Argo (2012) de Ben Affleck

 

Por David Garrido Bazán

 

 

Con Adiós Pequeña Adiós y The Town, Ben Affleck demostró sobradamente a los numerosos detractores de su faceta interpretativa que tiene por delante una carrera mucho más interesante como director: tiene buen ojo para elegir sus historias, buen dominio del pulso narrativo, sabe mucho de elegir un buen casting y cómo dirigirlo y lo que es más importante, va revelando poco a poco un cierto estilo autoral que le permite asumir nuevos riesgos con cada nueva proyecto que afronta. Siempre me ha parecido un tipo inteligente (y mejor actor de lo que la gente cree: basta ver sus trabajos en títulos tan dispares como Chasing Amy o Hollywoodland) y su último trabajo, Argo, viene de nuevo a confirmarlo.

Argo es una de esas a menudo temibles historias que comienzan con el rótulo “Basado en Hechos Reales” que hace que uno sienta ganas de salir por la puerta antes aun de que empiece. Pero en este caso en concreto la cosa tiene su miga: durante la crisis de los rehenes norteamericanos en la embajada de EEUU en Irán –ya saben, aquella cosa que duró más de un año y medio y se llevó por el camino la presidencia de Jimmy Carter– hubo un hecho poco conocido hasta que Clinton desclasificó la historia: seis trabajadores de la embajada consiguieron escapar antes de que cayera en manos de los iraníes y se refugiaron varias semanas en la Embajada de Canadá… hasta que un especialista en rescates acudió a Teherán para tratar de conseguir que salieran del país islámico con identidades falsas. La gracia de la historia es que las identidades falsas eran de un grupo de rodaje que buscaba localizaciones en Irán para rodar allí una exótica superproducción de Hollywood de ciencia ficción.

Si, yo pienso lo mismo que ustedes: menuda locura, ¿no? Pues por extravagante que pueda sonar, esta historia sucedió de verdad y Affleck la ha llevado a la pantalla haciendo gala de un innegable crecimiento como director. Puede que no sea una película mejor que su impactante debut, pero de lo que no cabe la más mínima duda es de que Argo es una obra sumamente arriesgada que planteaba una serie de problemas de los que Affleck, gracias en parte a un estupendo guión de Chris Terrio y en parte a su habilidad como director, ha sabido salir indemne. Para empezar, no resulta nada fácil mezclar géneros y que la película no se desequilibre en un sentido o en otro. Argo comienza recreando con brillantez la época y los hechos conocidos (la toma de la embajada por la turba de islamistas enfadados) con generosas dosis de tensión y un buen sentido del pulso narrativo. Es cuando la película se centra en los seis refugiados y en el plan para sacarles de allí cuando entra en un giro interesante:  nos habla sobre la capacidad de Hollywood para generar  esa tapadera, o sea, las mentiras y sueños que vendernos a todos. Y de la conciencia de los veteranos del negocio sobre cómo hay que hacer estas cosas. Unos inconmensurables Alan Arkin y John Goodman se adueñan entonces de la función y lo que hasta entonces era un thriller político setentero se convierte en una cínica y socarrona visión de Hollywood con multitud de impagables líneas de diálogo afiladas como una cuchilla. Affleck se mueve con soltura entre ambos géneros y cuando vuelve de nuevo a Irán, al suspense y al drama, lo hace con una naturalidad desconcertante.

Argo es una película inteligente y muy bien construida. Tiene algunos excesos en la parte final que afean el conjunto pero que uno puede soslayar como parte del juego que está proponiendo y lo cierto es que en términos generales deja un muy buen sabor de boca pese a que se eche en falta una más profunda construcción de algunos personajes, reducidos a comparsas más de lo que sería aconsejable. Pero no deja de seguir siendo sorprendente la habilidad del extraño señor Affleck para desconcertar a sus detractores: se le pueden poner pegas, pero de lo que no hay ninguna duda es de que éste es un tipo que sabe muy bien lo que se hace.

 

Argo (2012) se estrena hoy 26 de octubre en España

 

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