Nonsense animado

 

Por José A. Cartán

 

 

Everything will be OK, de Don Hertzfeldt

 

El cine de autor suele ser un buen refugio para llevar el tema de la absurdidad de la existencia. Un gran número de cineastas lo ha hecho a lo largo de las décadas con más o menos solvencia y acierto. Sin embargo, en el cine de animación es más chocante encontrarse con un desarrollo de conceptos como el pesimismo, lo absurdo e incluso el nihilismo. A pesar de que no son todos los que están, ni son todos los que son, aquí se mencionan a tres imprescindibles del nonsense.

 

Skhizein (2008) es el segundo cortometraje del director francés Jérémy Clapin y el más sobrecogedor de cuantos ha dirigido hasta ahora. En él encontramos la historia de Henry, un hombre que es asaltado un día cualquiera por un meteorito de unas cuantas toneladas y es desplazado de sí mismo 91 centímetros. Lo que en un principio podría parecernos un cortometraje de dudoso argumento y de prejuicioso tono cómico, se convierte finalmente en un análisis existencialista sobre la condición humana y el lugar que ocupa el hombre moderno en nuestro tiempo. Con una banda sonora de altísima belleza compositiva, este cortometraje que aúna ciencia ficción y existencialismo logra configurarse como un descarnado grito de auxilio al sinsentido de la vida. 

 

 

Salad Fingers (2004), creado por el británico David Firth, se sumerge en una historia tan desasosegante como desconcertante. El ser que da título a esta serie online es un individuo incapaz de distinguir entre la realidad y la ilusión, el sueño y la pesadilla e, incluso, lo animado de lo material e inanimado. A lo largo de los ocho episodios que componen esta furtiva serie, cada uno de los cuales consta de 5 minutos, observamos el desértico y hostil universo en el cual habita nuestro personaje, a la vez que se van desgranando algunos datos sobre la localización en la que sucede dicha historia, así como las razones por las que Salad Fingers vive solo. Una atmósfera lynchiana recubre toda la serie mientras Firth dispara imágenes atroces, fantasmales, esquizofrénicas sobre conceptos como el asesinato, las repercusiones de la guerra o la eterna soledad del hombre. Imágenes potenciadas gracias a la extraña música que invade los fotogramas de artistas como Sigur Rós o Brian Eno.

 

 

El cineasta norteamericano Don Hertzfeldt merece un episodio aparte. Su endiablado apellido no hace honor a la configuración anatómica de sus personajes y del cosmos en el que existen, ya que estos son de una llaneza y una simplicidad insultante; un trazo de lápiz se configura como el único contorno de sus extraños seres. Hertzfeldt lleva más de una década deleitando al espectador con sus cortometrajes sobre relaciones de pareja,  Ah, L’amour (1995), versiones macabras de clásicos cinematográficos, Billy’s Balloon (1998), el porqué de la existencia, The meaning of life (2005), o las repercusiones que puede tener una visita al dentista, Wisdom Teeth (2010). Sin embargo, donde despliega todo su torrente imaginativo es en Everything Will Be Ok (2006), primera parte de su única trilogía hasta el momento. En esta última creación nos hace partícipes de todos aquellos sucesos que le ocurren al protagonista de su corto, ya sean estos nimios y sin ninguna importancia o contengan un carácter más trascendental para su existencia. Cualquier acción del personaje es pensada hasta la extenuación; el saludo o no a una persona conocida o la elección de qué fruta a la hora de realizar la compra. El cuestionamiento de todas estas acciones rutinarias confiere al relato un aire extraño y determinista, casi apocalíptico. La vida ofrece un sinfín de posibilidades que han de ser analizadas hasta su última expresión, ya que no existe hecho banal que haya de ser alejado en nuestro día a día. Hertzfeldt consigue crear un cosmos mucho más grande de lo esperado al insertar en este cortometraje una serie de efectos ópticos, ilusiones del personaje o flashbacks, además de beber de otras artes, como el hecho de insertar técnicas del cómic que se alejan de lo que sería el prototípico cortometraje.

 

 

Tres concepciones de un mismo sentir; la divina sensación que le da al ser humano el día, esa luz cegadora de eternidad de opciones y la más oscura, aquella que languidece el alma y sepulta al hombre en el más terrible de sus infortunios.

 

 

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