Suede en Barcelona, 5 de noviembre, Razzmatazz

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Suede1.

 

Por Elisenda Hernández Janés / Fotos: Xavi Torrent.

Los que tuvimos la oportunidad de verles este verano en el festival Cruïlla ya sospechábamos lo que nos esperaba: capitaneados por esa infatigable fuente de carisma y energía que es Brett Anderson (el guitarrista y coautor de los primeros temas del grupo, Bernard Butler, no se apuntó al reencuentro), intercalando temas nuevos con éxitos del pasado, Suede iban a dar otro conciertazo. Y eso fue exactamente lo que nos ofrecieron el martes 5 de noviembre en la sala Razzmatazz: un directo arrollador que nos hizo bailar, cantar a voz en grito y redescubrir una vez más el gran grupo que fueron y siguen siendo más de 20 años después de su fundación.

A pesar de que empezaron con una balada (Still Life) y con temas de su último disco (Barriers, Snowblinds y It Starts and ends with you), la euforia se palpa en el ambiente desde los primeros acordes. Como no podía ser de otra manera, sin embargo, el subidón máximo llega con el reguero de temas míticos con el que atacan luego (Filmstar, Trash, Animal Nitrate, We are the pigs). El público ya maduro (la media de edad, acorde a los tiempos del grupo, no bajaba de la treintena) se entrega con la pasión del fan consagrado. Anderson se alimenta de dicha pasión y se agiganta en el escenario: correteando de un lado al otro, brincando como un poseso y dándolo todo sin que su característica voz cargada de intensidad y dramatismo se quiebre ni un segundo. Ya tendría mérito encontrarse con un frontmant veinteañero con semejante magnetismo pero, ¡estamos hablando de un tipo que debe rondar avanzada la cuarentena! (acudo a la wikipedia en busca de confirmación y efectivamente: tiene 46 años). Tremendo. Pero el concierto sigue, con otros canciones nuevas (Sometimes I Feel I’ll Float Away y Sabotage)  y con ¡temazo al canto!, The Drowners, el que fue su primer single allá por esos tiempos en los que la ciudad condal se preparaba para las Olimpiadas.

Suede2.

Pero esta vez los de Londres no quisieron tirar solo de Greatest Hits y nos reservaron también alguna inesperada sorpresa. Tal fue el caso de las caras B Killing of a Flashboy, My Dark Star y Heroin (no confundir con Heroine, de su Dog Man Star del 94), esta última novedad absoluta ya que nunca hasta entonces se había tocado en directo. Siguen tranquilitos con The 2 of us y For the strangers, otro tema nuevo que se hace querer y, luego, el Razzmatazz vuelve a ponerse patas arriba con So young, Metal Mickey y The beautiful ones.

La traca final vino tras los bises de la mano del himno indiscutible New Generation. Otro estribillo legendario arropado por sinuosos guitarrazos marca de la casa al que el público se aferra como lo haría con el recuerdo de un primer amor: llegaron otros, llegaron mejores, pero este caló muy hondo y se quedó para siempre.

 

 

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