Llucia Ramis: la realidad inenarrable

Llucia Ramis1Echar mano de su memoria y novelar la historia de su familia sin admitir que lo hace. En esto consiste la estupenda última novela de Llucia Ramis, Todo lo que una tarde murió con las bicicletas, publicada en catalán hace unos pocos meses (Columna, 2013) y ahora aparecida en castellano en la editorial Libros del Asteroide y en traducción de la propia autora. José Carlos Llop afirma en el prólogo de este libro que la autora es la escritora que Cataluña está esperando desde que murió Montserrat Roig. En esta entrevista, Llucia Ramis contesta a esta y otras preguntas, a la vez que sitúa los límites de la verdad y la ficción y traza una lúcida descripción del papel de la ficción y los ingredientes con que se construye.

Entrevista de Care Santos.

—Nada más comenzar a leer su novela tropezamos con una sorprendente advertencia: «Esto no es una autobiografía». ¿Cómo sería esta misma historia en caso de que sí hubiera sido una autobiografía?

—Pues seguramente igual, pero con los nombres reales de los personajes y la compañía minera. Quería evitar que éste fuera un libro de cotilleos en el que los conocidos de mi familia estuvieran más pendientes de las inexactitudes que de la historia en sí. Mi abuela belga está preocupada por el «qué dirán» porque considera que la saco fea. Sin embargo, a mí me interesaba acentuar algunos de sus rasgos para convertirla en personaje. Las personas son demasiado complejas y el retrato que uno haga sólo es una manera de mirarlas y reflejarlas. El libro no es una autobiografía porque, como la pipa de Magritte, es una representación; ésa que comporta cualquier forma de memoria y narración. Escribir es una esquematización, un cúmulo de argumentos que intentan explicar la realidad, de hecho inenarrable.

—El titulo es fiel a unos versos del poeta Pere Gimferrer. ¿Podría explicar qué significado tienen para usted este verso y el poeta que lo escribió?

—El verso pertenece al poema Sistemas, en el que Gimferrer compara la poesía con un sistema de espejos giratorios. La familia también lo es: los unos nos vemos reflejados en los otros, y es ahí donde nos reconocemos. Todo lo que una tarde murió con las bicicletas evoca esa imagen del estío infinito que se quedó aparcado con la infancia. Para los que veraneamos desde pequeños siempre en el mismo sitio, es como si esos veranos también fueran siempre el mismo, por muchos años que pasen. La narradora necesita regresar allí porque así puede buscar una inocencia que tal vez nunca tuvo. Como no tiene adónde ir y la casa de sus padres (a la que vuelve por necesidad), le resulta demasiado pequeña, se siente reconfortada por poder refugiarse en Portocolom. Ese paisaje, ese puerto en el que ha veraneado toda la vida, también está en peligro, y entonces no habrá un lugar y un recuerdo al que poder regresar. Ocurre lo mismo con la gran casa familiar, que algún día se vendrá abajo. Entonces sólo le quedará la nostalgia. Los genios logran condensar en un verso aquello que, los que no lo somos, necesitamos un libro entero para contarlo.

llucia Ramis2—Esta novela se parece poco a sus dos anteriores, Egosurfing y Coses que et passen a Barcelona quan tens 30 anys. ¿Sentía necesidad de hacer un cierto balance personal, de mirar atrás y plantearse cuestiones metafísicas? ¿Hay alguna otra razón para esa nueva voz?

—En las novelas anteriores quise ironizar sobre el exceso de frivolidad a través de la frivolidad misma. Contaba las experiencias de mis amigos, treintañeros un poco inmaduros y prematuramente angustiados, desde un punto de vista cínico y más ligero. No se tomaban los problemas demasiado en serio, pero intuían que algo estaba a punto de ocurrir, aunque no acababan de creérselo. La crisis no nos pilló desprevenidos, ya nos habíamos acostumbrado a la precariedad. El problema es que ahora tenemos la impresión de que se nos ha acabado el tiempo. Esta vez me he enfrentado a mi herencia sentimental y he suavizado esa ironía con la que me protegía; intento ser honesta conmigo misma. ¿La razón? Bueno, tal vez lo hice porque, igual que la narradora, me vi con 35 años, sin hijos, ni casa ni trabajo, sin futuro, y pensé que lo mejor que podía hacer era fijarme en todo lo que sí tenía. Saber de dónde vengo no me dirá adónde voy, pero al menos puedo hacerme una idea de por qué me encuentro en esta situación.

—En el prólogo a esta edición, José Carlos Llop afirma que usted es «la escritora que en Catalunya llevan buscando desde que murió Montserrat Roig». ¿Algo que alegar?

Josep Pla le preguntó a Montserrat Roig por qué escribía, teniendo unas piernas tan bonitas. Sería soberbio comparar mis piernas con las suyas, y lo sería mucho más compararme con ella como escritora, ¡no digamos si encima se supone que encarno a esa autora que Catalunya lleva buscando desde que murió! Me tomo la afirmación de Llop como un halago, pero me pone en un compromiso.

—Siguiendo con el prólogo: al material literario que proporciona la propia vida unos le llaman “autoficción” y otros “novela”. ¿Cómo lo llama usted? ¿Dónde cree que están los límites entre una y otra?

—Desde el momento que narramos, ya sea oralmente o por escrito, estamos recreando la realidad, por lo tanto, la alteramos, la convertimos en ficción. Suele decirse que la ficción no debería consistir en falsear la realidad, sino en construir un argumento para explicarla. En este sentido, creo que la mayoría de los que escribimos sobre nosotros mismos o la gente que nos rodea somos unos farsantes, porque inventamos buena parte de lo que presentamos como verdadero. Vila-Matas, Bolaño, Houellebecq, por poner los primeros ejemplos que me vienen a la cabeza; o el fingimento de Pessoa. ¿Qué es Verano, de Coetzee? El autor se describe a sí mismo, no tanto a través de lo que otros personajes opinan sobre él, como de la descripción que hace de esos personajes que le describen. ¿No es la propia memoria un ejercicio para justificarnos a nosotros mismos según la teoría que nos montemos en cada momento con ese fin? La memoria corrige más que recuerda, y la imaginación rellena los huecos. El nombre que le pongamos a eso es lo de menos.

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3 respuestas a Llucia Ramis: la realidad inenarrable

  1. Es un ente que no tendría que estar en este mundo ya que hace críticas a cosas que no ha profundizado en sus bases. Además, se las dá de animadora sociocultural. O sea, que hace intrusismo laboral y encima critica lo que hace ella misma.

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    7 mayo 2014 at 15:38 pm

  2. Gilipollas

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    7 mayo 2014 at 15:39 pm

  3. No llegará jamás a la altura de la suela de los zapatos de Montserrat Roig (E.P.D.)

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    7 mayo 2014 at 15:40 pm

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