Los últimos fiascos del cómic

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Por Luis Daza.

La industria del cómic es como todas las industrias, un negocio con seres humanos detrás. Como negocio es una actividad que si no hace caja no funciona, y nada más humano que la falta de criterio o de escrúpulos. Dos duros condicionantes.

España vive un buen momento en el sector editorial del cómic. Los tristes y mediocres contenidos del mundo literario unidos a la eficaz etiqueta de “novela gráfica” han hecho que nuevos lectores empiecen a investigar este mundo. Eso se refleja en las grandes superficies que son el termómetro más exacto que hay de la cultura. Decrecen los metros cuadrados dedicados al cine y a la literatura y crece el espacio dedicado al cómic y a las series de TV. Hoy en día salen más y mejores productos en una librería especializada de Madrid que en un mes en su equivalente de Nueva York (sin contar esos tebeos de vigoréxicos sin cerebro pero con mallas que llaman superhéroes).

Esto está bien y hay que congratularse, pero todo tiene su lado malo y este buen momento (teniendo en cuenta la que está cayendo) y la histórica ignorancia y falta de criterio del lector medio español han generado una extraña indulgencia para todo lo que puede parecer que encaja dentro de la etiqueta de novela gráfica (que no es otra cosa que los cómic de siempre con un tamaño de hoja más pequeña).

Esa indulgencia hace que pasen por grandes productos lo que solo son grandes fiascos.

Es un fiasco aquello que decepciona, y decepciona lo que tiene todos los ingredientes para ser un buen producto pero el resultado es malo.

Mis últimos cinco fiascos (seguro que hay más pero no he cometido el error de comprarlos como con estos) son:

 

AÂMA, de Peeters

Frederick Peeters es un genio. Casi todo lo que ha hecho es de una calidad extraordinaria. Pildoras Azules, Lupus, etc., autenticas joyas contemporáneas. Cuando se han hecho tantas maravillas ya sabes que en algún momento algo fallará y ha sido en este libro donde Peeters ha pinchado.

Un giro extraño en su estilo de dibujo ha hecho que una obra que podría ser maestra se quede en mediocre. Nada de lo que preocuparse. Peeters tiene tanto talento que por algún sitio volverá a salir.

 

 

 

 

 

 

TEX Recopilaciones

Tex es una serie del oeste italiana ilustrada por distintos dibujantes de todos los países. Algunos de ellos han sido de los mejores dibujantes españoles. Victor de la Fuente, Sommers, Font, José Ortiz.

Al irse publicando mezclados con otros no era fácil poder leerlos íntegros.

Ahora se han empezado a editar en España recopilaciones de los mejores. Buena impresión, buena selección de material y sin embargo para estas recopilaciones se usa como portada dibujos horribles de otros dibujantes totalmente desconocidos.

¿Tiene esto algún sentido? Un libro con miles de dibujos para elegir como portada y se usa un dibujo mediocre de un dibujante distinto al de la recopilación. Increíble. Un expediente X.

 

 

 

 

FLEX MENTALLO, de Morrison y Quitely

Gran Morrison firma un guión difícil de juzgar, porque es totalmente ininteligible. Imposible saber si es bueno o malo, entretenido o aburrido, porque resulta del todo imposible seguir el hilo narrativo de la historia. Ni el peor juego del rol del mundo es tan difícil de entender.

Una edición muy correcta y el maravilloso dibujo de Frank Quitely no consiguen salvarlo.

 

 

 

 

 

 

 

JOE el BARBARO, de Morrison y Murphy 

La misma jugada. Una edición muy correcta, unas maravillosas ilustraciones de Sean Murphy y una historia imposible de entender incluso con repetidas y atentas lecturas. A su lado, ese gran ladrillo que se llama En Busca del Tiempo Perdido, resulta hasta ameno e interesante. La prueba evidente de que el hombre es el único animal que tropieza 37 veces en la misma piedra.

 

 

 

 

 

 

 

 

El GÉNESIS, de Robert Crumb

Si hay un autor contemporáneo que es un genio en vida y para que el que soy incondicional ese es Robert Crumb. Desde hace años le sigo y me ha dado tantas alegrías y buenos momentos que soy capaz de mirar a otro lado y esperar que pase este estado de locura transitoria que le ha llevado a ilustrar el Antiguo Testamento LITERALMENTE y sin tocar una coma.

Quizás haya sido el exceso de mantequilla en la comida por vivir en Francia o quizás aquellas locuras psicotrópicas en su juventud californiana. Y es que ha sido tan brillante a lo largo de toda su vida y espero que lo siga siendo, que puedo buscar cualquier justificación para decir aquello que decía el maestro Curro: “Una mala tarde la tiene cualquiera”, y seguir amándole.

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