Rubén Ochandiano habla de “Historia de amor sin título”, su primera novela

 

Por Benito Garrido.

 

Historia de amor sin título (Editorial Suma de Letras, 2012) es la carta de presentación en el mundo literario del actor madrileño Rubén Ochandiano, quien tras una dilatada carrera en cine, teatro y televisión, ahora presenta su primera novela, un trabajo arriesgado que sorprenderá.

Ochandiano ha hecho películas con realizadores tan importantes como Almodóvar, Soderbergh, Bollaín, González Iñarritu, o Armendáriz. Como director se estrenó con el cortometraje El paraíso, por el que ha recibido diversos premios en festivales del género. En teatro ha llevado a cabo su propia versión de La gaviota de Chéjov, que estrenó en abril de este mismo año. Además, ha colaborado con artículos para publicaciones como El País, Vanidad, Neo2 o Vanity Fair.

 

Historia de amor sin título. Rubén Ochandiano. Editorial Suma de Letras, 2012. 250 páginas.  16,50 €

 

Historia de amor sin título es un violento flujo de sentimientos y sensaciones que se entrecruzan, entre personas diferentes, entre mundos que parecen no compartir nada, pero que en realidad guardan gran similitud. Es un viaje al fondo de la mente, del corazón, a esos momentos que con el tiempo van cuajando una vida. Es esa familia desubicada, triste, conflictiva, dañada, que marca la debilidad o la valentía de las personas. Es un joven que no sabe vivir o sobrevivir más que por amor, y una chica que huye de identidades que puedan reflejarla. Es una balada pop, una carta de amor al cine y una confesión desgarrada, lo que podría ser quizás el único camino de redención.

Berta recibe el encargo de hacer un reportaje sobre la historia de Mario Ruiz,  un chico especial que como un animal con un ala rota, sufre de un trastorno que le ha llevado a ser caso excepcional dentro del psiquiátrico donde le tratan. Sin habérsele explicado con claridad las circunstancias ni las razones que hacen que lo sea, y a través del relato de Mario y de todo su entorno, Berta tendrá que descubrir cuáles son los secretos que oculta la familia del enfermo, qué es lo que de verdad se esconde detrás de la historia de amor vivida por él, y qué sucedió con Louis Garrel, objeto de deseo y amor por parte de Mario. Berta, como buena profesional, deberá olvidarse de los prejuicios y miedos que le produce esta historia para, así, conseguir enfrentarse a la suya propia. Una historia sobre la herencia genealógica, que no genética, y la familia.

 

Entrevista:

 

P.- ¿En qué momento surgió la posibilidad de hacer este viaje intimista y desgarrado no solo al fondo de la mente, sino también del corazón?

Este viaje empezó siendo un guión para rodar una película, que intenté levantar sentándome con casi todos los productores de este país. Pero decían que les daba miedo, que aunque les gustaba parecía un guión complicado. Justo estaba empezando la crisis y existía ese hambre por hacer películas más fáciles. Así que lo guardé, y justo cuando estrené La gaviota en el Lara, me llegó la propuesta de los editores de Suma para incorporarme a su colección Suma Conspicua. Como yo tenía una espina clavada por no haber podido compartir mi historia, les planteé que me dejaran escribir a modo de novela ese guión. Y este es el resultado, revisado, con personajes nuevos y con un toque de humor que hace más atractiva la novela.

 

P.- El amor, la soledad, el dolor, el miedo son temas que abordas desde dentro, con rabia y lucidez, como si tú mismo lo hubieses vivido. ¿Cuánto hay aquí de vivencias personales?

Pues mucho, mucho. Hay mucha ficción, pero también hay mucho de vivencias personales. No hay nada de quien soy hoy, pero hay mucho de lo que sí fui.

 

P.- Berta frente a Mario. Podríamos buscar la similitud del lector frente al protagonista. ¿Todos en algún momento podemos ser Berta?

Yo creo que todos en algún momento podemos pecar de detestar en el otro lo que no queremos ver de nosotros mismos. Esto es una lección de terapia del año uno: lo que no te gusta del otro es lo que no te gusta de ti; tú solo ves en el otro de bueno o de malo cosas que identificas o conoces.

 

P.- La locura y los diferentes caminos por los que se puede alcanzar están también en tu novela. Pero hay algo más, consigues transmitir el miedo a llegar hasta ahí, hasta ese punto sin retorno. Y lo haces desgarrando el corazón del protagonista.

La literatura además de humedecer el alma y estimular la cabeza, está bien que obligue a pasar por zonas desgarradoras o excitantes que te hagan vivir. Así que si provoco eso en el lector me parece estupendo. Por otro lado, el miedo a perder la cabeza (el control o que la situación te supere) es algo atávico que en algún momento nos ha pasado a todos. En situaciones como esa cada uno actúa de una manera, yo por mi parte, voy a terapia, todos los miércoles. Soy una persona muy miedosa, y el miedo me acompaña así que trata de escucharle cada vez menos.

 

P.- Vamos conociendo la vida de Mario desde su adolescencia hasta la actualidad de un psiquiátrico donde intentan recuperarle. ¿Somos nuestro pasado como esa línea de puntos indelebles que marca nuestro presente? ¿Se puede superar?

