Paraíso: Fe (2012) de Ulrich Seidl

 

Por Miguel Martín Maestro

 

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Paraíso: fe (2012)

 

¿Quién dijo que segundas partes no eran buenas?, es más, pueden ser hasta mejores. El proyecto de Ulrich Siedl sigue adelante, y lo mejor de todo, la distribuidora y los exhibidores respetan lo anunciado, estrenar en tres fines de semana consecutivos las tres películas del Paraíso infernal en el que se ha transformado la vida capitalista, con todas sus variantes, eufemismos y contradicciones. Si el proyecto inicial del director se hubiera llevado a cabo, una sola película, tres historias y un complejo mundo expresado en pantalla es probable que se hablara de algo tan grande como Misterios de Lisboa, por poner un ejemplo de un fresco sobre una sociedad y un mundo. La presentación de la historia en tres películas distintas puede provocar ruptura del discurso, decaimientos de una historia en beneficio de otra, o lo que es inevitable, la comparación entre películas que responden a un único proyecto inicial; que, seguramente, para evitar quedar recluido a festivales y centros de cultura contemporánea, ha optado por un formato temporalmente digerible para el espectador.

A María ya la conocemos, aparece brevemente en Paraiso Amor, es hermana de Teresa, y en esa escena ya apuntaba parte de su forma de ser, enfrentadas las casas de ambas hermanas se destila la diferencia de clase social, pero en el desorden y caos de Teresa había humanidad, mientras que la frialdad de María se refleja no sólo en su persona, sino en todo lo que la rodea. La Fe de esta película es la malsana, la excluyente, la evangelizadora, la pesada, la que rechaza al distinto y sufre por los pecados de todos los que no creemos en ella, ni mucho ni poco. Por razones que no se nos muestran, María lleva dos años viviendo sola y entregada a Jesús, más como pasión enfermiza que como creencia real, la casa es un santuario, cruces, estampas, recipientes de agua bendita, fotos de Ratzinger…. todo líneas rectas, espacios rectangulares, luces a través de ventanas, planos de espaldas mirando ventanas, como si el exterior fuera peligroso, como una iglesia en casa, hasta que subes a la planta superior, donde está el dormitorio y aquello se transforma en una celda de un monasterio, iluminación escasa, y el omnipresente Jesús, el novio de la enferma María, la que dedica sus vacaciones de verano a evangelizar infieles, con resultados entre patéticos y de vergüenza ajena, donde lo mejor que le puede pasar es que no le dejen pasar dentro de las viviendas, escogiendo barrios humildes donde cree poder encontrar mejor caldo de cultivo a la superchería y al lenguaje eclesial barato y vacío, y allí tendrá que predicar a familias que no entienden el alemán, o será cuestionada en su discurso retrógrado por otros creyentes católicos menos dogmáticos, rezar delante de un anciano en calzoncillos que no puede arrodillarse por problemas de salud o ser agredida cuando se pone en plan liga antialcohólica con una joven prostituta que le espeta “en la antigua Unión Soviética era una persona, en Austria sólo sirvo para recoger vuestra mierda, y tenéis mucha”.

 

Paraíso: Fe (2012) de Ulrich Seidl

Paraíso: Fe (2012) de Ulrich Seidl

 

