About the pink sky (2011) de Keiichi Kobayashi

 

Por Miguel Ángel Martín Maestro

 

Vaya por delante que no soy objetivo cuando de cultura japonesa se trata, que por razones meramente subjetivas me atrae lo que culturalmente procede de las islas del imperio del sol naciente, y que por eso, cualquier estreno mínimamente razonable de cine japonés procuro verlo, porque casi siempre obtengo más satisfacciones que desencuentros, y si encima coincide que esta película gana el festival de Gijón las reticencias se difuminan, hecho al que se une que la única copia que circula por España ha sido estrenada en versión original. Y sin embargo, salvando el inicio de la película, y el final, las casi dos horas de película se hacen insustanciales, vacuas y carentes de interés, las tres protagonistas femeninas provocan cotas de irritación por su forma de ser que uno no recordaba desde series tipo Melrose Place y similares, y esa fotografía en blanco y negro, artificial, sobreexpuesta a la luz, provocando desenfoques y un cierto toque sobrenatural, provocan todo menos que uno consiga sentirse atraído o mínimamente enganchado con la historia.

about the pink sky

About the pink sky (2011) de Keiichi Kobayashi

 

Uno llega a la conclusión de que estamos ante un corto innecesaria y artificialmente alargado, una anécdota inicial, el encuentro de una cartera perdida con 300.000 yenes en su interior, las dudas, escasamente morales, sobre devolver o no la cartera, la entrada en el juego de dos amigas de la protagonista, el cansino juego dialéctico de escaso nivel entre ellas, el previsible enamoramiento platónico de alguna de ellas ante la foto del propietario, otro joven “pollo pera” tokyota, el pacto entre todos ellos por el que la protagonista no tendrá que devolver el dinero que ha prestado a una persona en apuros si ayuda a Sato (el dueño de la cartera) a hacer un periódico en el que sólo aparezcan buenas noticias para ayudar a levantar el ánimo de un amigo que está hospitalizado, aunque Sato dirá que es su novia, el descubrimiento de la verdad y el final con cielo rosa no son suficiente argumento para dotar de interés a una historia de adolescentes sobreactuadas, gritonas y caprichosas, irreflexivas e inmaduras en exceso, y pese a las pinceladas del mundo de los adultos, que hubieran permitido un mayor interés en la historia como las referencias a la corrupción, a la prostitución física o verbal de las jóvenes estudiantes japonesas, a la homofobia de la sociedad japonesa, se quedan en eso, en esbozos que las jóvenes ni critican ni valoran, de manera que uno llega a la conclusión de que cuando sean adultos no tendrán inconveniente en comportarse como esos adultos que les rodean aunque no los veamos, como si el director hubiera decidido poner en imágenes una historia tipo “Superpop”.

Que la fotografía sea en blanco y negro parece un acto “snob”, igual que si hubiera decidido  rodar en 3D, en fondo rosa o con las caras borradas, no aporta nada ni significa nada, el blanco y negro ni es más pesimista ni menos realista que el color, lo onírico no está reñido con el color, ni creo que los sueños sean siempre en blanco y negro, al menos no los míos, y tampoco parece que el resultado estético sea apreciable pues termina molestando más que integrándote en la historia, aunque menos que el tono de voz de las protagonistas, entre cuyas aficiones se encuentra la de sobrepasar el nivel de decibelios recomendado delante de un detector de ruido, y si tan irritante es ese comportamiento en dos escenas eso no significa que en el resto de la proyección moderen su tono, y, al final, tanto inconveniente termina lastrando la película, hundiéndola más y más hacia la atonía y el deseo que concluya la proyección, máxime cuando uno está solo en la sala de cine pensando en la cantidad de cine pendiente de todas las épocas que podría estar disfrutando sin parecer que está ascendiendo el Alpe d´Huez en los años del doping (¿han terminado?) con sus solas fuerzas. Que esta película ganara el festival de Gijón de 2012 no se si refleja el nivel del resto de las películas o que la desaparición forzada de su anterior director ha empezado a generar los frutos deseados por quienes sin saber de cultura meten sus sucias manos sobre Mozart.

 

 

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