de proyectos que nunca se remataron y series de objetos, todos ellos difíciles de ubicar en el conjunto de su producción plástica. Trabajó paralelamente la pintura y la escritura, pero fue en 1960 cuando ya se decantó por la labor pictórica. Aun así, se habla de la doble vocación literaria y plástica de Arroyo, su condición de artista que escribe o de escritor que descubrió de manera más o menos tardía la pintura. Aún así, la literatura ha estado siempre en el centro de sus preocupaciones.

 

Señala Arroyo: “En 1969 hice una exposición en Milán llamada Opere y Operette (Opere en italiano son las grandes obras artísticas), pero allí mezclé de todo, las más grandes y más pequeñas. Los títulos estaban sacados de óperas: Aída, La Africana, La Fuerza del Destino… Milán es muy operístico y aquello tenía su encanto. Para aquella exposición hice La Africana, que fue un bolso de señora cuyo mango era una banana. Algunas valientes mujeres lo han llevado en alguna fiesta o alguna cena… La Africana o la maleta del doctor Dr. Schweitzer. Compré 36 bolsos viejos en el rastro de Milán a los que añadimos esa banana”.

 

La africana o la maleta del Doctor Schweitzer, 1972

La máscara y el disfraz. Travestirme siempre me ha gustado. O mejor, disfrazarme más que travestirme. Es un mundo fascinante: la máscara al revés del deshollinador y la máscara clásica de Fantomas, los dos tipos de máscaras, las cuencas blancas y el antifaz negro. Esto es un proyecto de marquetería, pero sólo está el proyecto porque la marquetería no la tenemos. Con mi amigo Francis Biras hablábamos mucho de Pierre Loti, un loco de los disfraces. En su pueblo en Normandía, en su casa, se vestía de jeque árabe, de mandarín. Y le hice este proyecto, que es un proyecto y no un cuadro, que di al ebanista para que lo hiciera en madera. Hicimos tres ejemplares pero desgraciadamente no tengo ninguno”.

Retrato del pintor Francis Biras disfrazado de Pierre Loti y su perro Vamos, 1973

 En el libro Minutas de un Testamento. Memorias, apunta: Sí, España. El paraíso de las moscas, ¿lo sigue siendo? También, alguna vez, Alemania fue el paraíso de las moscas y de las ratas. (…)Paul Delvaux ejecuta al óleo sobre tabla una calavera semicubierta por folios ¿Quién sabe si se trata de apuntes? ¿Serán acaso digresiones o relatos? Quizá sean arrepentimientos o declaraciones tardías. A mi modo de ver, junto con la Vanitas de Teniers, que se encuentra en el Prado, esta Vanitas de Delvaux es una de las más impresionantes. Hueso y papel, similitud en la composición, protagonismo del cráneo entre los folios: estas coincidencias nos sorprenden. Un libro cuyas hojas poco a poco se van pudriendo, llevándose con su degradación nuestras esperanzas y nuestros desconsuelos, velas para alumbrar la escritura y la vida que se acaba”. A través de este tipo de conceptos, se aprecia su vinculación al Barroco español, así como el gusto por la creación partiendo de realidades dispares, incongruentes y con ciertos toques de surrealismo.  

Don Juan, 2002

También fue conocida su labor como escenógrafo, reuniéndose una serie de trabajos: esbozos, dibujos preparatorios y folletos ilustrados. Colaboró en la ópera Boris Godunov, de Músorgski, y la adaptación de Fausto que se estrenó en 1982. El teatro se convirtió para Arroyo en la vía para poder desdramatizar y liberarse de sus obsesiones pictóricas, realizando vínculos intercambios entre la pintura y la escenografía. Con objetos que se multiplican o diseminan por el suelo, caídos de cualquier manera. El teatro, según señala Arroyo, le ha permitido olvidar temporalmente que es pintor; la escena no es una galería de arte: “La creación se pone entonces al servicio de un texto, un tema que no tiene nada que ver con pintar. Y al mismo tiempo, de vuelta, recuperar la enorme libertad de la pintura”.

 

Puesta en escena de la ópera Boris Godunov, en la Monnaie. Bruselas, 2006

 

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