Isabel Cienfuegos: «Cada historia viene con su propia voz»

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Por Care Santos.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAIsabel Cienfuegos (Madrid, 1954) terminó el año 2012 publicando un sorprendente libro de relatos, Mañana los amores serán rocas, que ha servido a la editorial Cuadernos del Vigía para inaugurar su colección Inicia, dedicada a los autores noveles. Se trata de una colección heterogénea, formada por relatos de extensiones muy diversas, que van del cuento largo al microrrelato, y que tienen en común el gusto por la voz del yo, la sugerencia de tramas que se desarrollan poco o nada y los sólidos personajes. El debut de Isabel Cienfuegos es sin duda uno de los regalos que nos dejó el año pasado.

—En el primer cuento de su libro “Ratas” el lector tiene la impresión de llegar a conclusiones que nadie le ha dicho, como si los silencios fueran más importantes que las palabras. ¿Obedece eso a su concepción del cuento?

—El cuento es una forma breve, a veces incluso muy breve, que se tiene que apoyar sobre una selección muy exacta de lo que se narra. A mi modo de ver, para que sea eficaz esta selección hay que elegir el material por su capacidad expresiva. Y este material expresa lo que se dice,  pero también lo no dicho. Y en algunos casos lo no dicho es mucho,  permite contar más con menos. Y no pocas veces aporta la información más relevante. Como ocurre también en la vida.

—Da la impresión de que apela a un lector participativo, que va mucho más allá de la historia que lee. ¿Se atrevería a trazar el retrato robot de su lector ideal?

—Sí, creo que me gusta un lector participativo, que tenga la posibilidad de contribuir a la  construcción del relato, que aporte lo que «sabe sin saber» al ir leyendo, de manera que lo escrito se expanda. Creo que así lo disfrutará más, que será más suyo.  Y mejor si participa en otros juegos que puede haber detrás del texto, porque el placer será mayor. Pero que sea sin esfuerzo, que la historia le lleve suavemente hasta donde quiera llegar.

—Abundan en su libro las primeras personas, muy bien caracterizadas por cierto. ¿Prefiere la voz del yo a otras?

—De entrada no tengo especial preferencia en cuanto al narrador o al punto de vista. Quizá de una forma ingenua, pienso que cada historia viene con su propia voz. Y se cuenta a sí misma desde un punto de vista y un narrador preciso. En Mañana los amores serán rocas, los relatos hablan del amor y de las trasformaciones, y la primera persona cuenta muy bien, no tanto lo que piensa el que habla, sino lo que él mismo no ve, lo que está por pasarle y todavía no es capaz de adivinar ni comprender porque está inmerso en el proceso de trasformación. Probablemente esto explica que muchos cuentos estén en primera persona, aunque no todos.

—Ha tomado parte en los talleres literarios de Clara Obligado. ¿Hasta qué punto es este primer libro suyo deudor de esa experiencia?

—Yo escribía desde muy joven, pero me sentía incapaz de progresar. Hace ya algunos años, oí hablar de Clara, y le pedí una entrevista. Quería ser admitida en su taller, que me enseñase técnica literaria. Pero algo ocurrió cuando empezamos a hablar. Me encontré confesando miedos a lo irreal, razones para haber hecho una carrera de ciencias, cosas inconexas y que no parecían venir a cuento. Clara entonces me miró y dijo con toda calma: «Pero…lo real son los textos». Estas palabras tuvieron el efecto de un conjuro. A partir de ahí pude empezar a trabajar de una manera fluida, así que  me quedé en el taller para recibir de ella este tipo de enseñanza que llamaré socrático­-chamánica, cuya principal virtud es ayudarte a encontrar lo que quieres hacer y como hacerlo, a prestar atención a tu voz. Creo que tuve mucha suerte. Clara es una persona muy especial.

Además, el taller me ha servido de punto de encuentro con otros escritores, y para compartir este vicio y este placer que es la literatura, por otro lado tan solitario. De todo ello se ha nutrido el libro, desde luego.

 —¿Hay más cuentos en el cajón?

—Sí, hay más cuentos. Un montón de ellos en el cajón. Y también otros en marcha.

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