Hay una frase que ahora mismo no recuerdo de quien es, pero que es fabulosa y que dice que somos lo que hacemos o lo que han hecho de nosotros. Creo que sí, que puedes escapar o curarte de tu pasado, de todo aquello que arrastres.

 

Rubén Ochandiano. Foto © Rubén Vega

P.- La historia de amor entre Mario y Louis es tan buena que parece pueda rescatar a Mario de esa línea fronteriza cercana a la sinrazón. ¿Es posible que exista un amor así?

Yo creo que en esta vida solo te salva el amor. No sé si así como dices, pero el amor. De hecho a mí lo que me ha salvado ha sido encontrar amor, el grupo de pertenencia, a quien amas, a quienes aman, y que te aman de verdad. Un niño que crece sin amor, sin suelo, sintiendo que el mundo es peligroso, termina siendo un adulto enfermo; alguien que solo se cura cuando encuentra el amor. Y ese compartir es un camino de ida y vuelta: es importante amar, pero también que te amen, como medio para que tú mismo también puedas llegar a quererte.

 

P.- La familia como tema universal. Me viene a la cabeza eso que siempre se ha dicho que es algo que no elegimos y muchas veces es cuestión de suerte, ¿sería este el caso?

Yo creo que la familia se elige, que lo importante es construir tu familia. Y con la que te ha tocado, aprender a sentir gratitud y amor, aunque antes tengas que poner a cada uno en su sitio. Construir tu familia, tu grupo, es básico.

 

P.- Personajes que producen empatía: entiendes el rechazo de Berta, y también la atracción de Mario. Has conseguido hacer cercanos a ambos y nos pones en un dilema como lectores.

Me alegro. Para mi era importante que no hubiese juicio, que no hubiese buenos ni malos. Me asusté mucho cuando terminé el primer borrador, pues estaba muy posicionado, así que tuve que revisarlo. Tiene que quedar claro que normalmente uno no quiere estrellar el coche, pero a veces sin buscarlo puede ocurrir. Cada uno hace lo que puede por Mario, pero quizás deberían haber hecho más, esa es la cuestión.

 

P.- Los saltos en el tiempo están justificados por la sinrazón del protagonista. Sin embargo están bien medidos y no chirrían en la evolución de la trama.

Este es un trabajo con mucha carpintería, pero con bastante menos que la que he necesitado para otros textos. Otras veces soy más consciente de la mirada externa, pero es que en este caso he hecho realmente lo que me ha pedido el cuerpo.

P.- De la televisión al cine, al teatro, y luego a la dirección. Y ahora a la literatura. ¿Cómo ha sido ese camino?

Yo he vivido este camino como una evolución totalmente natural. Probablemente mis planes hubiesen sido otros, pero he ido haciendo lo que me ha ido pasando. Me gusta y necesito contar historias. Ponerse en contacto con lo creativo y la relevancia del arte en el ser humano es algo que defiendo con más vehemencia incluso que el amor.

 

P.- Te mueves con soltura en la escritura como si lo hubieses hecho toda la vida. Se notan tus influencias del teatro y el guión. ¿Seguirás esta línea o este ha sido un experimento puntual?

Es que lo he hecho toda la vida, he escrito desde siempre. No me planteo esa cuestión, lo que me sale escribir de modo natural tiene más que ver con el cine o el teatro. No sé que va a pasar cuando me ponga a levantar la carpintería del libro siguiente, pero sí tengo claro que va a haber un trabajo siguiente. Contar historias es algo arriesgado, así debe ser.

 

P.- Referencias muchos autores en el libro. ¿Son ellos los que más han influido en tu escritura? ¿O son los que más han influido en tu vida?

Hay libros marca vidas, eso es así. Y en la escritura me encantaría algún día escribir como alguno de esos autores. Yo creo que soy bastante poroso a los estímulos, y seguro que esos autores también han influido en mi vida.

 

P.- Si finalmente tuvieras que ponerle un título a esta historia de amor, ¿cuál sería?

No lo había pensado, no imaginé que el título del libro pudiese provocar alguna pregunta. No tiene título. Si tuviese título seguramente sería otra cosa.

 

P.- ¿Nuevos proyectos?

Estoy lleno de entusiasmo pues estoy con el proyecto más ilusionante de mi vida: el treinta de noviembre empiezo a ensayar una producción del Teatro Español para el Matadero; voy a dirigir una versión de Antígona, pero no la versión de Sófocles, sino una nueva sobre la versión de Jean Anouilh. Este autor hizo una traslación que ubicaba la historia en el periodo de ocupación alemana sobre París. Y sobre esta, hemos hecho otra versión que me tiene verdaderamente entusiasmado. Estrenaremos el seis de febrero en la sala grande del Matadero.

 

P.- Si tuvieras que recomendar un libro a los que hayan disfrutado de tu novela, ¿cuál sería?

Uno que leí hace un par de años. Se titula En el dique seco, de Augusten Burroughs, un libro realmente maravilloso. O también Amor perdurable, de Ian McEwan.

 

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