La plácida vida contemplativa, marcada por episodios de autoviolencia con cilicios, látigos, paseos de rodillas hasta que éstas sangran, como un martirio de un proyecto medio de virgen medio de santa, se ve trastocada con el regreso del marido, ausente desde hace dos años, parapléjico, extranjero y musulmán. Al igual que en Amor, Seidl huye del victimismo y de la confrontación entre un personaje bueno y otro malo, ambos terminan siendo repulsivos y a la par patéticos en su debilidad, el hecho de presentarse de repente, y discapacitado. otorga una primera sensación de dependencia y de simpatía que rápidamente Seidl se encarga de desmitificar, sentado en una silla de ruedas puede ser tan hijo de puta como plenamente capacitado físicamente, intuímos un pasado de alcoholismo, violencia doméstica, machismo mezclado con religión, y este pasado vuelve poco a poco, desarrollándose una guerra de religiones en el interior del domicilio que reinventa una guerra de los Rose modernizada y mucho más cruel, sin espacio para la ironía ni el humor, porque cada acercamiento entre la pareja termina con un nuevo episodio de rechazo, de incomprensión, de violencia. A María le basta Jesús para sentirse sexualmente satisfecha, no necesita hombres porque ha buscado el sustituto, por eso la presencia de Nabil perturba y disturba su espacio cerrado y planificado, una vida falsa donde un clavo ha sacado a otro clavo, porque si a la Teresa de Amor era la búsqueda de cariño la que le llevaba a confundir amor con sexo, a esta María lo que la confunde es el éxtasis sexual que siente ante Jesús, conseguido de cualquier manera, confundiendo la religión con el amor y con el amor sexual, por eso, cuando se siente abandonada y desprotegida por el sustituto masculino que se ha buscado, su primera reacción será el abandono, lo que demuestra que no era una fervorosa creyente sino una amante que se considera despechada. Que ambas protagonistas terminen llorando no deja de ser el reflejo de su insatisfacción, la personal, la sexual, la afectiva, la religiosa. Esa religiosidad de María queda en entredicho cuando no muestra piedad alguna, ni por un gato ni por su marido, cumple las obligaciones sin sentimiento, como un deber y un sacrificio, en el fondo de manera deshumanizada. No deja de ser curioso que esta ultracatólica no pise una iglesia durante toda la película, y sea su casa la que se convierte, semanalmente, en lugar de reunión de un grupo de iluminati, se ha construido una religión a su gusto y medida, con corsés tan estrechos que le impiden separarse del contrapunto marital, otro que según comprueba la transformación religiosa de la mujer irá radicalizando su discurso musulmán, y es que en el fondo Nabil no anda desencaminado, sospecha que María se está acostando con otro, lo que no sabe es con quién.

Sin duda una de las mejores películas de la temporada, ya se vea sola o se siga la trilogía, este Paraíso Fe debería encontrarse en las referencias cinéfilas de final de año. Una recomendación, tras ver esta película tómense la molestia de ver alguno de los cuadros del pintor Vilhelm Hammershoi, sus mujeres solitarias, sus estancias semivacías, sus ventanas, su luz y no me negarán que las composiciones recuerdan a este extraordinario pintor danés, hasta sus cuadros de mujeres y personajes de espaldas se repiten una y otra vez en la película, no es raro, María debe aparecer de espaldas, no sólo porque se pase oficiando para sí la mitad de la película, sino porque su vida, o su proyección externa de esa vida, está permanentemente de espaldas a la realidad. Disfruten como yo lo he hecho de esta visión del inframundo llamada Paraíso, segunda parte.

 

 

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Una respuesta a Paraíso: Fe (2012) de Ulrich Seidl

  1. Otra basura más en el arte para insultar a la religión católica. Ulrich Seidl, el genio provocador autor de joyas como Import-Export no ha tenido lo que hay que tener para atreverse a meterse con el Islam cundo lo tenía a huevo: solo un poquito cuando el marido musulmán grita que todas las mujeres en Austria son unas putas, que es lo que verdaderamente piensan los musulmanes de la mujer europea.

    La escena cumbre de la pretendida provocación que no escandalizará a nadie por repetitiva es la masturbación con el crucifijo (Seidl el provocador copiando a Madonna, qué triste).

    Mal guión, tirando a aburrida, cómoda para el autor y poco novedosa en el tema elegido repetido hasta la náusea (¿alguien se cree que los cristianos son así?) no le llega a la suela de los zapatos a Paraíso Amor, ni a Canícula – Días perros protagonizada por la magnífica actriz Maria Hofstätter haciendo de deficiente.

    ¿Por qué no elegir a los evangelistas por ejemplo? Ese hubiera sido un guión más actual y original. ¿Por qué repetir el tema de la inmigración con la rusita bella que ya aparece en otro personaje de Import-Export?
    ¿Se está quedadno sin ideas el antiguo documentarista?

    Marcelo
    1 septiembre 2013 at 3:17 am

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