El cigarrillo de Rick

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Por VÍCTOR F. CORREAS. Seguramente lo recuerden. A Rick Blaine. Ese perdedor huraño y solitario que Humphrey Bogart bordó en ‘Casablanca’.

Muchos –y no hace falta que levanten la mano- han soñado con ser él en algún momento de sus vidas. Nada menos. ¿Lo recuerdan? Gesto serio y voz grave, traje blanco, impecable, y pajarita negra al cuello. ¡Ah! Y sombrero fedora y gabardina beige para completar el atuendo. ¿Falta algo? Sí, un cigarrillo entre sus dedos.

Y que conste que no soy fumador, y también detesto profundamente el tabaco. Sin embargo, reconozco que me pueden esos personajes; fumadores empedernidos atados a un cigarrillo que resulta ser una extensión de su personalidad. Por sí mismos llenan fotogramas, series y páginas de novelas. Auténticos perdedores que en el último momento se reconcilian con la vida y su misma existencia, sin saber por qué, con tal de agradar al ser que aman con locura –y al que nunca se lo confesarán-. Más de uno preguntará mientras lee estas líneas de dónde viene esa fijación mía por un personaje que fuma cuando no sé lo que se siente al llevarse uno a la boca. Me perdonarán, pero tampoco me he pimplado un trago de Macallan y de cuando en cuando lo saco a pasear por las líneas de algunas novelas o escritos. Cuestión de distinción, sin más.

Por eso mis personajes fuman. No todos, pero sí los más importantes, ya sean hombre o mujer. Ese cigarrillo. En cualquier momento. Esclavos de una sustancia que los vuelve diferentes y auténticos; que los revelan como lo que son, la base de una historia que se sustenta sobre ellos –y ellos lo saben-, y que está a la espera de que, tras la primera calada, se sirvan a interpretarla como sólo son capaces seres así, tan particulares. Y tras la primera calada, cigarrillo al suelo; deshaciéndose de un extraño que ha servido para sus fines y al que saben que podrían extraer más juego, pero no lo desean. Así de caprichosos.

Recientemente volví a ver ‘Casablanca’ para reencontrarme con Rick. Aparte de prometerle más visitas de cara a futuros proyectos, me fijé en cómo se llevaba el cigarrillo a la boca, cómo le extraía poco a poco su exigua vida. Y pensé en uno de los personajes de mi novela. Que, aunque sea mujer, mataría porque se pareciera a él. A ese Rick Blaine. Un tipo que fumaba. Y bien, además.

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